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31 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Más que Religión, Amor...

Debo señalar que múltiples experiencias y pensamientos me han movido a escribir esta nota, puesto que consideré necesario manifestar al...

Debo señalar que múltiples experiencias y pensamientos me han movido a escribir esta nota, puesto que consideré necesario manifestar algunas acotaciones acerca de los pensamientos religiosos y las situaciones que he vivido acerca de ellos, sumado a la siguiente frase: ‘Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos’, Jhon Swift.

Primero que todo, quiero dejar claro que no cuestiono a Dios, a ninguna de sus manifestaciones, formas de creer ni nada por el estilo; cada quien es libre de expresarse como lo considere y por eso, no me parece que deberían darse exclusiones. Ese es el punto medular que llevan mis palabras hoy; pues, la doctrina religiosa que profeses, la forma que tengas o no tengas de ver a Dios no te da derecho alguno a increparme, juzgarme e incluso insultarme. Es totalmente comprensible que si tienes algo que te hace feliz lo quieras compartir con otros y estás en todo tu derecho, compártelo, pero deja abierto el compás para que aquel receptor acepte o deseche la idea, no intentes incrustársela en el cerebro ni mucho menos juzgarlo por no adoptarla.

Desde mi punto de vista, si se hace de buenas formas, aquellas conversaciones pueden ser aceptadas, agradables e incluso edificantes, puesto que la existencia de un ser superior es algo para mí necesario y aceptado; claro, sin menoscabar los ideales de aquellos que profesan lo contrario. Retomando la idea, Dios y todas sus manifestaciones y nombres nos deberían llevar a un horizonte, punto de encuentro único, que no es más que la unidad de los seres humanos y al fin para poder entender que todo aquello que nos hace diferentes también nos hace iguales, si reflexionamos, la mayoría dentro y fuera de nuestras creencias religiosas buscamos lo mismo: paz, igualdad, amor.

Por eso es que no me explico el motivo por el cual aquello, que debería unirnos, se ha convertido en una de las razones más fuertes que tienen algunos para hacerse daño. Me dirán que eso viene sucediendo desde los inicios de la Humanidad y que mis palabras no cambiarán nada, pero eso no quita que fueron, son y seguirán siendo absurdas esas peleas de ‘yo creo tal cosa y tú no’.

En vez de estar peleando necedades, deberíamos enfocarnos en crecer como humanos, en ser más humildes y llevarnos bien con los demás, no gastar tanto tiempo y energías para cambiar cosas que no cambiarán.

¡Basta! Ya es suficiente, deberíamos limitarnos a hacer caso a la palabra del Dios que decimos profesar, puesto que siempre coincide en el verbo más importante y mi conclusión final, dejémonos de necedades y dediquémonos a: AMAR, AMAR, AMAR.

*ESTUDIANTE DE DERECHO.