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- 03/06/2012 02:00
PANAMÁ. Medios contra medios, medios contra periodistas... Son ataques cada vez más frecuentes en Panamá y que se levantan al ritmo de las crisis políticas. Se trata de un fuego cruzado. Unos demuestran empatía por el Gobierno de Ricardo Martinelli, mientras otros, declaran la resistencia. Cada uno dispara al blanco, según el grado de afectación. En medio están los lectores que sufren el pulseo de fuerzas.
Pero, ¿hasta dónde arrastrarán los problemas políticos a los medios?
ATAQUES: LOS INDICIOS
Los síntoma son claros. Hoy se habla de medios oficialistas —Panamá América— y de diarios ‘del No’ —La Prensa—. Así denomina Martinelli a este periódico por los señalamientos contra su gestión—.
Incluso, hay críticas entre medios y entre periodistas. Por ejmplo, La Prensa ha denunciado ataques del diario Panamá América contra Jorge Molina, uno de sus directivos quien renunció tras una serie de publicaciones en la que se le acusaba de no haber representado debidamente a la Autoridad de los Servicios Públicos en un litigio relacionado a la concesión de la planta hidroeléctrica Bajo de Mina.
También ocurrió a la inversa: Panamá América —comprado en 2010 por un grupo de empresarios cercanos a Martinelli— dijo sentirse atacado tras una publicación de La Prensa en la que mostraba cómo el rotativo había incrementado su pauta oficial en el primer trimestre de 2012, en contraposición a otros medios.
Fuera de las tintas, el presentador de Telemetro Álvaro Alvarado se ha quejado públicamente de campañas en su contra por canales que sobreviven con propaganda oficial.
Mientras que a Castalia Pascual, de TVN, se le acusó en el Canal 33, propiedad del exvocero de presidencial, Alfredo Prieto, de haber recibido dádivas del gobierno de Martín Torrijos.
PREOCUPACIONES
Milton Henríquez sabe bien qué significa estar en ambos lados del cuadrlátero. Es hoy presidente del Partido Popular y fue director de Panamá América en los tiempos en que estuvo en manos de la familia Arias.
Para Henríquez, no es nada nuevo que los medios tengan tendencias políticas y que las sigan. Pasa en España, en Inglaterra y en fin, en toda Europa, dice.
Pero lo que según él, no es permisible es que se escuden bajo una ‘independencia’ para atacar a quienes opinan diferente. ‘Si son un medio para difundir las cosas que hace un grupo político vale, pero si se utilizan para atacar a adversarios, entonces está mal’, sostiene.
‘Los políticos deben entender que deben sacar la mano de los medios’, agrega.
Pero Guido Rodríguez, gerente de noticias de TVN y también exdirector de Panamá América hasta su reciente venta, no ve una guerra entre medios. Lo que percibe es, simplemente, ‘politiquería enquistada en algunos medios’.
Una técnica que el gobierno en turno empezó desde su primer día de gestión y, con la que dice, ‘controlar a la opinión pública’.
‘Hay que distinguir entre quienes ejercen el verdadero periodismo y los alabarderos del régimen. El gobierno quiere confundir a la gente y decir que aquellos que ejercen el periodismo crítico son sus opositores políticos’, agrega.
De la postura de Rodríguez escurre, además, la lucha que han emprendido gremios periodísticos por la libertad de expresión y de prensa en los últimos años.
En esa línea, el periodista Guillermo Antonio Adames, dueño de la radioemisora Omega Estéreo, se reitera: ‘aquí sí hay libertad de expresión, pero se paga muy caro por decir las cosas libremente’.
‘PRUEBA’
Pero las posiciones y las inquietudes parecen pasar inadvertidas. En las últimas semanas los cruces se han intensificado. El portal La Opinión Panamá, propiedad de Prieto, ha acusado a La Prensa de ser parte de una conspiración y una ‘componenda política’ con la oposición a Martinelli. Incluso, ha lanzado críticas contra el periodista Jesús Morales, de TVN, por la línea de ‘Semana’, el programa de debate que conduce.
‘Mi Diario usó recursos del Estado para actividad privada’, publicó esta semana en su primera plana Panamá América. La nota sugería que el tabloide, hermano de La Prensa, repartía bolsas de comida con recursos del antiguo Fondo de Inversión Social (FIS), sin mayor revisión de la institución.
Todo esto refleja la ‘prueba’ que según el investigador de mercado Jaime Porcell, está teniendo la prensa panameña y de la que dice no saber cuánto deterioro producirá.
En opinión de Porcell, ‘Panamá América es el que corre más riesgos, se acerca mucho al candil. Los demás siguen la línea de que las buenas noticias no son noticias, que es mucho más fácil’.
‘La línea editorial de un medio debe responder a principios. No hay algo que mate más la razón que la pérdida de la credibilidad’, sentencia Porcell.
¿LA SOLUCIÓN?
En medio de las desavenencias, el cambio de directiva del Consejo Nacional de Periodismo ha producido una propuesta: un pacto ético entre medios en función de la cercanía del comienzo del período electoral.
La iniciativa, planteada por el nuevo presidente de la organización gremial, Fernán Molinos Delaswsky, se firmaría el próximo Día del Periodista, el 13 de noviembre.
‘Cuando la veleta de la política indique que los vientos van en una dirección distinta, seguiremos viviendo en este país y tendremos que mirarnos a la cara’, dijo.
El primer compromiso del nuevo presidente del CNP, tras juramentar a su directiva integrada por representantes de los medios de comunicación social más representativos del país, fue impulsar de manera dinámica la gestión del Comité de Ética.
Molinos dijo que hay que tener presente que la acción de los periodistas trasciende al Consejo por ‘constituir un compromiso contraído con la sociedad en vías de una autorregulación saludable, y la elevación de la calidad del periodismo nacional’.
El periodista recordó a sus colegas más jóvenes que el ‘papel de los medios y de los periodistas en una coyuntura así es más exigente cuando la sociedad no encuentra, en la política partidista, liderazgos que la inspiren y la guíen’.