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28 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Nel Collado y Fito Moreno: orgullosamente azuerenses

DOCENTE DEL CENTRO REGIONAL UNIVERSITARIO DE AZUERO (C.R.U.A). . A unque experimentábamos, desde hace algunas friolentas madrugadas no...

DOCENTE DEL CENTRO REGIONAL UNIVERSITARIO DE AZUERO (C.R.U.A).

A unque experimentábamos, desde hace algunas friolentas madrugadas novembrinas, arreciadas por desacostumbrados aguaceros, el ardor espiritual, enardecido por el ineludible compromiso de exteriorizar y compartir fraternalmente el significado substancial de dos acontecimientos lugareños recientes, crónicas de ‘campanario’, al decir del eximio ensayista Unamuno; encomiable y sonoramente consensuado uno, lamentable y dolorosamente sentido el otro, trocando la sosegada cotidianidad azuerense, debo confesar que aún ayunaba del acomodo físico—emocional para ordenar el regocijo que producía el merecido reconocimiento oficial, acicalado por el clamor popular, de uno y el pesar generalizado que concitaba el otro: Nel con nosotros; Fito, reposando en las alturas etéreas de la descansada paz cristiana.

Sin embargo, aguijoneado por la proverbial formalidad de nuestro hermano Julio Constantino que, no por habituado y cristianamente resignado al sadomasoquista ‘tranque’ vehicular capitalino, ha encastillado aquellos augustos valores aprendidos durante la alba infancia; a ‘cochos’ en la desprejuiciada ‘plaza San Pedro’ (Chitré); a ‘cristasos’ en el clerical círculo parental pésense. Julio, lacónico, pero vehemente, nos llama a escribir algunas notas sobre Nel Collado y Fito Moreno, no sólo por lo que significan para nuestra ciánica familia, sino por el servicio extraordinario que ofrecieron al desarrollo azuerense y allende sus fronteras.

De inmediato, cual centellante relámpago octubrino, pensé en el paralelismo existencial! que los aproximaba en esta estación del trajinar terrenal, cada uno en su espacio vital e interpretación de la vida. Al respecto, parodiando al ya citado ilustre vasco, ceñiremos nuestro variopinto, comentarios armándonos de una de sus múltiples paradójicas parábolas: ‘las cosas no son como son, sino como se las recuerda’.

Podemos asegurar que ambos participaron de los mismos afanes laborales, aspiraciones personales y estilo desahogado de vida, y en esa incesante búsqueda del propio yo, de realizarse en todos los órdenes, iban prohijando el consubstanciado pragmatismo azuerense: desde el hoy, más que nunca caudaloso Santa María, hasta la neblinosa cima del simbólico Canajagua.

Apasionados, extrovertidos, llanos, tenaces e inevitablemente festivos y querendones, cómplices natos, sin inhibiciones estereotipadas, ‘de nuestra óptica aldeana y resuello corto’; iracundos y obstinadamente orgullosos cuando sentían heridos sus sentimientos; jamás claudicaron de sus gustos terrenales.

Pues sí, hombres de ‘tierra adentro’, interioranos de rajamacana; sin mayúscula sus títulos académicos, con sus apodos y dimes y diretes lugareños; airados con los soberbios; humildes v comprensivos con los desposeídos, atributos personajes que se vigorizan a medida que las canas fueron reemplazando los cabellos quizás, sin proponérselo, emulando al argentino José Ingenieros cuando dice: ‘La personalidad humana es un formación continua, no una entidad fija, se organiza y se desorganiza; evoluciona e involuciona crece y se mengua, se intensifica y se agota’.

Nel y Fito, por sus logros profesionales y, particularísima forma de ser, pasaron también por los bolos triturantes del mordaz ‘trapiche’ de la chismorrería pueblerina; el emblemático ‘bochinche’, que no nos gusta, pero ¡cómo nos entretiene!, sustancioso en los pueblos chicos, socarronamente disimulado en las ciudades y, lo más interesante, del que no escapan contritos cristianos, relamidas señoronas y santurrones profesionales, regodeo antievangélico que estigmatiza ingenieros diciendo: ‘La envidia es el rubor de la mejilla sonoramente abofeteada por la gloria ajena. Es el grillete que arrastran los fracasados’.

En ese aleccionador y paradójico flujo y reflujo de las mudanzas del tiempo, emergen y fructifican dos seres que en su ardoroso afán de insertarse en la contemporaneidad, de garantizarse la cosecha que reclama el inevitable orden psico—sociológico que estratifica a la sociedad; de escapar de la frustrante anonimía terrenal, se entregan con desbordada pasión profesional, sacrificio familiar y madurada perseverancia, a la compleja, agridulce e indeclinable tarea de nortear sus destinos; huérfano de madre ‘el doctor’; de padre ‘el ingeniero’, pero protegidos por la sombra tutelar de dos ejemplares progenitores: José Isabel Collado R., Nel; Carolina Cedeño, oriunda de La Loma de Guararé, Fito.

Conocemos los sin sabores de la orfandad porque nuestra nonagenaria madre experimentó su agónica secuela. Nel y Fito, como todo lo humano, ora perfectible, ora imperfectible, logran elevarse, cual águilas, sobre las estancadas ciencias donde perennizan, sin arraigo raizal ni savia vigorosa, las plantas que por pusilánime desaliento se niegan a florecer, perviviendo agónicas en una lucha suicida, medrosas de agitar la calma cenagosa que las esteriliza.

Nel y Fito, en cambio, consumieron con deliberada y espontánea voracidad el maravilloso y mesiánico ‘arte del vivir’, cargando con sentida modestia sus logros y éxitos y también llevando dignamente sobre sus hombros y conciencia el peso oneroso de sus equívocos personales, que sabíamos les hacía sufrir y verter lágrimas: hacia fuera al ‘médico’, hacia adentro al ‘ingeniero’ , pero retomando fuerza y enderezando entuertos, con la proa al Norte, continuaban sus vidas, sabían, por sus condición de fervientes cristianos, que ‘Jesús no juzga a los hombre por sus pecados, sino por el más sincero arrepentimiento ’.

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