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19 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Confiabilidad = seguridad

F uentes bien informadas aseguran que Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interna de EE.UU., quiso validar personalmente con el pr...

F uentes bien informadas aseguran que Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interna de EE.UU., quiso validar personalmente con el presidente Ricardo Martinelli los beneficios recíprocos de desarrollar un nuevo sistema disciplinario para la fuerza pública panameña. Perseguía transformarla en una entidad confiable para la institucionalidad democrática istmeña y la seguridad del comercio y del transporte internacional.

El interés de Napolitano era asegurar el respaldo presidencial para culminar un proceso de 20 meses, en el que habían intervenido expertos estadounidenses y de la ONU, para crear, a solicitud de José Mulino, un sistema profesional, transparente e independiente para investigar y sancionar las faltas administrativas y penales de los agentes de la fuerza pública. Los hechos posteriores indican que Martinelli le tiró la puerta en la cara. Profundizó así el enfrentamiento con el presidente Barack Obama, que arrancó con su petición de tecnología para espiar a opositores y acceder a información sensitiva del crimen organizado que pondría en peligro su uso imparcial.

El choque entre Mulino y Gustavo Pérez, por insubordinación y desconocer una decisión del Gabinete, se inscribió en la lucha por restituirle a la fuerza pública ese mínimo de confiabilidad sin el cual pasó de ser custodio del orden y la seguridad, a factor desestabilizador alimentado por Martinelli.

Es irrelevante si Mulino resuelve quedarse en el Ministerio de Seguridad Pública, luego de presentar su renuncia ‘irrevocable’. El meollo es que Pérez sigue siendo el garante último de la precaria gobernabilidad que genera el autoritario modelo de mando de Martinelli, que ante la erosión de su apoyo social y su pérdida de legitimidad, ha decidido constituir a la fuerza pública en su guardia pretoriana. Martinelli ha permitido que Pérez delibere sobre asuntos políticos sin sancionarlo y que remilitarice la fuerza pública con un presupuesto propio. Y no solo los ha llenado de dinero, ha indultado a responsables de asesinatos y les ha otorgado licencia para actuar con total impunidad.

Al pisotear la doctrina del control civil sobre los estamentos de seguridad, Martinelli ha terminado creando una relación en la cual de jefe se ha convertido en rehén de una fuerza pública constituida en factor de poder en la mejor tradición norieguista.

Que Julio Moltó, quien transformó al Consejo de Seguridad en una policía política, termine en la dirección de la PN, no es una buena noticia. Tampoco lo es que Pérez lo sustituya en ese estratégico cargo que es la contraparte de las agencias de inteligencia y de la lucha contra el crimen organizado a nivel mundial. Quedará más cerca de Martinelli y contará con un incondicional en la PN, pero nadie le confiará una información sensitiva ni un secreto. Martinelli puede ser un gobernante autoritario, pero su mandato termina en 2014. Sin embargo, la relación de EE.UU. con Panamá es de carácter permanente por sus intereses de seguridad nacional. A través del Canal ya pasa un 60% del comercio industrial de los estados que bordean el Golfo de México. En términos estratégicos es vital para Washington que Panamá cuente con una fuerza pública confiable, dirigida por funcionarios incorruptibles. Pero la realidad indica todo lo contrario. Lo que tiene el país es una fuerza pública corrupta, cada vez más penetrada por el narcotráfico y el crimen organizado.

Es motivo de suma preocupación que Panamá vaya deslizándose hasta convertirse en un territorio donde los carteles de la droga dominen zonas sin gobierno ni control del Estado. El primer paso en esa dirección, es una fuerza pública desvertebrada y en venta al mejor postor antes y después del 2014. Para los panameños es una meta estratégica rescatar la integridad y el profesionalismo de la fuerza pública. Para lograrlo hay que contar con un sistema disciplinario independiente bajo control de un ministro de Seguridad Pública confiable. Pero Martinelli prefiere mantener una mafia corporativa cívico-policial, aunque eso signifique continuar confrontando los intereses de seguridad nacional de terceros países y comprometiendo gravemente la de Panamá.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.