Temas Especiales

02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los insoportables

¿Dime si en tu diario vivir no te encuentras con personas que te hacen la vida insoportable? Y, que suelen provocar incomodidad, irritab...

¿Dime si en tu diario vivir no te encuentras con personas que te hacen la vida insoportable? Y, que suelen provocar incomodidad, irritabilidad e incluso te hacen pensar que eres tú quien provoca esa conducta. Son personas difíciles de tratar. Viven disgustados con la vida misma, y transmiten pesadumbre y angustia, que se reflejan en sus relaciones personales con la gente que le rodea. En este perfil entraría el pedante, el parlanchín e indiscreto, el que se cree iluminado por una fuerza divina, y atropella y abusa, es insidioso, egoísta, autoritario, discute por todo y ante todo, se cree perfecto, el sabelotodo.

Es cierto que todos podemos presentar una o varias de las características ante descritas, pero las personas a las que me refiero son aquellas cuyo principal perfil psicológico está definido por una baja autoestima, carencias psicológicas, complejos, inseguridades, y falta de confianza en sí mismas y la única manera que tienen de igualarse a los demás es apelando a estos mecanismos de defensa, y su principal objetivo es hundir a los demás. En esa gente insoportable, siempre hay los que consienten este tipo de comportamiento. Sin embargo, por tu salud mental, alguna medida hay que tomar cuando tropiezas con este tipo de individuos, no te cruces de brazos, debes defender tus intereses, y dignidad. Si no pones freno a este tipo de conductas, de seguro acabará afectando tu sistema inmunológico. Si no te proteges, ¿quién lo hará por ti?

Tu manera de reaccionar siempre dependerá de la situación y del tipo de implicación afectiva o de amistad o de inclinación política que tengas con esa persona. Cuando una persona reacciona sin control, habla de manera impetuosa, impulsiva e irreflexiva, en definitiva, habla sin pensar. Por este motivo, lo que hay que hacer es actuar: detenerse unos segundos, respirar hondo y tener la capacidad de ver si lo que ibas a contestar era procedente o no, y así, tu respuesta será la más adecuada. Evita empeorar el problema; por ejemplo, se suele responder con una réplica mordaz, nos ponemos a la defensiva en vez de intentar dominar la situación, o bien nos tomamos la displicencia del otro como algo personal. Estas reacciones naturales, pero contraproducentes, reducen nuestras posibilidades de transformar un encuentro negativo en constructivo.

Cuando uno se dispone a hacer una crítica, debe ser con fundamento. Pero, hay quienes critican por criticar y se les hace un hábito. No están conformes consigo mismos hasta que no critican e insultan al primero que se encuentre. Ese es su modus vivendi. Son personas tóxicas y dañinas, que todo lo miran mal, lo interpretan mal y no se detienen ante nada para echar afuera su propio negativismo. No disfrutan de lo que tienen, pero sí sienten dolor por lo que otras personas logran en la vida.

Los defectos nunca son un timbre de gloria. Al contrario, son manifestaciones de personalidades con sentimientos de inferioridad y de autoestima limitada. Bajo este contexto, para que una persona se sienta con libertad personal, debe procurar desprenderse de la arrogancia de postura o de la insolencia de lengua, porque sin saberlo se encuentra atada a su orgullo y soberbia y a su temperamento difícil. Suelen levantarse ‘con el pie izquierdo’. Están inmersos en un mundo de sufrimientos y, ni cuenta se dan.

Pero, ¿qué pasa con el que se siente hostigado y muchas veces hasta difamado y calumniado? De estos seres, aunque se les critique o llame la atención por su conducta nada edificante, viven en un pozo profundo de obstinación y por más que intentes hacerles ver que son ellos los que están en el error, no lo ven, o lo peor, no lo quieren ver. Son como pequeñas espinas que tienes ahí pegadas a la planta de los pies y que te impiden caminar firme, seguro, y con tranquilidad. Es triste ver personas actuar de esa manera, por un lado, el criticón empedernido y por el otro, el criticado testarudo. ¿Hacia dónde nos lleva esto? A la nada.

La constante crítica es destructiva y llega a afectar de sobremanera afectos y consideración. Y eso lo sabe el que fustiga. Si éste es un perfeccionista, muchas veces es mejor ignorarlo, no caer en su trampa. Tu satisfacción personal cuenta, sobre todo, si sabes que has actuado bien. Lo demás sobra.

En relación a los amigos tienes que valorar siempre el nivel de implicación que existe entre ambos y hasta qué punto te interesa conservar esa amistad. Si te enriquece en un grado que supones valioso, debes intentar salvar esa amistad; eso sí, manifestando a tu amigo cómo te sientes. Pero si esa amistad no te aporta gran cosa, y además, se comporta mal contigo, debes tratar de evitar malos momentos. Eso sí, no debes romper nunca una relación con brusquedad, porque esto crea resentimiento, rabia y rencor en la persona que se siente víctima de la ruptura.

Es muy cierto, que los perniciosos pensamientos, palabras e intenciones de terceros pueden hacer daño, pero también es cierto que si hiciste lo correcto, y que actuaste con rectitud de conciencia, que nada ni nadie te detenga. Todo depende de tu responsabilidad y de lo bien que lo hiciste. Recuerda que también de las cosas negativas, se puede sacar lo positivo. Hay que reconocer los diferentes caracteres, actitudes y comportamientos. Pero, también se debe controlar y equilibrar las emociones negativas que hay en ti. Inténtalo y verás...

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.