Vulnerabilidad sísmica en Panamá: proponen plan para evaluar edificios antiguos

El Reglamento Estructural Panameño acumula 5 evoluciones desde 1984. Experto de la UTP advierte sobre el riesgo en edificaciones construidas en el siglo pasado, como la Lotería Nacional de Beneficencia, y sugiere un programa de diagnóstico técnico

Las edificaciones construidas en la Ciudad de Panamá durante el siglo pasado enfrentan una brecha de seguridad estructural ante la eventualidad de un sismo de gran magnitud. Inmuebles de alta concurrencia pública y representativos de su época, como la sede de la Lotería Nacional de Beneficencia (LNB), fueron edificados bajo parámetros constructivos anteriores a la creación de los códigos sísmicos modernos.

Durante una entrevista concedida este martes 6 de octubre en Telemetro Reporta, el doctor Ramiro Vargas, profesor de Análisis y Diseño Estructural de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) e integrante del Comité Consultivo Permanente del Reglamento Estructural Panameño, explicó el contexto histórico de la normativa nacional:

“En Panamá, los edificios diseñados a partir de 1984 cuentan con previsiones sísmicas y sismorresistentes, porque fue cuando se aprobó el primer Reglamento Estructural Panameño. Eso quiere decir que nuestras estructuras están parcialmente preparadas para un sismo, pues contamos con construcciones que datan de antes de 1984, desarrolladas antes de que avanzaran las previsiones en el diseño sismorresistente con los años”.

Al referirse a la tipología y época de los inmuebles de la capital, el especialista citó como referencia histórica el edificio de la LNB:

“Antes de 1984, probablemente el edificio más alto era la Lotería, que data de finales de los años 60 y principios de los 70”.

Ante la pregunta sobre la vulnerabilidad de la estructura de la LNB debido a su altura y ubicación, respondió:

“Habría que hacer una evaluación para poder responder esa pregunta con propiedad. No se tiene conocimiento de si se ha realizado esa evaluación. Esa verificación debería hacerse porque es un edificio emblemático en Panamá, y considero que la Universidad Tecnológica de Panamá estaría en capacidad, a través del Centro Experimental de Ingeniería, de hacer evaluaciones no solo del edificio de la Lotería, sino de otras edificaciones esenciales, como los principales hospitales del país”.

El experto ilustró que las torres de gran altura no son necesariamente las más vulnerables ante eventos telúricos, salvo que se encuentren en zonas de suelos blandos donde ocurran amplificaciones. “Generalmente, los edificios más vulnerables son los de menos de 10 plantas y las estructuras de una y dos plantas, las cuales, al momento de un sismo, sí pueden sufrir daños importantes”, comentó.

Frente a este escenario, Vargas sugirió la conveniencia de implementar un programa de diagnóstico de estructuras esenciales para inspeccionar, catalogar y adecuar de forma ordenada las edificaciones previas a la normativa de 1984:

“El cumplimiento de las normas en Panamá tiene una regularidad parcial: en algunos casos se revisan al pie de la letra y en otros sabemos que hay flexibilidades o desapego de la normativa como tal. Es ahí donde tenemos que estar vigilantes al cumplimiento de la misma, así como al análisis y la verificación de las estructuras esenciales —como hospitales, escuelas, estaciones de bomberos, estaciones de policía y sedes del Sinaproc—, las cuales deben mantener su funcionalidad para atender un desastre al momento de un sismo importante”.

Y añadió:

“Mientras más antiguas son las edificaciones, más vulnerables pueden ser. Por eso es importante entrar a un programa de diagnóstico de estructuras esenciales, verificar qué tan acondicionadas están para resistir un sismo y determinar qué necesitarían para reforzarse, rehabilitarse y estar mejor preparadas ante un evento de esta naturaleza”.

Sobre la responsabilidad en la vigilancia de estos inmuebles anteriores al REP de 1984 y la confección de un inventario, el experto indicó que es un proceso que compete tanto al sector público como al privado:

“La estadística la debe llevar la Contraloría General de la República, porque ellos elaboran los Censos Nacionales de Población y Vivienda. Por ahí podemos empezar con ese diagnóstico de estructuras para luego diseñar una estrategia de rehabilitación, lo cual toma tiempo”.

En cuanto al monitoreo técnico actual, el docente indicó que la UTP mantiene un seguimiento de diversas estructuras en la capital:

“En Panamá existen alrededor de 200 edificios instrumentados con acelerógrafos, algunos en la base y otros en la base y en la azotea, para monitorear la respuesta de estas estructuras a través del programa de la Universidad Tecnológica de Panamá. Lo importante es verificar a tiempo, con temblores pequeños, la condición en que responden estos edificios y levantar alertas tempranas de cómo debieran rehabilitarse”.

“Si llega a suceder un sismo de magnitud importante, digamos arriba de 6, o como el que ocurrió en Panamá en el año 1882 con epicentro en Guna Yala —que tuvo una magnitud de 7.9 y fue muy fuerte en esa época, cuando en la ciudad de Panamá vivían alrededor de 10,000 personas—, podríamos tener escenarios con daños importantes, sobre todo en edificaciones más antiguas. Esperamos que las edificaciones de reciente data, construidas de 1984 para acá, tengan un mejor desempeño”, acotó.

Cinco evoluciones normativas sin carácter retroactivo

El marco regulatorio de la construcción en el país ha registrado un avance continuo a lo largo de cuatro décadas. Desde la creación del primer código técnico, el Reglamento Estructural Panameño (REP) acumula cinco evoluciones clave: las versiones de 1984, 1994, 2004, 2014 y la vigente versión de 2021 (REP-2021).

Sin embargo, las actualizaciones normativas aplican de forma exclusiva para los nuevos proyectos inmobiliarios. Al no contemplar una ley de retroactividad que obligue a adecuar las estructuras existentes, la brecha de vulnerabilidad se mantiene entre las obras recientes y las estructuras levantadas bajo estándares anteriores.

“Esto es para los que piensan que en Panamá no tiembla o que la sismicidad nuestra es baja, realmente nosotros tenemos una sismicidad de moderada a alta [...]. Si no hacemos nada, el riesgo crece solo con el tiempo. Si hoy no hicimos nada para mejorar la vulnerabilidad de nuestra estructura, créalo que el riesgo hoy creció un poquito más”, enfatizó el investigador el 8 de septiembre pasado cuando explicó el tema “Vulnerabilidad sísmica de la vivienda unifamiliar en Panamá”, durante el foro “Ingeniería y Riesgo sísmico · Construyendo un Panamá resiliente”, organizado por la UTP.

Más del 55% de la población en Panamá habita en áreas de alta amenaza

La necesidad de evaluar el parque edificado se sustenta en la distribución geográfica de la población y la sismicidad histórica del país, tema detallado por Vargas durante el foro universitario.

En su intervención, Vargas citó los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, que indican que en Panamá existen más de un millón de viviendas unifamiliares, las cuales representan el 86% del parque habitacional nacional. Más del 55% de los habitantes del país —2.5 millones de personas— reside en zonas clasificadas con amenaza sísmica alta, como el área metropolitana expandida (Panamá, San Miguelito, Arraiján, La Chorrera y Colón), además de los distritos occidentales de David, Puerto Armuelles y Changuinola.

En la capital, la aceleración pico del suelo (PGA) supera el 40% de la gravedad (0.4g). En consecuencia, el Capítulo 7 del REP-2021 prohíbe utilizar planos típicos estandarizados en la Ciudad de Panamá y exige cálculos de ingeniería personalizados respaldados por estudios geotécnicos de suelo. Pese a esta restricción legal, constructores e informales replican con frecuencia detalles simplificados en obras no unifamiliares, como comercios, centros de salud o estaciones policiales, lo que eleva el peligro de colapso.

Ineficacia de alertas en celulares ante fallas locales

El experto desmitificó además el uso de las alertas tempranas en teléfonos móviles en la región capitalina como sucedió en el sismo de Venezuela. Ante la eventual activación de la falla de Pedro Miguel —causante del terremoto de 1621 en Panamá Viejo—, la extrema cercanía al núcleo urbano impedirá que los sistemas digitales notifiquen a tiempo.

“Esos sistemas requieren una distancia de por lo menos 20 kilómetros entre el epicentro y la población para emitir la alerta. Si la falla de Pedro Miguel se activa, las notificaciones automáticas llegarán a Tocumen o Arraiján, pero en la Ciudad de Panamá no habrá alerta posible por la inmediatez del evento”, advirtió Vargas.

Ante eventos históricos como los terremotos de 1882 (magnitud 7.9) y Changuinola en 1991 (magnitud 7.7), el especialista reiteró que la inversión en estudios de suelo y la estricta supervisión de vigas y columnas de amarre con ganchos a 135 grados constituyen la principal garantía técnica para salvaguardar vidas humanas.

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