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29 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los visitantes de México

La ciudad de México tiene nuevos visitantes. Callados, quietos, con una angustia existencial en el rostro, se hospedan en el antiguo Col...

La ciudad de México tiene nuevos visitantes. Callados, quietos, con una angustia existencial en el rostro, se hospedan en el antiguo Colegio de San Ildefonso, una calle detrás de la catedral Mayor, en el sector antiguo de esta capital; hermoso edificio lleno de murales y frescos de Siqueiros, Rivera y Orozco, entre otros.

Estos inquilinos silenciosos asombran con la mirada, gestos tristes o alegres, pues no aciertan a esclarecer su preocupación. Son esculturas, algunas gigantes, otras de tamaño natural o a escala, creadas por Ron Mueck, talentoso artista australiano que vive en Londres y que emplea el hiperrealismo para modelar estas efigies que se exponen hasta febrero a un par de cuadras del Zócalo.

Esta técnica de las artes visuales, iniciada en la pintura y fotografía busca, a través de la manipulación de las imágenes, retratar la realidad hasta en sus más insignificantes detalles. En la escultura, como es el caso de Ron, se intenta crear con materiales como plastilina y una expresividad, aspectos que semejen las condiciones naturales, pero a tal grado que a veces no se diferencia entre lo verdadero y artificial.

Nueve ejemplos representativos aparecen en la selección. Al entrar en las salas, un rostro adormilado sumergido en la cama, impresiona por la autenticidad. Pareciera que han cortado la cabeza de un varón y la exponen a la vista del público. Luego, una rolliza mujer doblada por el peso de un haz de leña que carga.

Un hombre desnudo sentado en un bote auténtico, que por su condición y tamaño, pareciera empequeñecer al individuo que mira con desesperanza a algún punto perdido.

La escultura tiene retos para los artistas y uno, es el acabado de la cabeza, sobre todo la expresión del rostro. En las tres primeras figuras y en el resto, se aprecia que Mueck fija un desasosiego en sus personajes, que genera una serie de conjeturas para el visitante. ¿Hay angustias, son problemas de la vida cotidiana, insatisfacción del estilo de vida, deudas, frustración un peligro inminente?

Pero también, el artista ha recogido escenas impactantes de la cotidianeidad, un pollo sostenido de una soga, sin plumas, tal como se puede encontrar en el supermercado. Asombra por la forma, los cañones de las plumas, la coloración y la sangre en su piel, brindan el dramatismo que cautiva.

Igual sucede con una enorme figura de un neonato, aún con la sangre del parto y con una expresión de que no está muy contento con su nueva situación. La gente analiza, mira, recorre y observa hasta lo más ínfimo, solo falta escucharlo llorar.

Hay una pareja que duerme sobre una lecho y ambos parecieran obreros que han pasado una ardua jornada. La palidez de su piel, rescata información sobre una posible mala dieta o el estar sumergidos en un espacio lejos de la iluminación solar.

Más allá, otras. En una mesa, un joven de ascendencia negra, un bahiano se presenta con toda su indumentaria y llama la atención por los elementos utilizados. Una enorme mujer que descansa en una cama y a la que solo se le ve el rostro y manos. En una pared, un joven bañista sobre un flotador cautiva, ya que aparenta vagar en el mar.

Mueck desconcierta con sus piezas y puede considerarse que su arte escultórico y manejo de materiales han traspasado los linderos de la reproducción tridimensional, gracias a su pasado cinematográfico y con títeres. Hoy, sus seres pueblan las salas, impresionan a la gente y generan opiniones, porque en él la imaginación no tiene límites, se ha reinventado por su ingenio y manos.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.