Comercios que aún entregan bolsas plásticas y consumidores que las exigen reflejan los desafíos pendientes para el cumplimiento de la normativa ambiental...
El círculo vicioso de las pandillas: drogas, delincuencia y muerte
- 01/07/2013 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️A Moisés no le incomoda hablar del pasado, lo narra con naturalidad aunque al recordarlo se le nota cierta nostalgia entrecortada con arrepentimiento. De aquellos momentos recuerda en particular cuando vivía en una casa con piscina en San Francisco, tiempos cortos aquellos donde no se podía calentar la cama por huir de la ley y del enemigo.
Son las diez y media de la mañana y nos encontramos en la avenida A de El Chorrillo frente a la fundación Movimiento Nueva Generación que dirige Héctor Brands.
Mientras llega Héctor, Moisés me cuenta que era el cabecilla de una banda asaltabancos en la ciudad. ‘Bobincho’, como le apodaban, llegó a ser tan temido por el centro bancario que colgaron su foto en las paredes de los bancos para que el personal estuviera al tanto.
Sus hazañas malévolas lo llevaron a la cárcel en más de cinco ocasiones, y seis veces se fugó. Entre ellas de la paradisíaca Coiba, una isla que fue utilizada como colonia penal situada a una hora en lancha del sur de Veraguas.
—Desde ahí buscaba cómo meter algo que me generara dinero para mandar a casa —dice Moisés, quien agrega que entre las rejas culminó su quinto año escolar Mandaba a comprar droga afuera y se las ingeniaba para meterla, así logró sobrevivir en el encierro y enviar dinero a sus hijos. Hoy tiene diez.
Pero las mañas aún las mantiene. En pocos minutos muestra su astucia en el negocio y relata todo un plan logístico y de inteligencia que implementaría para asaltar un banco. Pertenece a la zona de ‘patio sucio’, donde hay una pandilla del mismo nombre alineada a otra de las más fuertes en estos días.
Recuerda cuando se llevaron $40 mil de una sucursal y los billetes estaban marcados de rojo, quedaron regados por todas partes; ‘¿se acuerda?, ese fui yo’.
Fueron otros tiempos. Ahora en su boca tiene la palabra de Dios que repite constantemente desafiando a Satanás.
Libró a la muerte en varias ocasiones, y aunque los bolsillos no tienen tantos verdes como antes, se llena de fe y le pide fuerzas a Dios para continuar la promesa que hizo por sus hijos: no delinquir más.
ZONA DE GUERRA
El Chorrillo consta de 10 cuadras donde operan 14 pandillas aglutinadas en tres grupos que tienen dominio del territorio dividido por cuadrantes. No hay libre tránsito.
—Para la cuadra de enfrente no puedo coger, tengo que estar cambiando de carro, me conocen el carro paila (bala)’, dice señalando los edificios ubicados a menos de cien metros.
Para quien nace dentro de este mundo su referencia ideal de modelo de vida es la que imprime la pandilla. Observa cómo se desarrolla el estatus de su líder y compara el esfuerzo que debe hacer, incluso para superarlo, así le es más fácil incorporarse a ellos tomando en cuenta las dificultades que presenta la cuadrícula de su geografía.
La única figura que ven del Estado es la policía, una imagen, hasta el momento represiva, que intenta cambiar la percepción de la comunidad con un nuevo programa comunitario recién implementado, que busca una proximidad con los uniformados apostados en cada esquina del barrio.
Algunos de los 390 policías desplegados en El Chorrillo y Santa Ana pretenden renovar los lazos de confianza y servir de vínculo entre el ciudadano y sus necesidades.
Un modelo exitoso en las favelas de Brasil que se imita en los barrios rojos de la ciudad de Panamá.
En El Chorrillo aún no se garantiza el libre tránsito de una cuadra a otra, pero las autoridades apuestan a que surta iguales o mejores resultados que en Curundú, donde ya se ensayó. La gran diferencia es que en El Chorrillo no se han desarrollado planes para emplear a sus residentes como se hizo con la construcción del proyecto habitacional Nuevo Curundú.
Los chorrilleros no encuentran un Estado beneficiario, el rol lo toman las organizaciones criminales, las iglesias evangélicas y los políticos cuando están en torneos electorales. En realidad el concepto de justicia en la base de la población ya no requiere del Estado, se arregla entre ellos.
Incluso las decisiones por quién votar van de acuerdo al político que apadrine la cuadra, así se tira la línea.
Los discernimientos incluso pueden ser sobre el destino del departamento desocupado. En estos edificios un alto porcentaje de casas se usa para depósito de armas o de droga, otras veces sirven como clínicas improvisadas o refugios para curar heridos.
Sus 18,000 habitantes aprenden desde niños el idioma que prima entre las paredes sin importar en cuál edificio haya nacido: el código del silencio.
Las autoridades viven pendientes de otros temas que restan interés al barrio donde ni por equivocación uno quisiera parar.
Los jefes de estas bandas, muchos están en la cárcel. Es casi el único lugar seguro que les permite vivir. En la cuadra corre más riesgo su vida.
Después de la invasión, cuando los ataques militares norteamericanos dejaron destruido El Chorrillo, hubo una mayor disponibilidad de armas en la calle. El monopolio del tráfico de droga terminó y surgieron grupos delictivos que tomaron las riendas del negocio ilícito, se crearon pequeñas células criminales que proliferaron por el descuido social.
La primera pandilla de Barraza, barrio contiguo a El Chorrillo, fue ‘El Clan Agua’, que recogió el nombre por los atracos que hacían bajo la lluvia a los autos que quedaban varados en la avenida contigua.
En la misma década de los ochenta surgió otra pandilla llamada los ‘Tiny Toons’ que asaltaba locales comerciales y vehículos de reparto. Y al igual que ha evolucionado el número de pandillas, también la forma violenta en que hacen los crímenes, homicidios, venta de marihuana, cocaína, crack e incluso tumbes de alijos de esas drogas.
Estas organizaciones también prestan otros servicios como el sicariato y tienen contacto directa o indirectamente con el tráfico de armas y droga hacia otros países y en el mercado local.
PRESOS DE SU GENTE Y DEL ENTORNO
En ocasiones los problemas de miseria quedan a un lado para intercambiarlos por un status; zapatillas, televisores, equipos musicales, prisioneros también de un sistema consumista.
En el barrio se ha perdido el respeto a la justicia, a la autoridad, y los conflictos se resuelven con sus propias formas.
—‘Yo no le temía a la policía, me podían estar persiguiendo y yo le decía por favor para el carro y yo me bajaba y me los quitaba de encima ta tan ta tan... llegué a ese punto’, explicaba Moisés.
Avanzó la mañana y conversamos con Héctor Brands y René Quevedo, un consultor que conoce al dedillo todo sobre prevención secundaria.
‘Quizás se tenga la idea de que la única relación que pueda existir con estas personas es una relación de asistencialismo, de ayudas’, dijo René Quevedo.
A pesar de la gravedad del problema, no existe, en este momento, un programa con evidencia estadística comprobable del proceso de reinserción en el país.
Evidenciada por la situación busqué respuestas en la oficina de Desarrollo Social Seguro del Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de la licenciada Fania Ruiz.
Cuenta que el proyecto ‘Acción por una Esperanza’ nació en el 2005 y trata de intervenir en zonas de mayor vulnerabilidad. El plan para estos jóvenes incluye tres fases: inician voluntariamente 40 a 50 chicos y de ellos el grupo empieza a reducirse prácticamente hasta llegar a 5 o 7 chicos que capacitados en la última fase se insertan en el mercado laboral.
El problema medular es que Ruiz no tiene idea qué sucede con estos jóvenes después de tres meses, con una preparación limitada nadie les da seguimiento. No cuentan con estadísticas de quiénes permanecen en sus trabajos por más de seis meses o un año.
La dirección de Ruiz tiene un presupuesto anual de $100 mil con los que pagan gastos operativos, movilización, capacitaciones, recurso humano especializado y traslados.
En total trabajan 21 funcionarios. Su directora reconoce que las características de las pandillas en el 2005 no son las mismas de ahora. ‘La fase uno resulta, así lo determinó la evaluación, y falta una revisión a la fase tres’.
Aclara que las actividades de la oficina en estos momentos no están en El Chorrillo.
Manuel Zambrano, director del Programa de Segu ridad Integral, acepta que no existe un programa que registre resultados medibles. Más bien realizan actividades temporales como la actual; rostro-voces en conjunto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que brinda una metodología para empoderar a la población, y que próximamente se implementará en El Chorrillo.
Zambrano indicó que actualmente está en busca de recursos en entidades extranjeras. Tal vez unos 20 o 30 millones de dólares se podrían invertir en una organización que formule un plan integral con cifras medibles y dé seguimiento.
¿Por qué el gobierno no proporciona estos recursos?, me pregunté. No hay respuesta a eso.
Aunque está a punto de concluir la ejecución de un fondo proporcionado por el Banco Interamericano de Desarrollo de $22 millones invertidos en canchas deportivas, centros de cum plimiento, entre otros, pero no cuenta con un programa científico que demuestre estadísticamente la reinserción social y laboral de los jóvenes en riesgo.
‘Aquí hay cientos de manos que se formaron en forma empírica que pueden ocuparse en mil cosas, pero lo más fácil es poner en la esquina un contenedor de arroz para ellos’, fue una de las quejas que compartió Brands desde su oficina.
Al minuto agregó Quevedo: ‘históricamente tanto el Estado como el sector privado han planteado soluciones de subsidios y ayudas sociales, las cuales han contribuido poco a la reintegración sostenible de estos grupos a la sociedad’.
Brands enumeró todos los programas dirigidos a disminuir la delincuencia que han implementado los gobiernos anteriores. Ninguno con resultados cuantificables.
La problemática requiere de la intervención del sector privado para lograr acompañar a los jóvenes en el proceso de reinserción. El Estado puede responsabilizarse parcialmente, pero los empresarios deben tener una parte activa en el proceso; con donaciones, seguimiento laboral, empleomanía, en esto coinciden los expertos.
El Chorrillo cuenta con varios guías espirituales donde puede germinar una luz de esperanza hasta ahora sin explotar; ‘hasta el pandillero más violento respeta el nombre de Dios, siempre y cuando sepa que ese es un verdadero hombre de Dios y que tiene un testimonio. Es quien se ha metido en el estómago de la bestia. Cuando ya pasaste la segunda línea, cuando ya cometiste un homicidio es más difícil venir hacia acá’, afirma Brands.
La fe toca la luz más profunda que esconde un pandillero. Estremecido por un hecho trágico se ilumina; cuando la desgracia toca fondo, en ese momento regresa el alma al cuerpo, pero con una mente distinta.
Lo único que respetan los pandilleros es la Iglesia, aunque se haya matado al más íntimo de los amigos. Pero si deciden abandonar los pasos de Dios enseguida ‘viene la orden y tiene el punto rojo nuevamente’, explica Brands.
Usar las redes existentes en lugar de enfocar nuevos esfuerzos en programas individuales de diferentes entidades sería una alternativa. ‘Nuestros prejuicios nos llevan a juzgar al prójimo y antes de tiempo los convertimos en inoperantes, antes de tratar de reinsertarlos porque desconocemos su mundo, sus vivencias’ decía Brands.
No es crear lástima hacia el prójimo, ‘ahora mismo los que están secuestrados son los que viven en el barrio, pero dentro de poco los que podemos estar secuestrados somos los que vivimos en el país’.
Un reto para la próxima administración que sin distingo de banderas debe plantearse como prioridad en calidad de urgente en la agenda nacional.
Mientras esto llega, Moisés está clarito que los jóvenes cuando están sumergidos en el ocio, trabajan para la oficina del diablo.