Universidad, conocimiento y desarrollo nacional

  • 06/09/2014 02:00
"Las instituciones de educación superior son responsables por la casi totalidad de las investigaciones"

Entre las tendencias más reconocidas de la sociedad del SXX, la generación, transferencia, aplicación y gestión del conocimiento, se erige como una de las más importantes y decisivas para el progreso de las naciones. Esta constatación es visible ya en los países más ricos y tiene un lugar privilegiado en las políticas de sociedades emergentes.

Las instituciones de educación superior son responsables por la casi totalidad de las investigaciones, de las patentes e innovaciones, realizadas dentro de sus fronteras nacionales, así como de la formación del talento y la materia gris que hace posible este cambio en el modelo económico. El conocimiento, capital determinante del progreso y el futuro de los países, reside primordialmente en las instituciones universitarias. Es así que cuanto más respaldo reciben de sus gobiernos y mejor definidas estén las prioridades en sus políticas públicas, mayor será el impacto de las universidades en la producción, el empleo, la competitividad, la cohesión y el bienestar social de sus países.

Si el entorno se transforma, también las universidades están urgidas de cambiar para asumir un mayor protagonismo dentro de estas nuevas demandas sociales. Muchos de estos nuevos roles empiezan a visibilizarse en algunas universidades y otros entran a ser parte de sus planes de mejora. El III Encuentro de Universia, que reunió en Brasil, en julio pasado, alrededor de 1200 rectores de universidades de 23 países iberoamericanos, EE. UU., Inglaterra y Singapur, gracias a la contribución del Banco Santander, anotó con bastante claridad los esfuerzos que los países y sus universidades están realizando, y otros que están llamados a impulsar para avanzar hacia el cumplimiento de sus objetivos de desarrollo.

Como una tendencia compartida por un número plural de universidades, se observó la ampliación, diversificación y renovación de la demanda de formación, la creación de cualificaciones y modelos educativos; el aumento y la diferenciación de la oferta universitaria y de la educación transnacional; la creciente e importante internacionalización; la consolidación de nuevos esquemas de competencia y cooperación universitaria; una gestión eficiente de la generación, la transmisión y la transferencia del conocimiento al servicio del desarrollo y la cohesión social; el surgimiento de componentes educativos digitales; y la adopción de nuevos esquemas de financiamiento y organización.

En la Carta Río 2014, se expresan las grandes orientaciones que pueden servir a las universidades para navegar durante los próximos años, con mayor certeza, en esta compleja sociedad global con las herramientas del conocimiento. Entre ellas se apunta a: la responsabilidad social y ambiental (ética, humanismo, atención a la diversidad); la mejora de la información en cada institución y en la región, la atención a las expectativas de los estudiantes; la formación continua del profesorado y mejoramiento de los recursos de aprendizaje.

Igualmente, la Carta pone énfasis en una enseñanza de calidad asociada a las demandas sociales, (competencias, habilidades sociales, enfoques interdisciplinarios, acreditación de programas e instituciones); la mejora de la investigación, la transferencia de sus resultados y la innovación; ampliación de la internacionalización y las iniciativas de movilidad (docente y estudiantil); utilización plena de las tecnologías digitales; nuevos esquemas de organización, gobierno y financiamiento (atracción de talentos, gobernanza flexible y participativa, nuevos recursos públicos y privados para invertir en el conocimiento).

Todas estas orientaciones cobran mayor sentido, con la creación y puesta en ejecución del espacio iberoamericano del conocimiento, que facilite los intercambios, el reconocimiento de estudios, créditos y títulos; la creación de redes de investigadores y docentes, la cooperación interuniversitaria y la formulación de política públicas en favor de sus universidades y del sistema educativo en general.

Las universidades panameñas, en general, han dado pasos positivos durante los últimos años para enfrentar con éxito las nuevas demandas de la sociedad y la economía. Un compromiso mayor con la calidad de la oferta universitaria, parece estar en la base de las preocupaciones y decisiones que adoptan las autoridades universitarias. Estas decisiones se refieren en general a una mayor atención a la pedagogía y la didáctica universitaria y la actualización de sus docentes, la revisión y actualización de los diseños curriculares de carreras y programas de postgrado, el empleo de tecnologías de la información y el conocimiento.

El compromiso asumido con la autoevaluación y acreditación institucional y de carreras, ha sido un paso en firme y positivo en la dirección correcta. El futuro de la comunidad universitaria panameña viene acompañado de grandes oportunidades, pero, sobre todo, de inmensos desafíos académicos, gerenciales, sociales, financieros y de gobernanza en sintonía con las demandas de la sociedad naciente. En esta esfera de acción, la articulación y colaboración interuniversitaria, la movilidad de sus actores y una atención prioritaria del gobierno y la empresa privada crearán el espacio de encuentro fértil y de confianza que favorezca el aporte de las universidades al desarrollo nacional.

*DOCENTE UNIVERSITARIO.

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