Temas Especiales

06 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Inusitada muerte de ‘piedreros’

Hasta donde yo conozco ‘piedrero’ también es el drogadicto que por no tener suficiente plata, compra y consume el popular subproducto de...

Hasta donde yo conozco ‘piedrero’ también es el drogadicto que por no tener suficiente plata, compra y consume el popular subproducto de la cocaína llamado ‘piedra’, muy parecido a trocitos de roca blancuzca. En las barriadas de San Antonio y Cerro Viento llegó un tiempo en donde estos jóvenes se posesionaban de las entradas de los minisuper para pedir dinero a cuanta ama de casa se atreviese a mercar.

Y no necesitaban mucha plata para comprar la piedra y así satisfacer sus ansias, esa droga era barata y sus efectos siendo un residuo anabólico fueron estrepitosamente adictivos.

Me cuentan que algunos muchachos desde la primera ‘jalada’ no retornaban jamás a la normalidad. Entre las peores consecuencias de esta triste adicción tenemos: La deserción escolar, la peregrinación continua en algunos muchachos que quedaron loquitos, buscando en los tinacos unos y caminando desnudos otros en las calles.

De 1980 hasta el 2,000 la población de adictos en estas barriadas comenzó a recibir el rechazo total de sus familiares, que no los botaban de las casas, pero tampoco les facilitaban dinero.

En términos generales los parientes preferían que sus enfermos mentales vendieran desde las herramientas de la casa, hasta el último utensilio de cocina para mantenerse a gusto. Sucedió que desde el 2008 desapareció del mercado clandestino la famosa piedra.

Y, como si fuese una orden de Wall Street la venta de drogas de laboratorio suplantó a los fármacos. Así como los fármacos superaron al canyac (Aunque todavía hay mariguanos dando vueltas por ahí, parece que la pata del diablo no mata).

Fue cosa del mercado entonces, pues los pepenadores no llenaban las expectativas de los fabricantes de laboratorio.

Y, entonces las famosas hileras de automóviles atestados de jóvenes fiesteros, dejaron de pasar por ciertas calles de estas barriadas porque la piedra había desaparecido. ¿Que pasó?... Pues, que la noticias de las nuevas y carísimas drogas de laboratorio como el ‘éxtasis’ hicieron que muchos como no tenían plata, comenzaran a aspirar pegamentos, y hasta el humo de pequeñas hogueras de discos compactos.

Ya han muerto siete de los que yo conocía y estimaba como seres humanos (los pulmones no aguantaron). Ya no los veo tumbando los mangos y frutas de la servidumbre. Tal vez por eso las avispas que hace años zumbaban y se metían en mi primer tacho de café, han regresado junto con los pericos y las chorotecas.

Paz en la tumba de estos amigos, que los mató el alza de la canasta básica de drogas.

Yo fracasé, porque nunca me hicieron caso, me decían que estaba loco... Yo creo que tenían razón, pues para vivir como lo he aprendido yo, en esta tribu de conurbaciones confusas y paridoras del agobio, hay que estar bien loco.

*ESCRITOR COSTUMBRISTA.