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27 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La comunicación

Cada vez se hace más énfasis en que la comunicación y el progreso de un país deben estar en sintonía. Todo eso es verdad, la comunicació...

Cada vez se hace más énfasis en que la comunicación y el progreso de un país deben estar en sintonía. Todo eso es verdad, la comunicación es crucial e importante, pero debe ser recíproca. Por lo general, la información nos llega ya digerida, solo nos queda oír, no opinar, es poca la oportunidad de interactuar.

Así estuvimos hasta que surgieron las redes sociales, léase Facebook, etc.; esta novedad permitió que los jóvenes se interrelacionaran a través de la red. Pero esta comunicación no permite ir más allá de comentarios, chismes, anécdotas, etc., dado la posibilidad de que intrusos inescrupulosos se apropien de identidades con fines aviesos.

Sin embargo, la verdadera comunicación entre las personas no se realiza, como es en la familia, los amigos, esposos e hijos. No es infrecuente encontrarse con familias que viven juntas bajo un mismo techo y no se hablan, solo se gritan, pelean, critican, compiten. No encuentran otra manera de comunicarse, dado que les falta voluntad de relacionarse realmente. Lo primero que debería hacerse es tomar la decisión de escuchar al otro. Todos queremos ser escuchados, pero nosotros no escuchamos. Lo difícil es hacerlo, aceptar que el otro tiene la razón, que las cosas que voy a escuchar me harán cambiar mis actitudes rebeldes y cuestionantes. Nadie tiene la verdad absoluta de su parte.

El diálogo es el vínculo que realmente uniría a la familia, si se hace con respeto mutuo.

Debemos salir de la conversación superficial de ‘¿qué tal?’, ‘¿cómo estas?’ y las respuestas de ‘bien’, ‘mal’; en realidad no se dice nada, solo se impide conocer más el uno al otro. Por ejemplo, cuando la madre le pregunta al joven al regresar del colegio, ‘¿cómo te sientes?’ Y el muchacho le contesta ‘mal’, en vez de decirle, ‘enojado, como cuando alguien se me cuela en la fila después de una hora de espera’.

Otro ejemplo es cuando un adolescente duerme y la madre lo despierta; él contesta: ‘por favor mamá, un poco más, anoche me acosté tarde’.

Al levantarse, solo se escucha, ‘hola, ¿está el desayuno?’, ‘No, faltan las tostadas, ¿dormiste bien?’, mientras oyen la radio o ven la TV.

Pareciera una vida de hotel, se duerme, come y se habla lo indispensable. No existe el diálogo, no se comparten los sentimientos. Se viven vidas aisladas. No se comunican, cada uno vive su vida. No dicen sus sentimientos ni sus pensamientos, solo sobreviven en una vida aislada ante los suyos y extraños.

*MÉDICO, COMISIÓN DE VALORES CÍVICOS DEL CLUB ROTARIO PANAMÁ.