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01 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Es censurable el transfuguismo?

Fui legislador (diputado) en plena dictadura (84-89). Además de los del PRD y el partido del cuñado de Noriega, Ramón Sieiro, PALA (Mayí...

Fui legislador (diputado) en plena dictadura (84-89). Además de los del PRD y el partido del cuñado de Noriega, Ramón Sieiro, PALA (Mayín Correa y Arturo Vallarino, entre ellos), fuimos electos panameñistas, molirenas y demócratas cristianos. Se rumoraba que algunos opositores se habían vendido a los militares por unas cuantas monedas. Nunca se dieron cambios de partidos ni nada parecido; no se pudo probar que nadie se vendiera, a pesar de las sospechas.

El transfuguismo es sinónimo de traición. Quien lo práctica casi no lo puede justificar, porque lo hace por motivos ilegales e inconfesables, socialmente inaceptables, sobre todo cuando, al poco tiempo de ‘ver la luz’, modifica su estatus de vida sustancialmente, entrando en un círculo social que antes nadie le conocía. No sé quién es peor: el que compra a un diputado o a un representante de corregimiento o el que se vende o se arrienda.

Nunca antes en la historia del país se había conocido esta figura con tanta intensidad. En el pasado, como mencioné ocurrió en el 84-89, aún en tiempos de militares, todo se hacía con más recato y sin alharaca. A la gente le daba vergüenza que se dieran cuenta que se había vendido o que su voto era otorgado a cambio de alguna prebenda o favor. Ahora como que la desvergüenza se ha apoderado de algunos malos políticos.

En el tiempo de la democracia entre el 89 al 2005 esta deleznable práctica no fue conocida a nivel legislativo, aunque sí se dieron algunos cambios por intereses, como fue el caso de algunos demócratas cristianos que se quedaron en el gobierno de Endara después de su rompimiento con el PDC, y el de dos secretarios generales del Molirena que se cambiaron al PRD; casos muy aislados.

El tránsfuga es un traidor; alguien sin lealtad alguna. En política, como en todas las actividades humanas, el que traiciona una vez, lo hace otra vez. El problema es que en esta ocasión todo pareciera que muchos de los que han sido tránsfugas en este periodo no serán reelectos, con lo cual no tendrán la oportunidad de meterle el puñal a quienes le dieron lo que motivó su traición. Los tránsfugas tienen un gran problema: los ven mal todos. Los antiguos compañeros los desprecian por lo que hicieron; los nuevos no confían en ellos; los miran de reojo. Ejemplo lo dan los casos de los alcaldes tránsfugas de Colón y San Miguelito que perdieron en las primarias del partido oficial.

Durante la convocatoria a las reformas constitucionales propuse, entre diversas reformas que alenté, que se tipificara como delito el transfugismo, por el engaño que el mismo implicaba contra los electores que habían escogido a alguien en un partido para que después se cambiara a otro. Si hay voluntad política bastaría con aplicar la Constitución Política, que en su artículo 151, penúltimo párrafo, dice textualmente: ‘Los partidos políticos también podrán, mediante proceso sumario, revocar el mandato de los Diputados Principales y Suplentes que hayan renunciado a su partido’.

Espero que la experiencia electoral del presente año nos dé como resultado que al final no es negocio cambiarse; como dirían popularmente: ‘El que se cambia, lo fusilan’. Que no paga ser tránsfuga, así como no paga cometer un crimen, en este caso electoral. Ojalá que los electores se encarguen de enseñar a quienes por cosas materiales son capaces de vender su conciencia al mejor postor y traicionar al que sea. En dar esa lección el voto se convierte en el arma de cada uno. Por el respeto a la dignidad humana y a la ciudadanía, esta reprochable práctica debe desaparecer de nuestra política para siempre.

ABOGADO Y POLÍTICO.