Con miedo a lo desconocido

‘El pueblo quedó solo’: la huida tras el terremoto en Mariato

A sus 77 años, Gerardo Pérez Carrión recuerda cómo escapó de su casa cuando la tierra tembló. Como sus vecinos, salió hacia Tebario en busca de seguridad

Gerardo Pérez Carrión, de 77 años, recuerda así los momentos en que la tierra comenzó a moverse. Estaba en la pequeña casa que el Gobierno le construyó. Intentaba caminar cuando sintió el temblor. Se sujetó de las paredes, buscó la puerta y salió al patio.

“Me fui agarrando, me fui agarrando. Busqué la puerta y me salí al patio”, cuenta.

No sabía qué podía pasar después. Como él, otros residentes dejaron sus casas y se dirigieron a Tebario en busca de seguridad. No se detuvieron a recoger sus pertenencias. Las viviendas quedaron como estaban, con las puertas abiertas y las cosas en su sitio.

“Todos dejamos la casa como estaba. Nadie sabe si se iba a caer algo”, dice Gerardo.

Y entonces resume lo que ocurrió en la comunidad con una frase que repite como una fotografía de aquellos momentos: “El pueblo quedó solo. Todo quedó solo”.

Ahora, Gerardo está en una cancha a un costado de la Alcaldía de Mariato, en la provincia de Veraguas. A su alrededor, varios niños juegan como si nada hubiera pasado. La vida sigue en ese espacio, mientras para los adultos persiste la duda sobre el estado de sus casas y la posibilidad de regresar con seguridad.

Gerardo tiene 77 años y dice que nunca había vivido algo parecido.

“Yo nunca vi como temblar de tierra. Nunca. Yo tengo 77 años”.

‘El pueblo quedó solo’: la huida tras el terremoto en Mariato
Veraguas concentra la cifra más alta de personas albergadas tras el sismo, con miles de desplazados temporalmente de sus comunidades.
Niños juegan en una cancha junto a la Alcaldía de Mariato, Veraguas, mientras los adultos aguardan noticias sobre la evaluación de sus hogares.

Llegó a la comunidad cuando tenía ocho años, acompañado de su padre y su hermano. Desde entonces, ese lugar forma parte de su historia. Hoy, el recuerdo del sismo está ligado a la salida apresurada de los vecinos y a la incertidumbre que quedó detrás.

“Nadie quería estar en las casas. Nadie sabe cómo están las casas. Si están rajadas o están cayendo”, relata.

La preocupación de Gerardo coincide con la magnitud de los daños registrados en el país. El balance preliminar del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional y el Sistema Nacional de Protección Civil, con corte al 21 de octubre, reporta 11,321 viviendas evaluadas y 37,210 personas afectadas. De las casas inspeccionadas, 2,890 presentan daños totales, 6,874 daños moderados o parciales y 1,557 daños leves o menores.

En Veraguas, el informe registra 762 viviendas evaluadas y 3,531 personas alojadas en albergues, la cifra más alta entre las provincias incluidas en el reporte. En total, 5,628 personas permanecen en 126 albergues activos en el país.

Las cifras dan cuenta de la emergencia, pero para Gerardo la necesidad también se expresa en cosas sencillas: tener comida mientras pasa la incertidumbre. Cuenta que reciben arroz, leche y café, y agradece que los alimentos alcancen.

“Después que hay arroz, estamos bien”, dice.

Familias afectadas reciben asistencia alimentaria mientras se mantiene el estado de incertidumbre.
‘El pueblo quedó solo’: la huida tras el terremoto en Mariato

Entre el 10 y el 21 de octubre, el Instituto de Mercadeo Agropecuario distribuyó 58,909 bolsas de alimentos en 750 comunidades, según el balance oficial. En Veraguas entregó 19,484 bolsas y reportó atención en 255 comunidades.

La actividad sísmica también continuó después del movimiento principal. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá registró 917 réplicas asociadas al sismo de Azuero hasta la mañana del 19 de octubre; 411 contaban con revisión y análisis manual. La mayoría tuvo magnitudes de entre 3 y 4, según informó su director, Néstor Luque.

Mientras tanto, Gerardo permanece con el recuerdo de aquella salida y de un pueblo que, por un momento, quedó vacío. La entrevista no permite establecer si su casa sufrió daños ni si ya regresó a ella. Su testimonio, sin embargo, deja clara la incertidumbre que acompaña a quienes tuvieron que marcharse sin saber qué encontrarían al volver.

Al hablar de lo ocurrido, Gerardo regresa a lo esencial. Después del temblor, de las casas abandonadas y de las preguntas que siguen sin respuesta, agradece seguir vivo.

“Pero bueno, estamos con vida. Estamos con vida. Ahora que estamos con vida, gracias a Dios estamos con vida”.

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