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28 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La sabiduría de enseñar

Sostengo que una de las profesiones más difíciles de ejercer, es la de enseñar. Seguramente porque no poseo ni la más mínima vocación pa...

Sostengo que una de las profesiones más difíciles de ejercer, es la de enseñar. Seguramente porque no poseo ni la más mínima vocación para ello, la desesperación de no hacerme entender adecuadamente, es la frustración que me embarga; razón por la cual admiro la sagrada misión del MAESTRO. Me llamó muchísimo la atención el título de este libro de la autoría de la Lic. Isabel Arosemena; con el cual cumple varios propósitos, que ella misma expone y otros que me voy a permitir resaltar a lo largo de este breve comentario.

Es un libro que hasta cierto punto es biográfico, porque trata en detalles la vida de un insigne educador coclesano: Octavio Antonio Arosemena Begovich, padre de la autora de esta obra literaria; pero así mismo en forma de pinceladas, ofrece una serie de datos históricos, discursos decretos, editoriales de periódicos y revistas, resoluciones de gran valor histórico; respaldado por una antología de textos de educación, testimonios, fotos, títulos obtenidos por su padre que le dan un alto grado de veracidad y autenticidad a esta valiosa obra; rescatados gracias a su intensa investigación de campo, en las distintas bibliotecas, periódicos y oficinas públicas del país.

Más que referirme al contenido propio de la obra; analizarlo o desmenuzarlo como debe ser; quiero destacar, varios aspectos que según mi humilde opinión la hacen sumamente interesante, didáctica; que permite dejar de lado la posibilidad de aburrimiento al abrir sus páginas, porque, por ejemplo: separa hábilmente cada aspecto de la vida del personaje principal, destacando los sobresalientes sin mezclarlos o contaminarlos con los otros de gran importancia también; como es el caso de los relatos de la infancia, los parientes de don Octavio; sus estudios culminados en el Glorioso NIDO DE ÁGUILAS, en donde obtuvo su título de Maestro de Primera Enseñanza en 1924; luego en la Universidad de Panamá, en 1940, se recibe en la carrera de Administración Pública y CPA, en 1945.

Interesantes los aspectos de la vida familiar de este prohombre de la educación nacional, que producto de una familia numerosa, dio muestras de ser un ciudadano probo al contraer matrimonio con Celia Pimentel, educadora escritora y fundadora de bibliotecas; del cual no hubo hijos entre ellos, pero cada uno tenía una hija, cuyas adolescencias compartieron. Luego del fallecimiento de Celia; formaliza su unión con María Beitía, con quien procrea nueve hijos, más tres que ya tenía María; se dedican a la educación de aquella prole.

Su época educativa, por ejemplo, estuvo preñada no solo de éxitos profesionales, sino de grandes logros para su natal Penonomé, para toda la provincia coclesana y del país entero; como maestro de Artes Industriales, supervisor de Educación, inspector jefe, profesor y director de las escuelas República de El Salvador, República de México y Justo Arosemena.

Fue hombre de letras, realizó diversas publicaciones, escribió innumerables artículos sobre temas diversos, poemas que no dejan ninguna duda de sus cualidades de buen escritor. Destacó en la política, como delegado de partidos políticos en diferentes épocas, en 1935, 1939; desde 1940, hasta 1968, ocupó diferentes posiciones políticas dentro de los partidos de mayor importancia en el país.

Don Octavio Antonio Arosemena Begovich, fue ante todo un verdadero servidor público, destacando su actuación como administrador en los Correos Nacionales, como auditor de la Caja de Seguro Social, secretario del Instituto Nacional en 1955. Perteneció a la Logia Rosacruz y fue fundador y primer maestro del capítulo AMORC de Panamá. De igual forma, fue miembro activo del Centro Social Penonomeño en 1929, conformado por profesionales destacados de la época y en 1950 se convierte en miembro fundador del Club de Leones de Penonomé.

Es prudente resaltar la personalidad polifacética de este insigne educador coclesano, que, siento, no se le ha hecho un justo reconocimiento por su valioso aporte a la cultura, a la educación, a las letras de este país. Ojalá este breve recuento de La sabiduría de enseñar, libro que con cariño, con mucha perseverancia, alto grado de entusiasmo y de satisfacción personal ha logrado Isabel Arosemena; sirva de ejemplo, de referencia a los educadores de hoy y a los que pretenden ejercer esta loable profesión, que, más que ello, es y debe ser un apostolado. Le ablande el corazón e ilumine las mentes de quienes regentan o dirigen el Ministerio de Educación, para que este libro sea utilizado como obra de consulta en los colegios públicos y privados de todo el país, dotando a las nuevas generaciones de una herramienta bien documentada, que sin duda aportará ideas concretas a los erráticos proyectos educativos actuales.

ESCRITOR, COMPOSITOR Y FOLCLORISTA.