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02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

A 50 años de una lucha ejemplar

9de Enero de 1964; 9 de Enero de 2014. A 50 años de aquella gesta heroica. Como en ninguna otra fecha de nuestra historia, el sentimient...

9de Enero de 1964; 9 de Enero de 2014. A 50 años de aquella gesta heroica. Como en ninguna otra fecha de nuestra historia, el sentimiento por la patria, la panameñidad convertida en orgullo, la rebeldía justificada del ser nacional, se expresó como en aquel momento donde los estudiantes defendieron, con su sangre joven y conciencia madura, el derecho de la tricolor ondear, con el empuje de las suaves brisas del cerro Ancón, en el territorio ocupado. TERRITORIO HOY EMBELLICIDO POR UNA SOLA BANDERA.

Las protestas de enero no eran ajenas al patriotismo impregnado en los corazones juveniles de la patria. Se había construido en la conciencia estudiantil el firme reclamo de ‘un solo territorio, una sola bandera’. Treinta y cinco años después de aquella gesta (31-12-99), que fue gloriosa, aunque también de luto y dolor, se cumplió el sueño generacional: la presencia de EE. UU. llegó a su fin.

William Jorden, embajador del gobierno de Lyndon Johnson (1963-1969), afirma en su obra La Odisea de Panamá que ‘nadie pensó en Panamá en 1964 que el izar la bandera de su país frente a una escuela secundaria un grupo de irreflexivos estudiantes estadounidense, pondría ser el principio del fin de la forma de vida que tanto ellos como sus padres tanto ansiaban preservar’. Así es, porque la soberanía que hoy disfrutamos tiene como actores de primera fila a esa abnegada juventud.

La lucha nacionalista tenía un camino recorrido (1947, 1958-1959). Cuando el gobernador Robert Fleming, anuncia oficialmente, en diciembre de 1963, que las banderas de Panamá y Estados Unidos ondearían junta en diecisiete lugares de la Zona del canal, y que la bandera estadounidense no lo haría en otros sitios: escuelas y tribunales, estaba, con esta medida, aceptándose el reclamo enérgico de muchas generaciones, cuyo fervor soberano y disposición de lucha hacía insostenible la negación zoneítas de que se izara la enseña patria como correspondía.

Hay un hecho que no es ajeno a los incidentes. El tipo de dominio colonial, ultrajante y apropiador, establecido por el poder estadounidense, desde inicios de la ocupación, generó en los norteamericanos residentes en la Zona, un sentimiento de pertenencia, de apoderamiento de la ‘Canal Zone’. Ello explica la actitud de los estudiantes de la Escuela de Balboa y Coco Solo, en Colón, de izar la bandera, la de ellos, que era la de Estados Unidos, en sus respectivas escuelas donde, por acuerdo, no debía hacerse.

La reacción consecuente, contestataria, de los institutores (con sus efectos en Colón) se hizo sentir con la bandera en la mano y la decidida postura de que en el asta donde los estudiantes zoneítas izaban la ‘rayada extranjera’, tenía, también y, principalmente, que izarse la tricolor panameña. Ese asta debe eternizarse como patrimonio nacional, símbolo de la juventud rebelde y patriótica.

La conducta patriótica de nuestra juventud recibe, como repuesta, el ataque inmisericorde de los militares de EE. UU., repitiéndose, como en otros tiempos, el ultraje y la cobardía de la superioridad castrense acantonada en nuestro propio territorio. Las consecuencias son conocidas. La sangre derramada escribe una de las páginas dolorosa de la patria. Y aunque los agresores trataron de tergiversar los hechos, lo cierto es que la gesta era, más bien, una bella —aunque triste— expresión en defensa de la nacionalidad.

El recorrido por las calles, el cantar de las consignas, las piedras lanzadas, los heridos, los caídos, sus aspiraciones y sueños hoy logrados; en todo esto está el emblema de una gesta heroica que cumple 50 años, y que jamás hay que olvidar.

HISTORIADOR - PARLACEN.