Temas Especiales

08 de Feb de 2023

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Panamá siglo XXI: cultura comercial, capitalismo de Estado

P anamá ha cambiado radicalmente en las dos últimas décadas. No solo pasamos de un sistema político autoritario a uno democrático. Al ig...

P anamá ha cambiado radicalmente en las dos últimas décadas. No solo pasamos de un sistema político autoritario a uno democrático. Al igual que en otros países, esto también conllevó un aumento del poder de la religión, en nuestro caso la católica: desde 1994 el matrimonio religioso surte efectos civiles, con lo que se revirtió lo que iniciaron los liberales desde principios de siglo pasado, que previeron el divorcio y le negaron efectos civiles al matrimonio religioso. Además, el poder mediador de la Iglesia Católica en los conflictos socio-políticos recientes es palmario e innegable.

En Rusia sucedió igual con la cristiandad ortodoxa y en la ‘primavera árabe’ con el Islam.

Terminó la presencia colonial norteamericana y el Canal pasó a manos panameñas. Nuestra relación con EE.UU. cambió fundamentalmente: esa potencia ya no es propietaria del Canal, no tiene bases militares, no existe el bolsón colonial (policía, escuelas, gobierno, jueces) y ni siquiera es la primera en inversión privada extranjera (son las empresas británicas y pronto las canadienses y coreanas). Aún el dólar es moneda de curso legal, pero también lo es en Ecuador y El Salvador. Lo cierto es que el Canal, con la estructura constitucional que le otorgaron los Presidentes Endara y Pérez-Balladares, le arroja cientos de millones al Estado.

Un tercer gran cambio es la inmigración masiva que, a diferencia de la de inicios del siglo pasado, ahora proviene de Venezuela y de Colombia. Ya no son los afro-antillanos ni los norteamericanos los principales inmigrantes. Los nuevos inmigrantes son católicos, no los protestantes del siglo pasado, y vienen de países con fuertes valores democráticos, pero con una tradición de violencia.

Un cuarto cambio, usual después de la caída de regímenes autoritarios, es el aumento de la violencia y del crimen organizado, y ahora transnacional. Tenemos una tasa de homicidios cercana a los 19 por cada 100 mil habitantes, cercana a la de Bogotá. En Gran Bretaña, con una población de 60 millones, se cometieron 550 homicidios el año pasado, aquí tuvimos más de 700 con una población de 3.5 millones.

Al lado de nuestra cultura comercial privada, se ha fortalecido un capitalismo de Estado: de un Producto Bruto Interno, en el 2011, de 30.5 mil millones el presupuesto del Estado es cercano a los 15 mil millones, es decir, casi un 50% del producto nacional. El historiador Niall Ferguson señala (Revista Foreign Policy, febrero de 2012) que en China, sinónimo del capitalismo de Estado, es el 23%, pero en Alemania es 48%. Ante los temores de que este tipo de capitalismo, diferente al clásico liberal, sea crecientemente autoritario unos consideran que hay diferentes tipos: China y Rusia por lado, pero Brasil e India por otro, con fuertes estructuras democráticas.

En una economía en que el Estado es el actor más fuerte, la tentación autoritaria puede ser significativa, pero aquí aparecen los límites, las instituciones y las nuevas realidades económicas: el Estado de Derecho, un proceso electoral libre, por una parte, y por otro lado, el cambio enorme de la estructura económica en la que han prevalecido los servicios con la incorporación de una enorme inversión privada en la minería: hoy nuestro principal bien de exportación es el oro, ya no es el banano como en el siglo pasado, y pronto será el cobre.

Una democracia sin ejército, con una cultura mercantil, cosmopolita y tolerante, individualista, pero solidaria (subsidiamos con más de 200 millones la electricidad y el gas para los pobres sin objeciones de las élites), acompañada de un capitalismo de Estado, con nuevas fuerzas económicas y sociales; una población joven y más sujeta a la violencia; un Estado de Derecho débil, pero existente; una burocracia estatal sujeta a vaivenes políticos y no profesionalizada y todavía con un 29% de la población en la pobreza, plantea un nuevo panorama ante el proceso electoral del 2014 y demandará más de la clase política para darle rumbo a un país que se ha transformado y, por ello, requiere de un liderazgo competente e ilustrado.

EXPRESIDENTE DE LA CORTE SUPREMA