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19 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Se nos va la vida, Lucy...

FOLKLORISTA. Como un anuncio premonitorio, la faraona del tamborito nos dejó, en sus últimas producciones musicales este tema tantas ve...

FOLKLORISTA

Como un anuncio premonitorio, la faraona del tamborito nos dejó, en sus últimas producciones musicales este tema tantas veces interpretado por ella y disfrutado por ese público seguidor de sus siempre extraordinarias presentaciones, el cual le pedía su canto melodioso para cobijarse con ese sabor melancólico que acompaña esta tonada... Se nos va la vida Lucy, qué barbaridad... se acaba la vida y no volvemos a retoñar... Pero en el caso de esta insigne artista vernacular, lo cierto es que en cada cantalante hay una nueva cepa de ese amor por lo nuestro, que vio en ella el ejemplo a seguir, como en efecto, así ha sido.

Lucila Aura Jaén Córdoba, nombre correcto de esta destacada folklorista nacional, nace en enero de 1928 en Santo Domingo de Las Tablas, rodeada de todos aquellos elementos vernaculares que dejarían una profunda raíz por el amor al terruño y sus tradiciones. Desde temprana edad ejerce el canto, y entre las canciones de Rogelio ‘Gelo’ Córdoba y Claudio Castillo, acompaña con su voz a don Italo e Hilario Herrera en las fiestas de su pueblo, dando nuevos matices a las interpretaciones del violín. Ni hablar de las tonadas de carnaval de su Calle Arriba querida, pues clara su voz decía en los topones de carnaval que con ella compartimos: Yo no quiero a nadie en la plaza, solo quiero a la tuna mía...

Su inconfundible timbre de voz hizo que uno de los más destacados acordeonistas santeños la incorporara a su agrupación; así dejó con José Vergara temas inmortales como La Loma de la Saína, El caso de Compa Chelo, Así se baila en mi Tierra, Imperio Ríos, Rosarito en Pedasí, el Niño Moyito y su Caballo, Transporte Moreno, Hortensia Borrero, Pueblo Nuevo, entre otros temas que no fueron llevados al acetato, pero sí felizmente recogidos en las cintas de las emisoras regionales de radio, lo que ha permitido su conservación.

Al separarse de la agrupación de José Vergara, se integra al proyecto del profesor Bolívar De Gracia, la formación del Conjunto Folklórico Aires Tableños, en donde comparte escenario con su compañera de muchos años, la gran Claudina Barahona. Allí, juntas, conforman un dúo que trabajaría unido por muchos años en pro de la promoción y conservación del Patrimonio Cultural Panameño; legado de esta época son las grabaciones de tambores como El Caleño y Martes de Carnaval ni hablar de las interpretaciones musicales que se registraron con un joven acordeonista que recién había ganado el concurso Rogelio ‘Gelo’ Córdoba, quien se daría a conocer como Alfredo ‘Fello’ Escudero, con quien grabó Juventina De Gracia, Festival de Guararé, Festival de la Tiza, Rosa Amelia De Gracia, Pueblo Nuevo, temas que fueron ejecutados a la manera folklórica.

Hace su aporte a la docencia patrimonial, participando en el Conjunto de la Caja del Seguro Social, del que fue directora; en esa época, famosas fueron las fiestas y las tortilladas realizadas junto a su comadre Claudina en ‘Pico Sucio’; donde se reunía la crema y nata de lo folklórico, como Francisco ‘Chico Purio’ Ramírez, Italo Herrera, Benjamín ‘Miningo’ Jiménez, Paulino Sánchez, Escolástico ‘Colaco’ Cortez, Didio Borrero Espino, Alfredo Escudero, Ormelis y Colaquito Cortez, Faustino Concepción Ureña, Omar Mutis, Euclides Vergara, Efraín Gutiérrez, por mencionar a algunos de los cotidianos asistentes a estas reuniones donde se departía sanamente junto a paisanos al son de coplas, tamboritos y cumbias.

Lleva nuestros aires vernaculares en giras internacionales, enarbolando la bandera panameña a punta de tamboritos y saloma convirtiéndose, poco a p oco, en la imagen de nuestras expresiones de canto interiorano; el concurso que se hiciera con su nombre, bajo la coordinación del amigo Rigoberto Amaya, fue uno de los muchos homenajes que recibió en vida, acompañados de la Orden Belisario Porras en grado de Gran Comendador (1985) y la Orden Vasco Núñez de Balboa en grado de Caballero (2009), entre muchos otros que se le hicieran a lo largo y ancho del territorio nacional. Sus últimos trabajos discográficos, le valieron una nominación a los premios Grammy, quizás como corolario a una exitosa carrera artística sin parangón.

En los últimos años, su mayor preocupación era la conservación de lo tradicional, sus constantes comentarios en la Comisión Nacional de Folklore, de la que era parte, era que había que poner orden y cuidar lo nuestro; su temor era que, al desaparecer ella, se perdiera el tamborito, esa expresión de nuestro folklore que ella llevó siempre en su corazón, pero su legado va más allá de lo que ella misma hizo, pues sin quererlo, se convirtió en la imagen a seguir para las voces de relevo como el caso de Corinín Barahona, Ana Molina, Edicta Cortés, Diosa Castro, Dalvis Elena Cerrud, Eutimia y Tuti González, Daisy Herrera; y más jóvenes aún como Alicia Ortega, Yaneth Cerrud, Claribel González, Juani Castillero, Roxana Jaén, Emily Vega, Madeleine Pineda y tantas otras cantalantes que vieron en ella el modelo auténtico nacional a imitar... Se nos va la vida Lucy, qué barbaridad, pero mientras tu recuerdo y herencia perdure, el tambor no morirá...