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17 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Retorno a las cavernas

No puedo permanecer callado ante el grave sufrimiento del pueblo venezolano y pregunto: ¿cómo puede un ser humano, con sentimientos de s...

No puedo permanecer callado ante el grave sufrimiento del pueblo venezolano y pregunto: ¿cómo puede un ser humano, con sentimientos de solidaridad hacia sus congéneres, permanecer callado ante el espectáculo dantesco que vemos suceder días tras días en ese país? Yo no puedo.

Lo que sucede en Venezuela es inaudito. Vemos con horror escenas que hacen pensar que el hombre, con sus miles de años de avance material, no ha perdido su mentalidad cavernícola. ¿De qué otra manera se podría catalogar a los continuos actos de odio y saña de hombres y mujeres ‘modernas’ como vemos suceder en Venezuela? Bastan dos ejemplos de actos de inhumana crueldad y cobardía como los de centenares que ha observado el mundo entero: vemos a dos soldados, golpear y luego patear en la cabeza a un joven tirado indefenso en el suelo; también, a una mujer militar, ayudada por dos soldados, golpear con su casco a una mujer indefensa en el suelo. ¿Son estos, actos de ‘hombres y mujeres civilizados’? o más bien, ¿propios de ‘cavernícolas’? ¿Cómo puede alguien con sentimiento humano permanecer apacible ante tanto acto de barbarie? Yo no puedo.

Pero, aún más vergonzoso, ¿cómo puede un ser humano con inteligencia aceptar la cínica tesis del gobierno venezolano de que son ‘garantes de los derechos humanos’, que las manifestaciones, parte de un complot del ‘Imperialismo’ yanqui, son manipuladas por los medios internacionales y que los actos de violencia los cometen los desarmados manifestantes en su gran mayoría jóvenes estudiantes? Y, lo aún más deplorable, el apoyo irrestricto que recibe el gobierno venezolano de gobiernos, incluyendo el del presidente de Uruguay, que sufrió y luchó contra una tiranía similar en su país? Ante este silencio cómplice, no puedo menos que aplaudir la actitud de nuestro gobierno por su valentía en ser parte de la rara excepción que grito ¡Basta ya!

¿Dónde está la OEA? ¿Es tan poderosa la chequera de petrodólares de Venezuela que logra el silencio culposo hasta el de su secretario general? ¿Qué pasará con ellos cuando se acaben los petrodólares, como ya es evidente va a suceder? ¿Seguirán apoyando el gobierno actual? Lo dudo.

La situación social y económica en Venezuela es insostenible. No lo digo yo; lo dicen los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Su gobierno actual está destinado a caer, la Historia lo dictamina, es un hecho inexorable. Si bien es cierto, como bien lo expresa el genial Quevedo, ‘Poderoso caballero es don Dinero; Madre, yo ante el oro me humillo...’; no menos cierta es la realidad de que esa lealtad, esa humillación, termina cuando el oro se acaba. Igual sucede con los puestos públicos. La lealtad, casi por norma, es al puesto y no a la persona. Se engañan los políticos y gobernantes, aquí y allá, al creer que seguirán con el mismo nivel de lealtad y popularidad al dejar el puesto. En su egocentrismo, olvidan que la fama es efímera, que traiciona y que las masas son veleidosas, como dijo don José Ortega y Gasset. Muchos seguramente terminarán sus días en las cárceles.

Aparte de sufrir dolor y vergüenza ajena y manifestar mi solidaridad con el pueblo venezolano, siento temor ante el silencio culpable de la mayoría de los miembros de este Pueblo de América, el creciente desprestigio de las clases políticas tradicionales y el resurgimiento de las izquierdas totalitarias, tendencias que confirma el evidente ocaso de las democracias en esta Región. Entonces, es lógico preguntarse: ¿no estaríamos los panameños expuestos al riesgo que nos suceda algo similar?

Todo es posible en esta Viña del Señor, decía con sabiduría mi abuela. Por lo tanto, obliga a estar atentos a lo que sucede en nuestro alrededor y al riesgo de contagio. Hemos visto cómo gobiernos electos democráticamente, bajo promesas de cambio y un mundo mejor para las masas, se transforman en regímenes autócratas y dictatoriales. Los hemos visto silenciar los medios, ignorar las constituciones, perseguir y violar los derechos humanos; deshonrar sus promesas y perpetuarse en el poder. !Atentos que no nos suceda!

Por las razones antes expuestas no podemos quedar apacible ante la situación en Venezuela y a nuestro alrededor y asumir, ingenuamente, que estamos exentos. Es una razón más para ser ultracuidadoso con nuestro voto en mayo.

A los políticos criollos les regalo un sabio adagio romano, aconsejándolos lo adapten como mantra, especialmente en esta época de ‘fiesta electoral’: ‘Cum fovet fortuna, cave, namque rota rotunda’ (‘cuando la fortuna favorece, ten cuidado, porque la rueda gira’).

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.