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19 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Problemas de transparencia

Si en algo hay un consenso nacional, como muestran continuamente las encuestas, es en que el gobierno actual no se maneja con transparen...

Si en algo hay un consenso nacional, como muestran continuamente las encuestas, es en que el gobierno actual no se maneja con transparencia. Más del 70% de la población encuestada invariablemente sostiene que hay poca o ninguna transparencia. A diferencia de la percepción de falta de libertad de prensa, donde la población está afectada por las continuas denuncias, por mí cuestionables, de los propios comentaristas y periodistas, en un país donde le dicen de todo al presidente y sus ministros, pero insisten algunos que no hay libertad, en el caso de la transparencia es más fácil justificar la percepción.

Para comenzar la falta de transparencia se nutre de la falta de una acción más activa de la Contraloría General de la República, que da la impresión que acepta todo lo que haga el Ejecutivo y audita muy poco. A esto, para empezar, hay que poner las compras y contratos del Estado, compras que en las obras más impactantes no han sido producto de una licitación por mejor precio, sino por mejor valor, lo que le ha permitido, desde el gobierno anterior que lo implemento, comprar la precio que quiera la institución. A esto se le suman las compras directas, que van de lo sublime a lo ridículo, como firmar un contrato con Odebrecht por la Cinta Costera 3 sin definir que seria la obra, con túneles, bordeando la costa o que, simplemente se le adjudicó el contrato por $776,000,000 sin especificaciones ni diseño.

Falta de transparencia en los viajes del presidente, donde se desconocen los que conforman la delegación completa, ni los costos de cada viaje. Falta de transparencia en los ministerios e instituciones, la mayoría de ellos con una página web desactualizada y sin la planilla real del ministerio o institución. El gobierno actual se ha manejado con una empresa privada, donde no sienten obligación para con los ciudadanos y solo vemos resultados y no procedimientos ni estrategias. El presidente cree que al pueblo solo le interesan las obras, no cuánto cuestan ni quién las hace. Quizás por eso su eslogan de ‘entran limpios y salen millonarios’ fue descartado en la práctica, ya que tampoco en su gobierno sabremos los costos reales de los megaproyectos.

Y luego están las numerosas preguntas que se hacen en corrillos y cafés, ninguna con respuesta ni explicación. Así, por ejemplo, muchos se preguntan si Roux y Varela tienen o no grado de consanguinidad que les impedía estar en el gabinete juntos. Igual ahora se preguntan el grado de consanguinidad del actual canciller, Núñez Fábrega, con el ministro Ricardo Fábrega y con el presidente, cuya madre es Berrocal Fábrega.

Igualmente, tras la llegada a Panamá de Ramón Martinelli, que estuvo bajo investigación en México por años acusado de presunto lavado de dinero, el panameño recuerda las palabras de su pariente, el presidente Martinelli, que dijo, palabras más, palabras menos, que Ramón estaba siendo seguido por las autoridades panameñas y estaba a punto de ser detenido cuando salió para México. Si eso era verdad, ¿cómo es que ahora que llegó no está detenido e investigado por lo que supuestamente era seguido antes de irse?

Para el panameño es cada día más difícil creer en la honestidad de nuestros funcionarios. La falta de transparencia solo nutre el morbo de percepción de corrupción. Los costos astronómicos de hoy en obras civiles, si fuesen avalados por la SPIA o por Ingeniería de la Contraloría pudiesen calmarse los rumores, pero todo lo contrario, la SPIA más bien duda de los costos aplicados hoy a los contratos. Hoy, cuando la Iglesia Católica está sorprendida por la humildad y sencillez del papa Francisco, dando un giro inesperado a la imagen del Vicario de Cristo, lo mismo espera la ciudadanía del próximo presidente, el que deberá mostrar más transparencia que ningún predecesor, devolviendo al pueblo la fe y confianza en sus gobernantes.

Para Martinelli parece demasiado tarde, la falta de transparencia lo llevará a debilitar las opciones de triunfo de su partido, celebraremos todos las grandes obras, pero cuestionaremos sus costos y sobrecostos, con la sensación de coimas y dineros distraídos de las obras. Si algo es evidente es que el gobierno no ha hecho absolutamente nada para justificar las adjudicaciones y los costos, dejando que el morbo inunde a los próximos electores.

Hay veces que tu amigo se convierte sin querer en tu peor enemigo. No dudo la relación de la actual contralora general con el mandatario, pero la tenue labor de auditoría de la Contraloría al final será su peor enemigo. Una contraloría preocupada por los autos oficiales y no por los contratos millonarios está muy lejos de cumplir su verdadera misión de supervisión del uso de los fondos del Estado.

Para terminar, los riesgos inminentes. Los pueblos de Asia, África y Europa se han levantado contra la corrupción, la falta de transparencia y luchan por democratizarse. Nuestro país tiene una democracia, altamente imperfecta, pero sufre de algo grado de percepción de corrupción y muy poca transparencia. No dudo que lo ideal sea corregir democráticamente con los votos en mayo del 14, pero no descarto un levantamiento popular, cansados de ese ‘entrar limpios y salir millonarios’ o ‘entrar ricos y salir millonarios’. En Panamá hay una gran mayoría silente honesta, cuya paciencia está por agotarse, por gobiernos corruptos, gobiernos sin transparencia, justicia al mejor postor y legisladores con precio. En mayo del 14 tendremos una oportunidad de elegir a los adecuados y evitar una situación peor.

INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.