Adiós a Félix Barrios, la pluma que incomodó al poder

Durante la dictadura, su dibujo clandestino “Esta piña se acabó” se convirtió en símbolo de resistencia

El reconocido caricaturista panameño Félix Barrios falleció este martes, así lo confirmó los familiares a La Estrella de Panamá.

Barrios, quien formó parte del equipo de La Decana, tenía más de 40 años de carrera, que inició a los 18, cuando ya dibujaba en medios nacionales.

Durante la dictadura, su dibujo clandestino “Esta piña se acabó” se convirtió en símbolo de resistencia.

“Todo el mundo la tenía escondida”, recuerda Barrios, durante una entrevista con La Estrella de Panamá, en el 2025.

Su arte ha molestado al poder, pero también ha abierto ojos.

“Me han llamado ministros para agradecerme. No gustamos a todos, pero todos nos leen”, dijo.

Caricatura alusiva a la Selección Nacional
Caricatura que muestra los riesgos que viven los estudiantes de dificil acceso para llegar a sus escuelas.
Caricatura expresando los momentos del presidente de la Repúbica,José Raúl Mulino, sobre los cuestionamientos de Estados Unidos hacia el Canal.
Tiempo de dictadura

La profesión no está exenta de riesgos. Félix recuerda con claridad los días de la dictadura militar en Panamá, cuando una de sus caricaturas —realizada en la clandestinidad— lo puso en la mira del régimen de Manuel Antonio Noriega.

“Llamaron al director del periódico donde trabajaba para preguntar si yo lo había hecho. Yo le decía que cualquier día me podían encontrar en una zanja”, relata entre risas.

El director lo defendió alegando que el dibujo no era suyo. Pero sí lo era. Lo había hecho con apenas 19 años, “con tanto cariño que nunca he vuelto a hacer una igual de buena”, confiesa.

Esa caricatura, la que decía “Esta piña se acabó”, terminó siendo estampada en camisetas durante la invasión estadounidense. Hoy, conserva una fotocopia de aquel dibujo que se volvió un símbolo de libertad.

Este arte a veces incomoda, a veces molesta y otras veces es celebrado. Félix ha recibido amenazas y demandas. Pero también agradecimientos.

“Me han llamado presidentes y ministros para decirme que gracias a una caricatura se dieron cuenta de algo que estaban haciendo mal”. Para él, el papel del caricaturista es claro: “Abrirle los ojos a la gente”.

“Nosotros muchas veces reflejamos lo que está mal: la corrupción, el mal manejo de los fondos públicos. Eso molesta. Pero es nuestra función”, resume Félix.

Y añadió una verdad difícil de ignorar: “No le gustamos a todo el mundo, pero el 90% de la gente ve la caricatura para saber qué está pasando. No necesitan leer. Con verla, ya saben”.

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