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31 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Una sola alternativa

M uchos piensas que nuestra sociedad ha alcanzado un nivel de madurez lo suficientemente serio y responsable como para planificar y llev...

M uchos piensas que nuestra sociedad ha alcanzado un nivel de madurez lo suficientemente serio y responsable como para planificar y llevar hacia adelante su propio camino de crecimiento y desarrollo para la constitución de un conglomerado humano más avanzado. Piense de nuevo.

Hace poco (unas dos semanas) hicimos reflexiones sobre una pérdida que sufrió la nación. Se exaltaron los valores, la conducta y la estatura humanista del ilustre y recién fallecido expresidente Jorge Illueca y parece que la presentación pública de su trayectoria en servicio de la Patria no sirvió de nada. Ya ha pasado como asunto de poca importancia, seguido de una nueva ola de cuestionables conductas y acontecimientos entre los políticos actuales.

Retomo una mención que hice sobre tan ilustre ciudadano hace un poco más de un año, el 31 de enero de 2011 para ser exactos, cuando publiqué el articulo titulado ‘¿Dónde quedó la oratoria?’. En él hice la siguiente reflexión: ‘tenemos que reconocer a varios personajes del pasado reciente que por su oratoria, la profundidad de su pensamiento o por su entrega y su capacidad de mover a las masas, deben ser reconocidos como de importancia. (...) Desde la profundidad de su alma, El 1 de abril de 1983, en la ceremonia de reversión de la estación de la policía de Balboa en la Zona del Canal, el doctor Jorge Illueca comenzó su discurso diciendo: ‘En el muro de la casa de un patriota panameño en nuestra capital, se haya gravada la frase de Joaquín Beleño que dice: ‘Quien siembra banderas, cosecha soberanía’.’.

Sobre ese discurso en particular, dejé claro que la reacción del público ante esa singular frase quedó marcada en mí para siempre, como señalamiento fundamental para finalizar un capítulo que terminaba con la desaparición de esa fuerza represiva que dejó sus huellas en la momería nacional por su participación represiva el 9 de Enero de 1964.

Eso fue en el pasado que supuestamente debió sentar las bases para la construcción de un Estado libre y soberano y, habiendo vivido lo que se vivió en términos de la lucha por la recuperación de la soberanía y la consolidación de la dignidad nacional, pensaríamos que no hacía falta mucho para la conducción de un Estado como el nuestro por patriotas respetuosos de su legado.

Señalado esto, reflexionemos sobre el conflicto político entre los que lideran el Estado panameño. Reflexione por un momento sobre la Asamblea de Diputados. Reflexione sobre el proceso judicial. ¿Hacia dónde vamos y dónde terminarå todo? Vuelvo sobre lo que planteé en un artículo hace un poco más de dos años.

Abraham Maslow, años después de formular y sustentar su ‘Teoría de las necesidades’, propuso que aquellas personas que alcanzaban la necesidad de auto-superación, algunas ocasiones experimentarían un estado humano superior al que llamó ‘trancendence’ (trascendencia o trascender), ‘en donde el individuo no solo se percata de su enorme potencial superior, sino también del formidable potencial superior del conjunto humano’.

Creo que el estado de trascender no sólo aplica a la persona como individuo. Es una conducta superior que puede propagarse colectivamente. La oportunidad que el pueblo estadounidense se está dando, con los cambios sociales que tímidamente lleva adelante, abre un espacio inusual para que las sociedades que marcan significativamente el camino en materia de desarrollo humano, inicien, en el marco de ese cambio que se percibe, un proceso para trascender hacia un nivel de desarrollo y conducta sociocultural más avanzada.

Ya en 1994, en un discurso en Filadelfia, el escritor y político Vaclav Havel señalaba que ‘... hay muchos indicios de que estamos pasando por un periodo de transición, como cuando vemos algo que parece ir de salida y otra cosa que está naciendo con dolor. Pareciera que algo se estuviera derrumbando, deteriorando y agotando a la par que otra cosa, aún indefinible, estuviese emergiendo de los escombros’.

Las palabras de Havel parecen proféticas, y en el contexto actual, parece haberse definido y alcanzan un valor visiblemente puntual. Para mí, esa otra cosa, indefinible, es el deseo de trascender, como en muchas partes del mundo se esta exigiendo.

No veo cómo en Panamá, debemos comenzar nuestro propio proceso de transición. Ante las dificultades que venimos enfrentando, tenemos que ‘sacar’ las conductas actuales en materia educativa, cultural y, particularmente, políticos, todos ‘deteriorados y agotados’ como lo esboza Havel, para dar paso a un nuevo proceso de desarrollo que tenga la finalidad de elevar al conjunto de la población nacional a un mejor sitial.

El ambiente político actual no parece encaminado a ofrecernos un futuro alentador. Muchos de nuestros actores políticos no muestran capacidad de trascender a un nivel mucho más comprometedor con el futuro. Esto no es nuevo y no soy el único que lo dice. El problema radica en que las decisiones que se toman para el futuro y el bien de todos, las toman los políticos que administran el Estado y como ya sabemos, muchas veces, desconocen las recomendaciones ‘y hasta se mofan’ de los aportes de otros sectores de la sociedad.

El ejemplo de Illueca ha quedado sepultado. Havel teorizó que ‘los conflictos culturales son más peligrosos que en cualquier tiempo de la historia’, yo agregaría que las conductas políticas que estamos presenciando terminarán destruyéndonos y comparto con Havel que un nuevo modelo de coexistencia es necesario y evidentemente lo es un nuevo modelo político.

COMUNICADOR SOCIAL.