Decimoprimera entrega

Actualizado
  • 11/12/2009 01:00
Creado
  • 11/12/2009 01:00
En agosto de 1988 se dio a conocer el Documento Santa Fe II, un estudio de asesores del Partido Republicano que proponí...

En agosto de 1988 se dio a conocer el Documento Santa Fe II, un estudio de asesores del Partido Republicano que proponía una estrategia interamericana para la década del 90. En relación a Panamá planteaban la necesidad del derrocamiento de Noriega. Aunque miraban más allá:'

“Su expulsión y la realización de elecciones libres no serán suficientes para instaurar un régimen democrático en Panamá ni preparará las vías conducentes a una sólida asociación entre Estados Unidos y Panamá. Estados Unidos debe concentrarse en la reforma de las FFDD, el apoyo a un poder judicial independiente y la restauración de la economía. Las leyes bancarias tendrán que ser modificadas para impedir que el país se hunda más en la corrupción ligada al narcotráfico. Deberá planificarse seriamente la adecuada administración del Canal que pronto requerirá una importante y costosa reparación”.

La campaña electoral previa a los comicios de noviembre de 1988 en Estados Unidos bajó la intensidad del conflicto con Panamá. El candidato republicano era George Bush y sus asesores no querían que la campaña se viera salpicada por su vieja relación con Noriega, que sugería tener información sensible sobre el candidato republicano de los días en los que habían trabajado juntos. Cuando le consultaron al respecto, Bush reconoció su relación con Noriega pero deslizó que siete administraciones habían tenido trato con él y que todas ellas habían decidido pasar por alto sus excesos ante la valiosa colaboración en materia de inteligencia. De todas formas, lo consideraba una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Cuando llegara a la presidencia, prometía, iba a encontrar una salida “al problema Noriega”.'

El Comando Sur recibió luz verde para poner en acción la Operación Sand Flea. Eran ejercicios de guerra rápida que ahora realizarían fuera de las bases. Un método de intimidación: apariciones fugaces de contingentes armados en las inmediaciones de los Cuarteles de las Fuerzas de Defensa. Los helicópteros volaban a toda hora por la ciudad, a baja altura, haciendo temblar los edificios. Los aviones gigantes Galaxy también dejaban ver su inmensa sombra.

Secretamente, los movimientos comprendían la revisión en el campo de los planes de contingencia que el Comando Sur venía desarrollando. Los batallones de la Dignidad fueron enviados a responder las agresiones. Sabían que no les convenía la violencia. Armados con banderas panameñas se interponían ante el avance de los tanques buscando revivir la vieja gesta del 9 de enero del 64. Los medios afines al régimen hablaban de resistencia popular. Enfocaban sus luces contra un solo enemigo: “El pocho Maldito”, Marc Cisneros. Había sido designado en el Comando Sur en el 88. Texano de padre mexicano, era el hombre de ascendencia hispánica con más alto rango en la historia del ejército. Se convirtió en la voz de Estados Unidos en Panamá. En los barrios acomodados sus desafíos a Noriega eran celebrados y bajo su nombre comenzó a crecer un extraño tipo de esperanza: la de la guerra en casa como solución final.

El dirigente de la Democracia Cristiana, Ricardo Arias Calderón, quedó sorprendido ante la respuesta del público por un discurso para mil mujeres que dio en un restaurante de comida china en avenida Brasil. Le dijo al auditorio que tenían que ser ellos los que tumbaran a Noriega y no una invasión gringa. Las mujeres lo abucharon. Calderón comenzó a señalarlas una tras otra, al azar:

-Tu marido, tu hijo, tu abuelo, con una invasión van a morir-, les dijo.

Luego del fracaso en las negociaciones que buscaban destrabar la crisis con su salida, Noriega planteó las elecciones de mayo 89 como la instancia definitiva donde el pueblo definiría su futuro.

La Cruzada Civilista unió fuerzas con la alianza de partidos políticos –ADO- proclamando la candidatura de Guillermo Endara, secundado por Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford. El régimen, por su parte, impulsó a Carlos Duque, fundador del PRD y titular de Transit SA, empresa ligada a los negociados de la Fuerza.

El triunfo civilista fue arrollador. Ante la tendencia negativa, Noriega suspendió el conteo de votos y las elecciones. Alegaba que no podían reconocerse porque el gobierno de George Bush había financiado a los civilistas con millones de dólares mientras bloqueaba económicamente a su gobierno. Para demostrar el nivel de interferencia que denunciaba, recordó que tenían detenido en la Cárcel Modelo a Kurt Muse, un agente de la CIA acusado de desestabilización política. Durante la campaña, Muse había montado una cadena de radio clandestina para hostigar al gobierno.

La represión en las calles se volvió feroz. A la policía antidisturbios se sumaron los batalloneros. El 10 de mayo los candidatos de la ADO Civilista fueron atacados en plena calle ante las cámaras de televisión. Endara acabó en el hospital con la cabeza abierta. El custodio de Billy Ford fue asesinado mientras el candidato civilista terminó combatiendo a puño limpio en la 5 de Mayo. En los últimos cinco años la oposición panameña había ganado dos elecciones, había convocado marchas multitudinarias, habían soportado la represión y el exilio y a pesar de todo, Noriega parecía inamovible.

Las cadenas de noticias de los Estados Unidos transmitían las imágenes de la represión sin cesar. Recordaban las palabras de Bush, que durante la campaña había prometido encontrar una solución a la crisis de Panamá. La permanencia de Noriega en el poder representaba la incapacidad de su gobierno para lidiar con el narcotráfico, mientras el consumo de drogas crecía entre los norteamericanos. La figura de Bush no terminaba de despertar confianza.

El presidente decidió tomar cartas en el asunto. Hizo declaraciones públicas condenando la violencia y pidiendo a los panameños, incluso a sus militares, que se deshicieran de Noriega.

Su equipo de seguridad estaba en plena formación. Dick Cheney, su Secretario de Defensa, recomendó a Colin Powell para el cargo de Jefe del Estado Mayor Conjunto, el más alto al que puede aspirar un militar norteamericano. Powell había sido Asesor Nacional de Seguridad durante la era Reagan y Cheney lo conocía de la comisión que integraron para defender a Oliver North en el Congreso durante el affaire Irán- Contras. Su rol sería fundamental: el enlace entre el departamento de Estado y el Pentágono. Powell se interesó en conocer los planes de contingencia para Panamá, el único conflicto militar que veía en el horizonte.

Fred Woerner, desde hacía años al mando del Comando Sur, había diseñado la Operación Blue Spoon, un plan para la invasión. Woerner conocía en profundidad a los militares panameños y creía que bastaría con mostrar los dientes para lograr que se rindieran. Había previsto cinco días para tomar el control de Panamá. Era su manera de evitar un baño de sangre. Powell lo percibió un riesgo innecesario. Ordenó ajustes para dotar la operación de nuevos elementos: debía ser un ataque sorpresa, masivo y nocturno. Había nueva tecnología disponible que les otorgaban grandes ventajas y que Woerner no había considerado.

El 30 de septiembre de 1989 el General Maxwell Thurman llegó al Comando Sur en reemplazo de Fred Woerner, a quién intuían demasiado apegado a los “nativos” como para comandar los tiempos que venían. Thurman era un hombre de la vieja guardia. Ese tipo de militares que siempre tienen hambre de acción. Le había dedicado su vida a la fuerza y solo dejaba de trabajar para ir a misa y jugar al tenis con oficiales más jóvenes. A los 58 años era soltero. Sus hombres lo llamaban Mad Max.

Solo cuatro días habían pasado de la llegada de Thurman a Panamá cuando la realidad le estalló en la cara.

Agentes de la CIA le informaron que había un golpe en marcha contra Noriega. Los alzados pedían apoyo. Que el Comando Sur cortara el tránsito en el Puente de las Américas y en Amador, para evitar así la llegada de tropas leales al General. A cambio, ofrecían gestionar el tránsito hacia la democracia.

Thurman dudó: Noriega era muy astuto y podía ser una trampa de recibimiento para dejarlo en ridículo con un movimiento torpe de tropas. Pidió información sobre el Mayor Moisés Giroldi, supuesto líder de los rebeldes. No le gustó lo que leyó. Giroldi era uno de los hombres de mayor confianza de Noriega, que era padrino de uno de sus hijos. Incluso lo había ayudado a evitar el golpe de Macías un año y medio atrás. De todas formas, podían estar ante una posibilidad concreta de acabar con Noriega. Comunicó todo a Washington.

Ante lo confuso de las informaciones, Powell le recomendó a Bush no tomar medidas apresuradas. Era mejor esperar. Podían realizar ejercicios que mantuvieran cerrada la vía hacia Amador, medida que aprobaron, pero tomar el Puente de las Américas era una intervención abierta que preferían evitar. Decidieron esperar al desarrollo de los acontecimientos.

El 3 de octubre, al mando de la Compañía Urracá, el Mayor Moisés Giroldi copó el Cuartel Central y detuvo a Noriega. Giroldi, ferviente cristiano, sentía que estaba en sus manos salvar el destino de Panamá. Su plan consistía en obligar a su General a retirarse de la Fuerza para llamar a elecciones libres. Describía el golpe como militar y apolítico. Un regreso armonioso a la buena vida tranquila que siempre había caracterizado al istmo. Ya no podía seguir apoyando a un líder que percibía sin sustento popular. Tampoco quería aparecer en los libros de historia como un ‘lacayo’ de los gringos.

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