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19 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cuando Dios dispone

A medianoche del 9 de enero pasado me levanté de la cama y le dije a mi esposa Magdalena que me estaba muriendo. Dos días antes había mo...

A medianoche del 9 de enero pasado me levanté de la cama y le dije a mi esposa Magdalena que me estaba muriendo. Dos días antes había mostrado problemas de obstrucción en la uretra y se me había programado operarme en los próximos días. Sin embargo, el organismo colapsó en una septicemia que me puso al borde la de muerte. Durante cuatro días, en el hospital San Fernando, mi organismo luchó contra la muerte, mientras los médicos revelaban sus pocas esperanzas a mi familia.

Cuando le dije a mi compañera por 40 años que me estaba muriendo, eso era realmente lo que sucedía. Es un misterio de dónde sacó fortalezas para cargarme y llevarme hasta su auto, especialmente por el inconveniente de mi peso, poco más de 250 libras. Contactó a mi médico, el extraordinario urólogo Gustavo Espino, quien de inmediato se trasladó hacia la clínica mencionada. Estos factores y la disposición de nuestro Dios, hicieron la diferencia.

Estuve hospitalizado ocho días en la San Fernando y de allí me llevaron, todavía en estado de gravedad, a intensivos del hospital Santo Tomás donde estuve 20 días. Dios es maravilloso y gracias a una gran cantidad de amigos y familiares que nunca dejaron de orar y pedir por mi recuperación, más tarde pasé a una de las salas de recuperación de Urología de este mismo nosocomio. A Dios gracias, ya tengo varios días en mi hogar, donde ahora busco recuperarme del debilitamiento muscular para poder volver a caminar. En esto me ayuda un joven licenciado terapeuta.

La experiencia ha dejado sus huellas en mi persona. Dios lógicamente tiene otros planes para mí y estoy dispuesto a cumplirlos. Asumiré la responsabilidad, y adicional, dedicaré más tiempo a mi familia y amigos, sin que eso signifique que voy a abandonar lo que ha sido mi gran pasión durante 44 años, el periodismo.

Poco o casi nada recuerdo de los días que pasé en el San Fernando y tampoco en intensivos del Santo Tomás. Ya en la etapa de recuperación las cosas fueron cambiando y debo reconocer la alta tecnología y la eficiente labor de los colaboradores (médicos y enfermeras) de este gran centro hospitalario, luego de las remodelaciones que le hizo Mireya Moscoso cuando fue presidenta del país. No me equivoco al indicar que se trata de uno de los mejores del país y, bajo el mando del Dr. Elías García-Mayorga, sigue siendo baluarte en la salud del pueblo panameño.

Reitero mi agradecimiento a mi familia, a los amigos y a tantísimas personas que se preocuparon por mi salud y nunca dejaron de orar, con una fe extraordinaria, y aún continúan haciéndolo, para que pudiera salvarme y recuperarme. De manera especial los ruegos de mi esposa, mi madre, mi hermana Isabel, mis hijos, mis nietas y las de mi asesor espiritual, el padre Antonio Zufía, y toda su feligresía en la iglesia San Judas Tadeo. Oraciones que de seguro cambiaron el rumbo de mi destino y como decía, marcaron la diferencia.

Para mayor comprensión de quienes me favorecen con la lectura de mis escritos, ‘septicemia es una infección bacteriana que se produce cuando las bacterias entran en el torrente sanguíneo y se multiplican rápidamente. Es un envenenamiento potencialmente mortal, el cual debe ser tratado rápidamente, con el fin de impedir la propagación de la infección al corazón y a los pulmones’.

PERIODISTA