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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Las demandas sociales como trampolines para negocios y demagogia politiquera

Contraste dicotómico se mantiene en el país, por un lado un ‘boom económico’ y por el otro lado ‘indicadores sociales precarios’. Esta d...

Contraste dicotómico se mantiene en el país, por un lado un ‘boom económico’ y por el otro lado ‘indicadores sociales precarios’. Esta dicotomía marca las prioridades que han prevalecido en materia de políticas públicas. Frente a ello diversas organizaciones del movimiento social a nivel mundial, e incluso organismos internacionales vinculados a temas sociales y ambientales, promulgan la propuesta de caminar a la construcción de ‘Ciudades sostenibles’, la cual es entendida como una ciudad que recupera y potencia su vida propia, y por tanto la de sus habitantes, mientras favorece la regeneración y el respeto de su entorno natural, así como la cohesión social, la educación para la paz y la integración cultural. Es una ciudad que se construye a si misma tomando como elemento principal, de acuerdo a unos principios económicos, ecológicos y de bienestar, a las personas y equidad social para sus habitantes. Se trata de una lectura social integral que clama por un concepto de ciudad que, en lugar de responder a la inercia de mercado, contemple los principios del desarrollo humano sustentable.

Por otro lado, desde el sur de América Latina, algunas organizaciones del movimiento social y gobiernos, vienen planteando el proyecto del ‘buen vivir’ como proyecto planificado de la política económica. Se trata, entre otras cosas, que el gobierno se preocupa por el bienestar de su gente y las comunidades. El buen vivir, es la satisfacción plena de las necesidades básicas de toda la población, es decir dotarle de todo aquello que le ha sido negado a la mayoría de la población en los gobiernos excluyentes y neoliberales.

En Panamá, a diferencia de lo que aspira las grandes mayorías de la población, la partidocracia se sienta en ejecutar un proyecto de exclusión social, que se orquesta con el neoliberalismo. Es decir, por encima de los requerimientos que apunten a una vida digna de los panameños. El modelo económico que nos han impuesto los gobiernos, ha privilegiado la obtención de máximas ganancias para unos pocos, lo que conduce a una alta concentración de la riqueza, registrándose en 105 personas que poseen más millones que el endeudamiento público del país.

Las necesidades básicas insatisfechas de más del 35% de la población dan muestra de la profunda inequidad social que reina en Panamá, a pesar que los indicadores macroeconómicos señalan que esta economía crece.

La partidocracia que una vez más coloca a los pobres en su demagogia electoral, es responsable de la inequidad e injusticia que prevalece en el país. Son ellos los que vienen desmantelando el agro para favorecer los intereses de importadores y distribuidores; los que permiten proyectos lesivos al ambiente; son los responsables del alto costo de vida; son los responsables que los asalariados y consumidores paguen más impuestos mientras a la gran empresa y a las transnacionales se les reduce o exonera; son quienes en una política sistemática generan condiciones caóticas en los servicios de educación y salud para justificar su privatización; son los que mantienen el déficit habitacional y, sin embargo, promueven leyes de cárcel para los sin techos y sin tierra; son los que han llevado adelante la corrupción y la impunidad; los que aúpan los bajos salarios, la informalidad laboral, la no prestaciones de seguridad social; los que han llevado a que el 41% de los pensionados sean pobres.

Bajo este estado de situación, gobierno y partidocracia, recurren a campañas millonarias que buscan hacer olvidar al pueblo su conducta plagada de mentiras, engaños, corrupción y represión. Utilizan las demandas sociales como trampolines para negocios y demagogia politiquera, mientras que en cuartos refrigerados se reparten ganancias y llegan a compromisos electoreros.

Es necesario luchar contra los gobiernos de los políticos mentirosos, delincuentes y corruptos que jamás les ha importado dar respuesta a las necesidades del pueblo.

Un gobierno del pueblo es posible, vencer la partidocracia es posible. Hoy el pueblo cuenta con su propia alternativa electoral, el Frente Amplio por la Democracia.

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO