24 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Gladiadores de la dignidad

La próxima vez que el presidente Ricardo Martinelli aborde al Arzobispo-Primado de Panamá para que le saque las castañas del fuego causa...

La próxima vez que el presidente Ricardo Martinelli aborde al Arzobispo-Primado de Panamá para que le saque las castañas del fuego causado por sus propias chambonadas, haría bien fray José Domingo Ulloa, OSA, en explicarle que lo del perdón por 77 veces de Mateo 18:21-35 presupone todo un examen de conciencia, arrepentimiento, propósito de enmienda, confesión, absolución, y, finalmente, la restitución y el cumplimiento de penitencia. Porque van (al menos...) cuatro veces en que el señor presidente antepone al bien común, los intereses particulares de sus donantes. ¡Y todavía no entra en razón! Quizás cabría mejor que en esta vuelta lo atendiera el recio Obispo Metodista, para abundar sobre el Capítulo 85 de la Summa Theologica de 1274.

Porque en el ‘cierre’ de la crisis de Colón Martinelli confiesa que carece de una recta razón. ¿En qué cabeza cabe insistir en que era buena esa Ley que causó semejante revuelo en todo el país? De al menos haber pormenorizado alguna sustentación para esa afirmación tan descabellada, al menos se entendería cómo arribó a ella. Y su monólogo de cinco minutos en cadena nacional al menos habría resultado informativo. Pero no lo hizo: porque el señor Martinelli es alérgico, tanto a todo debate, como a una verdadera rendición de cuentas. Aún esperamos (sentados...) a que sustente su declaración en La Estrella de Panamá del 29 de julio 2010, que el pagar casi $600 millones más de lo que valen los corredores, constituiría ‘el mejor negocio que hará el Estado’. Esos millones habrían sido mejor aprovechados en Colón, que en los casinos de Monte Carlo —hacia donde se encaminan los mexicanos que supieron cómo convencer al señor Martinelli a que les adelantará sus ganancias y les ahorrara el mantenimiento durante décadas de corredores mal construidos, para que efectuara una ‘compra’ a la que no estaba obligado. $1,070 millones que no han mejorado en un ápice los tranques.

Colón fue la reducción al absurdo de la pérdida de legitimidad del gobierno. El señor Martinelli piensa que, como ganó las elecciones en 2009, puede manejar Panamá a su antojo, sin respetar el control constitucional. La (más reciente) violencia en Colón no tiene tanto que ver directamente con la venta de las tierras en Zona Libre en sí, sino con lo despótico de esa decisión. Fue la metástasis del cáncer de una corrupción que corroe a toda nuestra clase política, a unos por comisiones, a otros por omisiones. Lo que se protestaba en otras provincias era que la Asamblea abusó de su poder, ultrajando nuestro derecho de formación de leyes. Y al pueblo llano de las demás provincias les indignó su viveza.

Dando seguimiento al silencio tan curioso de los comerciantes de la Zona Libre de Colón a punto de perder millones por demoras de sus embarques navideños en sus puertos de reexportación, afloró que, dos meses antes de la aprobación de la problemática ley que los autorizaba, Martinelli ya tenía montado todo un aparato para la venta sistemática de terrenos a los que no estaba autorizado. Y ya se estaba mercadeándolos activamente, a nivel local e internacional. Por eso es que no regresó rápidamente de su periplo por el Asia. Y por ello insiste en nombrar el mismo equipo fracasado, para convencer a los colonenses de las bondades de la ley derogada. Pero ya ese pueblo no come más cuento. Particularmente con la falta de credibilidad del régimen actual.

El ilegal y vergonzoso comportamiento de sus tropas en las calles de Colón no tiene justificación. En la capital tampoco anduvimos mucho mejor; acá la Policía Nacional optó por no controlar un saqueo que tenía a ojos vista. Sería lógico concluir que el novel pelotón de los Gladiadores que operó en la Plaza 5 de Mayo, reeditaba los Batallones de la Dignidad de los Dobermans del general otrora de turno, en una estructuración del poder por violencia que no ha evolucionado desde la Conquista. El afán de achacarle el saqueo al SUNTRACCS tampoco tiene sustento; ese sindicato de la construcción no tiene antecedentes con este tipo de gansterismo.

Quienes comemos 3 veces al día estamos en la obligación de velar por quienes no comen, y la mejor forma de hacerlo es promoviendo un Estado de Derecho que funcione como debe —que garantice que habrá algún futuro para nuestros nietos. No tiene sentido esperar simplemente a que amanezcan más muertos, para lograr finalmente restitución del cambio verdaderamente democrático por el cual votó nuestro pueblo en 2009. La renuncia del señor Martinelli debiera dar paso expedito a una asamblea constituyente originaria, para hacer borrón y cuenta nueva de todo un sistema de gobierno que ya simplemente no funciona.

Y hoy las brujas ya no tienen cómo disfrazarse...