La representante de San Francisco habla sobre el proyecto Coco Parque, su postura sobre la minería y los planes para el corregimiento
- 27/11/2011 01:00
La independencia de Panamá de España en 1821 tuvo una característica muy particular en relación con las demás naciones hispanoamericanas. Esto explica por qué el Istmo era una de las pocas colonias que todavía estaba bajo el dominio español hasta el 28 de noviembre, cuando la mayoría de las colonias hispanoamericanas logra separarse de la metrópoli hispánica. Veamos cuáles fueron sus antecedentes y causas que hizo que en el Istmo no se derramara la sangre y luego de forma tardía se incitara el deseo de emancipación
LA GÉNESIS
Si bien las autoridades realistas ensayaban discursos que buscaban desvirtuar los avances de Napoleón en España, e intentaban convertir sus hazañas en pírricas victorias para que sus tropas conservaran la moral y confundir a los insurrectos criollos, en el Istmo de Panamá los independendistas lograban enterarse de la realidad debido a la información que recibían de los periódicos de Jamaica. Y al mismo tiempo, el Comandante general de Panamá, con el fin de contrarrestar los sentimientos separatistas en el istmo, permitió el comercio de contrabando con la isla del Caribe. La alternativa fue utilizada por los realistas como paliativo con el fin de que, al ver los criollos cerrada la puerta de comercio con la metrópoli, no optara, velada o bien abiertamente, por abrazar las ideas de la revolución.
El progreso de los comerciantes istmeños, en ese periodo, se convirtió en la garantía de la estabilidad entre ellos y las autoridades realistas. La convivencia reflejada en el cumplimiento exacto y puntual de la negativa de vincularse a la insurrección en Sudamérica, sólo fue posible mientras las autoridades españolas estuvieron anuentes a mantener los privilegios que se generaron de la actividad económica de contrabando.
LAS DIFERENCIAS ISTMO- SUDAMÉRICA
De la opresión que impuso España a las regiones de América, la postura de los dirigentes istmeños fue contraria a las expectativas que de ellos tenían los pueblos sudamericanos en su lucha por lograr la independencia. Esto se debió a que los dirigentes de los sectores comerciales en Panamá arriaron las banderas de la revolución. ¿Pero cuáles fueron las causas de esta decisión que rompieron los vínculos de solidaridad entre Panamá y otros pueblos sudamericanos?
La Regencia Española dictó, en 1811, el Decreto de Libre Comercio y vulneró con ello el plan de unificar a Panamá con los pueblos que luchaban contra el poder español. Las aparentes mejoras en el comercio istmeño, a raíz de la aplicación de este decreto, hicieron posible que existiese paz y, con ello, la garantía de que la revolución estaría ausente en nuestro medio.
Curiosamente, mientras esto sucedía en el Istmo, el proceso de liberación en Sudamérica avanzaba en contra de los realistas.
Es evidente el hecho de que el sector de los criollos o de las comerciantes en la zona de tránsito, hizo suya la estrategia de tener relaciones cordiales con la metrópoli, en parte durante el lapso en que la Regencia Española mantuvo en vigencia el Decreto de Libre Comercio. Esto explica la lentitud o la indiferencia en apoyar, divulgar las ideas emancipadoras en el Istmo y ejecutar acciones a favor de los sublevados pueblos de Sudamérica. Esto no implica que las relaciones entre realistas y criollos estuviesen exentas de fuertes tensiones. Es evidente que, en esta coyuntura, ambos grupos hayan reconocido la diferencia de sus intereses; pero conscientes estaban, sin duda, de que los propósitos que los unían, eran las utilidades económicas que generaba la actividad transitista. De ahí se explican los motivos de la falta de previsión en tomar medidas más enérgicas a favor de la independencia, hasta los momentos en que las actividades comenzaron a sufrir un deterioro violento. Hasta esa fecha no le quedó otra alternativa a los istmeños que vislumbrar la posibilidad de desarrollar su propio proyecto emancipador.
LAS FUENTES DEL GRITO DE LOS SANTOS
A partir de 1821, el representante más conspicuo de los criollos habla entonces de un ‘programa independentista’ en el instante en que disminuye la fuerza militar en la ciudad de Panamá y Los Santos. Esto determinó que Segundo de Villarreal se adelantara y tomara la iniciativa de declarar en Los Santos, el 10 de noviembre de 1821, la separación, antes que los comerciantes de la zona de tránsito. Esta acción fue validada por el Cabildo, el cual proclamó en el Acta del 10 de noviembre que en la ciudad de Los Santos se confirma la aspiración ‘de vivir bajo un sistema Republicano, que sigue toda Colombia.’
Ante estos hechos, el coronel José de Fábrega, que había reemplazado a Murgeon al frente del ejército del Istmo, y que representaba los intereses de los terratenientes veragüenses se opuso al movimiento santeño y mandó dos emisarios, para convencerlos que entregaran las armas y se reincorporaran al gobierno. Pero las propuestas de ellos fueron rechazadas. De lo anterior se deduce que las marcadas diferencias entre ambos grupos eran profundas. Los terratenientes de Veraguas habían impugnado desde el principio cualquier propuesta que planteara la secesión. Es probable que, antes de declararse el grito del 10, los terratenientes quizás pensaron que era imposible que la nueva clase de pequeños propietarios en ascenso, sobrepasaran los marcos de la legalidad colonial y que expresaran en forma coherente su proyecto libertador. Pero al llegar ese día, los conservadores se convencieron de que los santeños habían rebasado estas expectativas y que asumirían cualquier acción contra el régimen imperante a costa de imponer su programa libertador.
Mientras que los santeños luchaban por mantener su revolución, en la capital los sectores comerciantes, desde un año antes habían dispuesto tomarse el Cabildo, donde aprovecharon de su aparente legalidad para desarrollar su actividad.
Cumplidas en parte las expectativas para los criollos, y al punto de producirse la deserción de la tropa, se concreta el 27 de noviembre cuando desertaron más de sesenta efectivos militares realistas. Esta tarea se le confió a Gaspar y Blas Mariano Arosemena y José María Barrientos; pero, llegado el momento, el Cabildo desempeña el rol de ser el punto y núcleo de convergencia, donde se legitima la acción de independencia. Igual sucedió en Los Santos, donde el Cabildo reunido dio la vigencia y autenticidad que el acto de insubordinación requería.
LAS DIFERENCIAS ENTRE EL 10 Y EL 28 DE NOVIEMBRE
Hay que destacar que el movimiento del 10 difiere del llevado a cabo el 28 de noviembre, en que para los gestores del grito santeño, los realistas y comerciantes, conservadores y terratenientes no representaban la garantía de seguridad que requerían para concretar su programa libertador. Por ello, les resultó imposible concretar, con satisfacción, los esfuerzos para propagar la revolución. Por ser débil desde su gestación, no por ello se le quita su significación histórica y quiérase o no, ante cualquier argumentación que pretenda exhibir afinidades a las ideas de los Arosemena sobre este movimiento, fue y seguirá siendo heroica esa insurrección.
HISTORIADOR
PERIODISTAS@LAESTRELLA.COM.PA