• 30/12/2023 20:03

Autora

Silvia Fernández-Risco

Recién levantada, me asomé a la ventana —lo hago todos los días, es un ritual que inicié a principios del confinamiento, una necesidad de saludar al mundo, a la vida. Aún estaba oscuro. En el cielo se distinguían, apenas, las formas de nubes acerinas. Apareció, entre ellas, una brillante sonrisa. ¿Era el cielo dándome los buenos días? ¿Era la luna invitándome a jugar? Sonreí con espontaneidad, con empatía o, más bien, como si yo fuera el reflejo del astro juguetón. Tras unos segundos, desapareció. ¿Habrá sido mi imaginación? Se asomó de nuevo y volvió a esconderse tras una nube. Vino a mi mente el recuerdo de la sonrisa del gato Cheshire. Para Carrol fue un gato. Para mí, una duendecilla sonriente con ganas de jugar.

Cuando apareció por tercera vez, con su sonrisa aún más brillante , sacudió el velo de una nube y formó un camino que llegó hasta mi ventana. No resistí la tentación y salté sobre aquel camino plateado. Era tan suave que apenas si notaba su textura en mis pies. Seguí corriendo para alcanzar la sonrisa. A la mitad del trayecto, sentía mi cuerpo tan ligero como una pluma de colibrí. Un paso más y me convertí en nube. Di un brinco y quedé recostada mirando la infinita bóveda celeste, tan relajada como cuando floto en el agua. Podría haber permanecido un largo rato en esa posición —tal vez lo hice: cuando una se siente así de ligera, no sabe si pasó un minuto o pasaron dos horas y, en verdad, no importa—, pero Hadaluna (así bauticé a la duendecilla) tomó mi mano y me llevó a darle una vuelta a la tierra. De seguro, pasamos encima de varias ciudades, mares y selvas, pero no las vi. Solo sentía el cambio de humedad y percibía los distintos aromas que perfumaban los ambientes. Yo seguía de espaldas a la Tierra, dejándome guiar por Hadaluna, como cuando las niñas llevan a su muñeca tomada de un solo brazo, sin importarles qué es lo que ella mira. Es asombrosa la cantidad de figuras secretas que puedes ver uniendo con líneas imaginarias las diversas estrellas. A través de la historia, en diferentes culturas, lo han hecho los observadores del firmamento.

Al llegar al mismo punto de donde partimos, los escalones de nubes seguían ahí. Me despedí de Hadaluna con una enorme sonrisa. Tomé mi forma original y regresé a la ventana de mi casa. Ella dijo algo que se confundió con el trino de los pájaros. Amanecía.

Biografía de Silvia Fernández-Risco

Artista multidisciplinaria: escritora, cantante, diseñadora editorial. Fundadora y directora del sello editorial Modus Ludicus bajo el que han visto la luz más de 25 títulos tanto de literatura para adultos como para el público infantil y juvenil. Tiene publicados 4 libros de narrativa y ha escrito guiones museográficos; obras de teatro y textos que ha musicalizado su esposo, Ricardo Risco.

Lo Nuevo