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04 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

’Cochez es un demente’, según Nicolás Maduro

En ocasiones los insultos de unos se convierten en condecoraciones para otros. Que satisfacción más grande puede tener una persona como ...

En ocasiones los insultos de unos se convierten en condecoraciones para otros. Que satisfacción más grande puede tener una persona como yo, con 50 años de militancia política democrática, que un presidente, fraudulento hasta el tuétano, del cual se duda de su nacionalidad para ejercer la presidencia de su país, te califiqué de demente.

Quienes estuvimos en el frente de batalla durante los aciagos años de la dictadura de Torrijos y Noriega conocimos lo que era la persecución; el que se metieran en tu vida personal, que te vigilarán adonde fueras, que tus llamadas fueran interceptadas y tu correspondencia violentada. Aprendimos durante los cinco años que fuimos diputado en el ocaso del régimen que la lucha contra el tirano no tiene fin ni puede permitir descanso. Se sabe cuándo comienza, pero jamás cuándo termina.

En los tres años y medio que me desempeñé como Embajador y Representante Permanente de Panamá ante la OEA, siempre estuve muy pendiente de las violaciones de Chávez a la libertad de expresión y a la violación de los derechos humanos. Sin pretenderlo, me convertí en la voz de los venezolanos sin voz en ese foro. Esa actitud, por supuesto, jamás fue del agrado del gobierno venezolano. En más de una ocasión la Cancillería venezolana, al frente de Nicolás Maduro, protestó por mis ‘indebidas injerencias’ en la política interna de su país. Eso no fue óbice para que denunciara la violación de la que fue objeto la juez María Lourdes Afiuni mientras estuvo presa, brutal acto reportado al presidente Chávez. Tampoco para que pidiera una investigación de la OEA ante la denuncia de Colombia (gobierno de Uribe) de que Venezuela permitía que las FARC se escondiesen en su territorio para evitar al ejército de Colombia.

La gota rebasó el vaso cuando critiqué la ilegal e inconstitucional toma de posesión de Nicolás Maduro el 10 de enero, estando quizás Chávez hasta muerto. Califiqué lo que ocurría en Venezuela como lo de una ‘democracia enferma’ y pedí la actuación del organismo. Tal fue la presión, incluyendo amenazas, que mi gobierno me destituyó el 17 de enero.

Desde ese momento emprendí mi campaña, ya no con la prudencia y recato de un diplomático, sino con la frente en alto y la voz de un político que honestamente creía que lo que ocurría en Venezuela debía ser de preocupación de los gobiernos democráticos de América. ¿Cómo no lo sería la nacionalidad de Maduro, quien por ser colombiano de nacimiento, no puede ser presidente de Venezuela? Esto ha terminado de irritar al susodicho, registrado en Colombia con el nombre de Nicolás Alejandro Maduro, nacido el 20 de noviembre de 1961, y no como había sido registrado en Venezuela a los 11 años de edad, como nacido el 23 de noviembre de 1962, solo como Nicolás Maduro.

Ante el silencio cómplice de sus cercanos colaboradores, Maduro ha asumido su propia defensa, eso sí, sin poder mostrar su partida de nacimiento venezolana, con lo cual se acabaría toda la especulación. Me ha atacado diciendo que soy ‘un demente’, ‘un pobre ser humano’. Apreciaciones éstas que me hacen sentir condecorado, porque no me ha podido decir ni asesino, ni ladrón, ni corrupto, ni boliburgués, ni fraudulento, como califican a la mayoría de sus compinches.

Veo muy cerca mejores días para Venezuela. El futuro es promisorio, ya que se prevé que el fin del actual régimen, encabezado por alguien que constitucionalmente no puede estar allí, está llegando.

¡No desfallezcan hermanos venezolanos!

ABOGADO Y POLÍTICO. EMBAJADOR DE PANAMÁ ANTE LA OEA (JULIO 2013-ENERO 2013).