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29 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La dignidad de una juventud

H an transcurrido 49 años. Aún late en la memoria colectiva de la nación aquella gesta en la que la juventud panameña enarboló el patrio...

H an transcurrido 49 años. Aún late en la memoria colectiva de la nación aquella gesta en la que la juventud panameña enarboló el patriotismo y empuñó la bandera como símbolo de la lealtad con la patria.

Como en ninguna otra fecha de nuestra historia, sin desmedro de otros ejemplos, se expresa el sentimiento de rebeldía como el orgullo de lo ‘panameño’, como aquella en donde los corazones tiernos de los estudiantes defendieron, con sangre y conciencia, el derecho de la tricolor de ondear en el territorio ocupado por Estados Unidos.

Los estudiantes estaban sedientos de justicia y lacerados por la frustración. El firme reclamo, con legado ya vigente desde los años de 1940, se resumía en la consigna ‘un territorio una sola bandera’. Por ello, la generación institutora, con sus ideales de soberanía, marcharon con dignidad hacia la zona del canal.

En sus manos llevaban, como arma, la bandera, la misma que el convenio firmado entre ambos naciones exigía que se izara en los sitios en los que también lo hiciera la enseña estadounidense.

Treinta y cinco años después de aquella gesta, que fue heroica y ejemplar aunque también de luto y dolor, se cumplió el sueño enarbolado con firmeza por la juventud de enero: se rescata la zona del canal y la presencia de USA llega a fin. Un final que terminaría con los abusos y los privilegios, aunque han aparecido otros. William Jorden, embajador del gobierno de Lyndon Johnson (1963-1969), en su obra ‘La Oisea de Panamá’, afirma que ‘nadie pensó en Panamá en 1964 que izar la bandera de su país frente a una escuela secundaria un grupo de irreflexivos estudiantes estadounidenses, pondría ser el principio del fin de la forma de vida que tanto ellos como sus padres tanto ansiaban preservar.’

En efecto, el tipo de dominio colonial, ultrajante y abusivo, produjo en los residentes de la zona del canal un sentido de pertenencia, de apoderamiento de lo ajeno. Esto explica la decisión entusiasta, justificable desde esa nefasta perspectiva, de los estudiantes de la escuela de Balboa y de Coco Solo, como la de sus acudientes, incluida la protección de la policía zoneíta, de izar la bandera -la de ellos, en sus respectivas escuelas donde, por acuerdo, no debía hacerse. La respuesta de los institutores, de hacer lo mismo con la tricolor, era la mejor muestra de la dignidad nacional; la defensa de una conquista parcial de la soberanía.

La gallardía estudiantil con la bandera en lo alto dictó las pautas de un episodio ejemplar. Una lucha consecuente que debe eternizarse como patrimonio nacional, símbolo libertario del estudiantado panameño. Así es. Porque la respuesta a la conducta patriótica y soñadora de esa juventud fue el ataque agresivo, inmisericorde, cobarde, de los militares USA. Se repetía, como en otros tiempos, el ultraje de la superioridad castrense, de las tropas acantonadas en nuestro propio suelo.

Las consecuencias de aquel ataque brutal fueron repugnantes. La sangre derramada, de muertos y heridos, ha escrito una de las páginas más dolorosa de la patria, pero ejemplar en nuestro calendario nacional. Y aunque los agresores trataron de tergiversar los hechos, lo cierto es que la gesta era, más bien, la más bella, aunque triste, expresión en defensa de la nacionalidad, al derecho a ser soberanos y de mirar en lo alto del cielo una sola bandera.

DIRECTOR DEL IDEN