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10 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

China y Japón: lazos vitales

En 2012, se celebró el 40º aniversario de la restauración de los lazos diplomáticos entre la China y el Japón. Lamentablemente, una seri...

En 2012, se celebró el 40º aniversario de la restauración de los lazos diplomáticos entre la China y el Japón. Lamentablemente, una serie de proyectos conjuntos para conmemorar dicho acontecimiento fueron cancelados o pospuestos, debido a que se agudizó la tensión entre ambos países. Las relaciones bilaterales han desmejorado hasta su punto más bajo desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, no soy del todo pesimista sobre el futuro de nuestra amistad. Una antigua máxima china sostiene: ‘Las gotas de agua horadan incluso la piedra’. La amistad entre China y Japón se ha ido nutriendo a ese paso perseverante, gracias a los esfuerzos de pioneros que, incluso antes de la normalización de las relaciones, trabajaron tenazmente para abrirse camino a través de los obstáculos que se alzaban entre ambas naciones.

Esos lazos de amistad se han cultivado y fortalecido mediante infinidad de intercambios realizados a lo largo de los años, y, por ende, no será fácil romperlos.

Cuando hice un llamado a la normalización de las relaciones chino-japonesas, en septiembre de 1968, era prácticamente inconcebible que se mencionara en el Japón la posibilidad de una amistad con aquel país.

En cierto sentido, la situación era incluso más severa de lo que es hoy en día. Pero yo estaba convencido de que el Japón no tendría futuro sin una relación amigable con sus vecinos, y de que era esencial crear lazos estables y armoniosos con la China, para que Asia y el resto del mundo avanzaran por el camino de la paz.

En diciembre de 1974, tras visitar Pekín y reunirme con el premier Zhou Enlai y con el viceprimer ministro Deng Xiaoping, profundicé mi determinación de forjar una amistad indestructible entre nuestros pueblos para desterrar la posibilidad de una nueva guerra entre nosotros.

Desde entonces, he puesto mi empeño en promover los intercambios amistosos, centrados especialmente en los jóvenes. En 1975, la Universidad Soka del Japón recibió a los primeros seis alumnos de intercambio gubernamental de la China. Ahora, unos cien mil jóvenes chinos están realizando estudios anualmente en Japón, y quince mil japoneses lo están haciendo en China.

Pese a ocasionales períodos de tensión, esta corriente de amistad ha crecido y se ha fortalecido con los años; la amistad se ha estrechado mediante incontables interacciones personales e intercambios de corazón a corazón, cada uno de los cuales aporta su propia pequeña, pero invalorable contribución. Esa corriente no se agotará fácilmente, más allá de los obstáculos que deba enfrentar. Y debemos asegurarnos de que dicha fuente jamás se extinga.

Ante una crisis, es importante sostener categóricamente los dos compromisos centrales del Tratado de Paz y Amistad acordado por la República Popular China y el Japón en 1978: Abstenerse de emplear la fuerza armada o la amenaza militar, y no buscar la hegemonía regional.

Mientras respetemos esos principios, lograremos encontrar la manera de superar la crisis. No es tanto la época de tranquilidad, sino los tiempos de adversidad los que presentan oportunidades para ahondar el entendimiento y fortalecer lazos.

Recomiendo que China y Japón reafirmen su compromiso de sostener los dos juramentos del Tratado, y que instituyan urgentemente un foro de diálogo de alto nivel destinado a prevenir cualquier deterioro futuro de las relaciones.

Cuanto más difícil se presenta una situación, más importante es entablar un diálogo basado en un compromiso con la paz y la coexistencia creativa.

En ese contexto, propongo que China y Japón instituyan la práctica de realizar encuentros cumbre con regularidad.

Creo que la crisis actual entre la China y el Japón ofrece una oportunidad única de establecer pautas para el diálogo, y de crear un ámbito que permita a los líderes entablar conversaciones directas, frente a frente, cualesquiera fueren las circunstancias.

Además, propongo que las dos naciones establezcan juntas una organización para la cooperación ambiental en el este de Asia. Tal cosa sentaría las bases de una asociación enfocada en la paz, la coexistencia creativa y en acciones conjuntas en bien de la humanidad.

Esa organización podría crear oportunidades para que los jóvenes de China y Japón trabajaran juntos con un mismo objetivo. También delinearía pautas para la contribución conjunta a la paz y la estabilidad del este de Asia, así como para la creación de una sociedad global sostenible.

En septiembre de 1968, exhorté a los jóvenes de ambos países a unirse en la amistad para construir un mundo mejor. Creo que los cimientos para ello ya se han establecido a través de diversos intercambios y esfuerzos anónimos realizados hasta la fecha.

Considero que ha llegado el momento de adoptar perspectivas de mediano y de largo plazo, y de desarrollar modelos concretos de cooperación en nuevas áreas.

Estoy convencido de que a través de esos esfuerzos firmes y sostenidos, los lazos de amistad entre China y Japón progresarán hacia algo indestructible, hacia un legado que será transmitido orgullosamente de una generación a otra.

PRESIDENTE DE LA SOKA GAKKAI INTERNACIONAL.

—[TRADUCCIÓN DEL ARTÍCULO DE OPINIÓN DE DAISAKU IKEDA, PUBLICADO EN INGLÉS, EN EL DIARIO THE JAPAN TIMES, EL 25 DE FEBRERO DE 2013.]