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Cítricos: nuevas estrategias de control biológico contra el amarillamiento
- 19/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Los cítricos no solo son un grupo de frutas comunes; representan un pilar fundamental para la seguridad alimentaria en Panamá. Ricos en vitaminas y minerales esenciales, el consumo de naranjas, limones y mandarinas se extiende desde el hogar hasta la elaboración de jugos y diversos derivados industriales.
Sin embargo, la salud de estos cultivos se ha visto comprometida seriamente por la enfermedad Huanglongbing (HLB), popularmente conocida como el “amarillamiento de los cítricos” y que es causada por la bacteria Candidatus Liberibacter asiaticus.
Esta bacteria actúa de forma sigilosa, alojándose en los haces vasculares de los árboles, que son esencialmente las “venas” de la planta, bloqueando el flujo de nutrientes.
Los efectos visibles son devastadores: retraso en el crecimiento de las plantas; descoloración irregular del follaje, a menudo confundido con deficiencias nutricionales, lo que le da su nombre de “amarillamiento”; y maduración anómala de los frutos, que comienza de arriba hacia abajo, resultando en cosechas parcial o totalmente inservibles. Si no se implementan medidas de control eficaces, el desenlace inevitable es la muerte de la planta.
A nivel global, el HLB ha mermado significativamente la producción de cítricos durante años, y Panamá no ha sido la excepción. La enfermedad hizo su entrada al país en 2016, detectándose inicialmente en la provincia de Bocas del Toro, se dispersó y no se detuvo allí.
En el año 2021, la bacteria se había extendido a zonas productoras clave, incluyendo la provincia de Coclé, resultando en una tangible y preocupante reducción de la cosecha de cítricos.
Para que la enfermedad se propague, necesita un vehículo, y en Panamá, este es el pequeño insecto conocido como el psílido de los cítricos (Diaphorina citri Kuwayama). Este insecto, de la familia Liviidae, dispersa la bacteria al alimentarse. Al picar los tejidos de la planta (brotes tiernos, hojas y ramas), transfiere el patógeno de un árbol enfermo a uno sano. La capacidad del psílido para transmitir la bacteria en zonas de alta producción ha sido la causa principal de la crisis.
Durante mucho tiempo, la estrategia de manejo se centró en el uso intensivo de insecticidas químicos para erradicar el vector. Si bien esto podía ofrecer alivio a corto plazo, la práctica ha generado un desbalance ecológico insostenible.
El uso constante de químicos ha provocado dos problemas mayores: la aparición de resistencia en las poblaciones de psílidos, haciendo inútiles los productos, y la eliminación de los enemigos naturales del psílido, lo que paradójicamente ha facilitado su proliferación. Además, el manejo constante de químicos agrícolas plantea serios problemas de salud para los trabajadores y el medio ambiente.
Ante la ausencia de una cura global para el HLB y la ineficacia de los métodos químicos, la atención se ha centrado en el manejo integrado del patógeno y su vector. Es en este contexto que investigadores del Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (Idiap) han concentrado sus esfuerzos.
Liderados por el Dr. Vidal Aguilera-Cogley (fitopatólogo) y el Dr. Randy Atencio Valdespino (entomólogo), el equipo ha emprendido una investigación enfocada en la búsqueda de enemigos naturales que permitan superar las limitaciones del control químico. El objetivo es ofrecer una alternativa sostenible a los productores de cítricos, adecuada a las condiciones económicas y ambientales del país.
Este trabajo se ha realizado con el apoyo institucional y logístico de entidades clave como el Idiap, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y el Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (Fontagro). Dos proyectos específicos han servido de sustento para estos estudios.
Las investigaciones se han orientado en dos frentes principales: el estudio de la dispersión del insecto y la identificación de sus enemigos naturales. Los hallazgos en Panamá han sido relevantes y han ofrecido una base sólida para el desarrollo de herramientas de control biológico.
El equipo ha identificado la existencia de hongos del género Metarhizium en el entorno panameño, entre los que destacan especies como M. anisopliae, M. robertsii y M. pingshaense. Estos son conocidos como hongos entomopatógenos, lo que significa que pueden incidir y matar poblaciones del psílido. Este hallazgo abre la posibilidad de realizar estudios de eficacia para desarrollar bioinsumos y productos biológicos que pueden ser aplicados directamente a los cultivos como alternativa a los insecticidas químicos.
Más allá de los microorganismos, la investigación ha determinado la existencia de una rica variedad de artrópodos y parasitoides que impactan negativamente en las poblaciones del Diaphorina citri. Entre ellos se encuentran arañas, especialmente las arañas saltadoras, que son depredadores generalistas. En cuanto a los insectos, el ecosistema alberga:
Mariquitas o coccinélidos (Cheilomenes sexmaculata), voraces depredadores de insectos pequeños.
Leones de áfidos y chinches asesinos, otros insectos generalistas que contribuyen al control natural.
La avispa parasitoide (Tamarixia radiata), quizás el enemigo natural más específico y prometedor, que pone sus huevos dentro o sobre el psílido.
Estos enemigos naturales ya están teniendo un impacto en las poblaciones del psílido. El potencial de estos hallazgos reside en que estas especies pueden ser consideradas para programas de multiplicación en laboratorio y posterior liberación controlada en los cultivos, una práctica conocida como control biológico aumentativo. Al crear condiciones favorables para su supervivencia, los productores pueden potenciar la defensa natural de sus huertos.
La investigación liderada por el Idiap representa un paso hacia un manejo más sostenible y ecológico del HLB en Panamá. En lugar de depender de químicos que dañan el ecosistema, la ciencia está recurriendo a la propia naturaleza para proteger los cultivos. Los estudios en curso buscan ofrecer una solución duradera que salvaguarde la producción de cítricos y la seguridad alimentaria, demostrando que la innovación agropecuaria puede ir de la mano con la conservación ambiental.