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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Violación de derechos humanos de ilegales?

C ada vez que regreso a Panamá me percato de cómo, a través de ilegales prácticas se desplaza la mano de obra panameña en ciertos rubros...

C ada vez que regreso a Panamá me percato de cómo, a través de ilegales prácticas se desplaza la mano de obra panameña en ciertos rubros de la economía; es de imaginarse que con la pasividad de las autoridades correspondientes. Esto se da mucho en los servicios de restaurante y entretenimiento, así como en la construcción.

Días atrás, preguntón como soy, descubrí que en un restaurante muy bien ubicado en el área bancaria hay 40 personas trabajando: 2 panameños, tres nicas y el resto colombianos. La mayoría sin permiso de trabajo, lo cual implica no pago de seguro social, ni horas extras, ni impuesto sobre la renta; mucho menos décimo tercer mes. Sabrá Dios cómo harán para reportar a las autoridades planillas como éstas, donde los trabajadores son ilegales; mecanismo bueno para lavar dinero. ¿Cómo harán ante la Caja de Seguro Social, Migración, el Ministerio de Trabajo y la Dirección de Ingresos estos ‘exitosos comerciantes extranjeros’?

La excusa que me dio el dueño —y que se repite con otros por igual— es que los panameños son vagos, irresponsables, se enferman mucho, llegan tarde cuando llueve, no son diligentes etc. Excusas y más excusas, porque lo que en el fondo está es que a los ilegales no hay que pagarles el salario mínimo, ni Seguro Social, no reclaman pago de horas extras ni décimo tercer mes, que al mismo tiempo sirven para darle movimiento al dinero sucio que no se reporta. En fin, al no ser sujetos laborales —para la ley no existen— son objeto de toda clase de vejaciones que, repito, en muchos casos bajo el cómplice silencio de las autoridades. Viven el fantasma de su ilegalidad y por eso tienen terror de que las autoridades los descubran.

El pasado año, departiendo con unos amigos en un restaurante regido por venezolanos, nos dimos cuenta que a las mesoneras —colombianas— no se les pagaba décimo y mucho menos horas extras. El dueño hasta se apropiaba de las propinas que los comensales dejaban, pidiendo la eficiente mesonera a escondidas que se las pusieran debajo de la servilleta para poder recibirla. Al saber que no podían denunciarlos por su condición de ilegales, por eso cometían esas tropelías. Denuncié el hecho al Secretario General del Ministerio de Trabajo, sin saber cuál fue la sanción impuesta al mencionado restaurante.

A mi juicio sería muy fácil darle seguimiento a estas violaciones de los derechos humanos de los ilegales que se encuentran en el país ya que los ilícitos que se cometen son varios: contra la legislación de migración, por el no pago de impuestos sobre la renta, por violaciones al Código de Trabajo pero sobretodo a los derechos humanos de todas estas personas. En el camino protegeríamos a nuestros con nacionales y a todos los comerciantes que sí cumplen con todas las de la ley.

EMBAJADOR DE PANAMÁ ANTE LA OEA