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28 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La universidad y la patria

Nuestra Universidad de Panamá (UP), la universidad del pueblo y nuestra Patria han sido secuestradas. Basta una leve mirada a ambos hori...

Nuestra Universidad de Panamá (UP), la universidad del pueblo y nuestra Patria han sido secuestradas. Basta una leve mirada a ambos horizontes para que no tengamos la menor duda de ello. Si escudriñamos la universidad, por ejemplo, reconoceremos que, prácticamente, no hay un órgano de gobierno que no esté bajo el dominio del señor rector. Para muestra un botón: en la campaña pasada a la rectoría, todo un Consejo General Universitario (nuestra máxima autoridad, según los Estatutos) votó a favor de la modificación de un artículo de nuestra Ley Orgánica universitaria, para que el rector Gustavo García de Paredes se pudiera reelegir.

Como si esto fuera poco, toda una asamblea modificó el artículo en mención, con el fin de ratificar la actuación del CGU. Aquí no acaba el cuento, pues el doctor Miguel A. Bernal interpuso un recurso ante nuestra Corte Suprema de Justicia, consignando el quebrantamiento de nuestras leyes, puesto que éstas no son retroactivas. De nada sirvieron las leyes, los desvelos, las ilusiones, los sueños, la Corte Suprema simplemente desecho la demanda. Si en la UP llueve en nuestra patria no escampa. ¿Queda claro el panorama? ¿No está claro? Otro botón para la muestra: los estudiantes de Agronomía se han lanzado a las calles por el pago de los terrenos de Tocumen. Preguntas, ¿Por qué permitimos todos los universitarios que vendieran esos terrenos, parte de nuestro patrimonio, una de las cosas más sagradas que tiene el hombre, la tierra? ¿Quién es el responsable de esta venta, que no es la única? Un grupo de estudiantes de agronomía se presentó en Canal 13 y le preguntaron ¿qué había dicho el rector al respecto? Uno de ellos respondió que ellos hablaron con el rector pero no obtuvieron respuestas.

Siguen las preguntas, ¿Cómo es posible que nuestra UP, con tantos planificadores que tiene, haya vendido los terrenos de Tocumen sin haber asegurado, primero el destino de esa facultad (véase al respecto el notable artículo ‘Terrenos de Tocumen: la excusa perfecta para un negociado’, publicado en La Estrella de Panamá el 23/11/13). ¿Ahora, estudiantes de nuestra UP, tienen claro por qué para elegir a un rector el voto de los profesores es el que más vale; el por qué de la ponderación del voto universitario? ¿Ahora tienen claro por qué un slogan de la campaña pasada del rector Gustavo García de Paredes fue aquel de ‘¿Por qué cambiar el rumbo?’ ¿Ahora tienen claro por qué la UP dejó de ser conciencia crítica de la nación? ¿Ahora tienen claro por qué nuestra universidad, al igual que nuestra patria, —en términos de Amelia D. de Icaza— en el abismo del no ser se hundió? Todas las respuestas llegan a un mismo punto, el de mantener un sistema corrupto y una universidad secuestrada. E igual sucede con el país. Pueblo panameño, todos, pero todos, los objetivos de la educación de cualquier país del mundo (capitalista, socialista, comunista), pueden clasificarse en dos grandes categorías: 1) o sirven para someter al hombre, y 2) o sirven para liberarlo. ¿Tú crees, panameño golpeado por el tranque que las ‘grandes’ transformaciones curriculares ‘de Lucy Molinar’ y de nuestra universidad sirven para liberarnos? ¡Pues claro que no!. Las personas siempre hemos sido víctimas del engaño ajeno y del propio, y lo seguiremos siendo mientras no sepamos discernir que detrás de cada declaración —o acción— política, ética, académica, etc., se esconde un interés de clase (V.I. Lenin).

Para ‘terminar’. Señor presidente una vez le pregunté si quería un cara a cara con la corrupción, y lo invité a que fuera a la UP porque por allí se pasea desnuda. Y hoy le hago la misma pregunta, con el objeto de poner en evidencia la relación, conexión, identidad, que existe entre los secuestros de nuestra universidad del pueblo y el de nuestra patria. ¿Señor presidente, con todo respeto, usted que ‘si es un hombre’, QUIERE UN CARA CON LA CORRUPCIÓN?. ¡Mírese al espejo!

* El autor es profesor

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