27 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Alma teatral

S iempre quise saber de dónde le había salido a Roberto esa inclinación hacia las artes escénicas, la literatura y su dominio —pese a su...

S iempre quise saber de dónde le había salido a Roberto esa inclinación hacia las artes escénicas, la literatura y su dominio —pese a su juventud— de autores, entre ellos, José de Jesús Martínez, que con toda seguridad habría influido en sus primeros poemas.

En algún momento, Roberto McKay me confesó que su tía, Dora, le había estimulado y creado en él esa otra forma de lectura de la realidad y una conciencia sobre el papel del arte en la psicología del individuo. Según contaba, ella tenía un carácter muy estricto y rostro de pocos amigos, expresado sobre todo con la conducta y la responsabilidad, pero dejaba traslucir cierta sensibilidad en el fondo.

Fue por esa vía que la pude conocer y luego cuando llevé a su estudio, en La Exposición, a mi hija para que tomara clases de baile. Ya en ese tiempo, trascendían sus trabajos y las presentaciones que, a fin de curso, cada año, realizaba con los niños que asistían a sus lecciones sabatinas.

Era una de las pocas personas en el país formada en el ámbito de la enseñanza del teatro infantil y aprovechaba para dar a alumnos de ambos sexos una instrucción sobre manejo del escenario, proyección y preparación dramática, que les ayudaba en aspectos como el dominio de la expresión oral, corporal para alcanzar la seguridad en sus actuaciones y también en el desempeño de sus tareas escolares.

La tía Dora sabía de la importancia de este conocimiento en la primera etapa de la vida. Esa educación artística deja en los jóvenes un sinnúmero de valores y les prepara para enfrentar los años que siguen con las herramientas necesarias para alcanzar éxitos y dominar el entorno social y cultural con seguridad y aplomo.

Se educó y obtuvo el grado de maestra y con posterioridad se fue a México a estudiar Español con especialización en Arte Dramático. Su formación universitaria se desarrolló en ese país en un momento propicio. Las ideas y el arte de una generación de mucha trascendencia, dejaron sentir sus impactos sobre la juventud que daba muestras de inconformidad con el estado de cosas reinante.

La profesora McKay llega con un manojo de preocupaciones estéticas y sobre todo, las manifestaciones teatrales. Se dedica a la enseñanza en el sector medio, pero desde la Universidad desarrolla una tarea cultural de importancia, que luego se amplía cuando con un grupo de sobrinos empieza una formación más dedicada. Este modelo le es de utilidad para brindar clases en diversas facetas escénicas en su taller.

La preparación de montajes con trabajos infantiles era una de las tareas a las que dedicaba todo su entusiasmo. Alcanzó la cifra de unas 80 producciones llevadas al proscenio.

Sus presentaciones de fin de curso eran semejantes a una graduación donde se veía el fruto de su esfuerzo convertido en baile clásico y moderno, actuación, exposición de textos poéticos y juegos con base rítmica que generaban el entusiasmo de chicos y chicas por el dominio de movimientos y dicción.

El trabajo de la tía Dora tuvo una amplia repercusión en diferentes momentos, décadas y ha ejercido influencia en innumerables estudiantes que pasaron por sus manos; algunos de ellos, se dedicaron con posterioridad a quehaceres relacionados con el escenario e incluso, la formación en esta especialidad en estudios o en los medios.

Esta cualidad es destacable en su obra. Ella constituye un invaluable aporte para la cultura panameña, pues enseñó por más de cincuenta años para forjar la personalidad y esculpir el carácter de varias generaciones. Ahora puede descansar en paz.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.