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17 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Negocios responsables de madera

La producción, explotación y comercialización de la madera que crece en los bosques panameños, ha tenido por tradición semejanzas con lo...

La producción, explotación y comercialización de la madera que crece en los bosques panameños, ha tenido por tradición semejanzas con los procesos asimétricos que se viven en la agricultura y que se caracterizan por una producción de pequeños campesinos o indígenas, casi sin ningún recurso tecnológico, que les hace vulnerables a un intermediario que compra barato y pone las condiciones en el mercado nacional.

Los indígenas en Darién se acostumbraron a utilizar sus permisos de subsistencia y poner a disposición de grandes comerciantes madereros, los árboles que se iban a extraer. Con un pago minúsculo, sectores poderosos sacaban la madera de esa provincia para llevarla a los centros de procesamiento y venta como tablas o para su uso industrial y otros fines requeridos.

El acuerdo era negativo desde todo punto de vista. Las comunidades indígenas entregaban su recurso, los bosques decrecieron para reducir las posibilidades en el futuro, porque las condiciones del suelo se degradaban. De igual manera, las comunidades donde se desarrollaba este tipo de actividades, perdían de vista que esta materia prima podría ser un cambio a su situación socioeconómica.

Esta semana, se realizó en la Ciudad del Saber una Rueda de Negocios Responsables de la Madera en Panamá, para estimular opciones sobre este producto vegetal con la finalidad de ‘impulsar el desarrollo de mercados para la comercialización de maderas provenientes de bosques bajo manejo sostenible o certificación...’, según han planteado sus organizadores.

En un ambiente de este tipo, se encuentran los diferentes actores que intervienen en la actividad, tanto productores, como compradores, autoridades, consultores y cualquier otro interesado que pueden intervenir en la gestión y cambiar de una tendencia de explotación ilícita, tráfico, contrabando, especulación, hacia una apertura comercial transparente, sostenible y con beneficios para todos.

Hasta el momento, los esquemas utilizados han sido inapropiados. El ascenso de precios en los mercados asiáticos ha destapado acá, una piratería con especies como la teca, el cocobolo y otras maderas, consideradas casi como joyas preciosas en un escenario de intensa y desproporcionada actividad. En los dos primeros meses del año, se encontraron unos seis contenedores repletos de madera en los puertos de Colón.

En el resto del país, hubo trasiego de madera de cocobolo y otras especies, robos y todo tipo de tropelías, que autoridades como la ANAM atendieron, al aplicar las disposiciones y hacer frente a un irrefrenable movimiento delictivo donde esta materia prima y sus derivados pasaron a ser el codiciado objeto del deseo.

Uno de los propósitos de esta rueda de negocios ha sido ‘elevar el perfil y el reconocimiento de esta madera sostenible y prontamente certificada en el ámbito nacional e internacional, con el fin de tener acceso a mercados nicho y de alto valor’.

Esto es sumamente importante, pues permite conceder un carácter más formal a los negocios con la madera y le brinda un sitial en las relaciones comerciales. Además, pone a las comunidades productoras, como parte integrante de estos intercambios de materias agrícolas que acrecientan su valor en los mercados nacionales y extranjeros.

El diálogo que se ha desarrollado con el auspicio de importantes organizaciones internacionales e instituciones locales, ha posibilitado el establecimiento de una nueva forma de hacer acuerdos en este campo, que fortalecerá sobre todo, el papel que tienen los grupos indígenas que trabajan en este universo forestal y que les integra en una concepción sostenible de esta iniciativa.

Esa rueda es el primer paso para reorientar la realidad de los bosques, de la población en torno a ellos y de las posibilidades de este recurso natural.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.