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08 de Feb de 2023

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cuando la muerte no puede

Al conmemorarse este quince de mayo la desaparición física de Calixtra Muñoz, este relato, lo dedico especialmente a las memorias de las...

Al conmemorarse este quince de mayo la desaparición física de Calixtra Muñoz, este relato, lo dedico especialmente a las memorias de las guarareñas Ningo Díaz y a mi madre, que gracias a su esfuerzo de recordar tantas anécdotas de la familia Muñoz pude avanzar en esta narración y plasmarlo con letras doradas en mi corazón, puesto que solo se muere cuando en los recuerdos se deja de existir.

Mis antepasados, de los que he conocido y de los que no, pretendo reseñarles las anécdotas vividas y las que a su vez me han relatado. Es una forma de vincularles con la vida y con los parientes a los que pertenezco.

Como todos los miembros de mi familia, la vida no les ha sido fácil, tía Calixtra, no fue la excepción, era la penúltima hija y hermana de mi abuelo Federico. Por desventuras de la vida, al quedar huérfana debió salir adelante, pese a todas las circunstancias que proceden de la pobreza; eso sí, con una entereza y vitalidad que nos asintió recordarla hoy como una guarareña esforzada, a la que a la vida siempre le imprimió bizarría.

La tía Carla, como la nombrábamos aquellos que la conocimos aunque no disfrutamos la oportunidad de compartir mucho tiempo con ella, pues, vivía en Guararé, con apenas 15 años conoció a Pedro Díaz, campesino del pueblo, muy emprendedor, trabajó durante toda su vida siempre pensando en su familia y realizó toda clase de faenas, quien se enamoró de esa damisela, con las típicas facciones de la mujer interiorana, infatigable y diligente.

Dios la dotó de un espíritu de fortaleza formando una familia muy noble, trabajadora, honesta y juiciosa, pero invariablemente dispuesta a parirle los hijos que Dios les regalara.

Al tío Pedro, se le estaba desarrollando una afección cardiaca, pero como esas enfermedades no son visibles, es muy normal que al hombre del campo le lleguen por sorpresas y así fue como lo apresó la muerte.

La tía Carla, continúo viviendo en el pueblito, en compañía de su hijo Pedro José, cercada de sus amigos de toda la vida bordando y tejiendo sombreros de junco para sus hijos y nietos. Indubitablemente me causa mucha aflicción y turbación narrar en estas próximas líneas la muerte de esta abnegada guarareña, a todos nos colmó de consternación, incertidumbre y angustia.

Lo cierto es que un 15 de mayo de 1992, consumó una venta de una yunta por un valor de mil dólares, ya su hijo Pedro José, en reiteradas ocasiones le pidió el dinero para saldar una deuda personal. Sin embargo, por esa dureza y tirantez que aflige a algunos seres humanos, que no son capaces de vislumbrar que los bienes materiales son tan efímeros como la vida misma, pues Carla no aceptó brindarle el apoyo a su hijo.

Cuenta la gente que la conocía que al cobrar la venta, se embaló el dinero en un pañuelo, colocándolo en uno de los bolsillos de su vestido.

Se sucedieron los días y de la tía Carla no se tenía noticias, se esfumó del pueblo. En tanto, a mi madre, que vive en Capira, se le informó de su desaparición y empezaron los rumores de que la vieron por aquí y por acá. Se escrutó el área selvática y agreste, sin resultado alguno.

Lo espantoso transcurre cuando al cabo de cinco días uno de sus vecinos fue a dar de beber a las vacas y estas bestias se rehusaron, solo se remolinaban en torno a la pila. Advirtiendo el detalle, este vecino decidió supervisar el agua y cuál fue su sorpresa al percatarse del color y hedor de esta poción, por lo que se adosó al pozo de donde emanaba el líquido, descubriendo en los bordes mucho cabello y piel de un ser humano.

De inmediato dio parte a la Policía del lugar, que ipsofactamente procedió a constatar el acontecimiento. El hallazgo fue terrible, el cuerpo de un ser humano en el fondo del pozo hinchado, deforme y en estado de putrefacción.

La noticia de este hecho macabro consternó al pueblo guarareño, se cumplió con las investigaciones de rigor, pero jamás se descubrió a los responsables.

COMUNICADORA SOCIAL.