Como en una avenida francesa

Y de pronto en medio del andar por el Casco Antiguo los sentidos se topan con un esquina que regala un tiquete a Francia. Sin montar un ...

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

Y de pronto en medio del andar por el Casco Antiguo los sentidos se topan con un esquina que regala un tiquete a Francia. Sin montar un avión el caminante se transporta como a la vía que lleva a la Plaza Concordia en París, acá no hay un cúmulo de quioscos, pero sí está La Petite Bretagne, una pequeña crepería que parece arrancada de una de estas avenidas europeas y puesta aquí en Panamá.

Desde afuera se pueden sentir el olor de la mantequilla, el azúcar y la harina; y aunque está en un sitio histórico panameño los elementos que la decoran tienen marcada la esencia de Bretaña. Esa región donde un día las personas de escasos recursos comenzaron preparar una sencilla mezcla que dio como resultado los crepes.

LA LLEGADA DE BRETAÑA A PANAMÁ

Luego de muchos viajes y ser víctimas del estrés laboral, Lorraine y su esposo François-Marie Le Baud llegaron a esta nación y decidieron que aquí pasarían el resto de sus años. Querían vivir y trabajar en el Casco Antiguo de la ciudad, ambos se dijeron que no atenderían otra alternativa, lo consideraban su sitio perfecto.

Tras analizar sus posibilidades reflexionaron que montar una crepería no sería tan difícil, pues hacer crepes era lo que sabían hacer. Era la pasión que compartían como pareja.

Hace seis meses hallaron la ubicación a pocos metros de donde vivirían, mismo lugar que les proporcionaba un espacio adecuado para recrear una pequeña crepería bretona, pues de esa región es proveniente el esposo François-Marie. He ahí la garantía de la autenticidad de los platillos de dicho restaurante.

TRADICIÓN FRANCESA

Los crepes son su delirio, es lo que mejor saben hacer y ellos son los predominante en su carta. Dado a que es una receta muy sencilla lo vieron como la mejor opción, tomando en cuenta no ellos no son expertos en cocina. La dueña asegura que el contenido de su menú es más práctico que el de un gran restaurante, no obstante la calidad y valor nutricional es elevado.

Los discos comestibles son preparados con harina de trigo sarraceno (una harina integral morena), tal y como se hacen en la meca de los crepes (Bretaña); y según la propietaria ese es el secreto, lo que lleve dentro es secundario.

EL MENÚ

Hay dos tipos de crepes, pero un sin fin de sabores. En toda buena crepería siempre se podrá escoger entre los dulces y los salados. De hecho, el comensal que llegue a este local tiene la oportunidad de seleccionar qué ingredientes acompañarán su disco. De pronto puede ser una combinación como crepes con papas, queso fundido, tocinos y ensalada mixta, o otros elementos que se hallen en la cocina. Todo es cuestión de gustos.

Los dulces pueden ir acompañados desde con helados artesanales (adquiridos en Gran Clement) hasta los tradicionales de Bretaña con caramelo bretón. Está la crepe ‘Karantez’ que significa ‘mi corazón’ en bretón y que mezcla un caramelo típico de Bretaña con una crema casera de maracuyá. Éste tiene un sabor muy especial pues mezcla lo dulce y salado del caramelo, pero lo acompaña lo ácido del cítrico.

Conservando la tradición popular que mantienen las creperías en Francia, el negocio de los Le Baud ofrece una oferta cómoda para sus visitantes. Posee un menú ejecutivo temático. Los martes son dedicados a los sabores de Bretaña, lo miércoles a Panamá (día en que le plato principal es algo muy nacional), los jueves a lo sabores del mundo y los viernes son de mariscos.

LAS BEBIDAS

Cada exquisitez puede ser acompañada por jugos naturales, vinos, sidra francesa, cerveza. Eso sí, nada de licores fuertes.

Ca da nombre que aparezca en la carta es garantía de satisfaccción. Son porciones que aseguran la buena degustación de los sabores y la satisfación del apetito.

PROYECTOS FUTUROS

En este sitio también se puede comprar el tan gustado caramelo bretón para llevar a casa, así como el pan francés casero. De hecho, Lorraine acepta que planea hacer estos productos para distribuirlos en tiendas gourmet, lo mismo que los crepes de mantequilla y azúcar.

UN RATO AMENO

Aunque Lorraine y su esposo no sean chefs especializados, la apariencia de cada plato complace a la vista. Todo armoniza con las mesas chocolates, las paredes color crema y esos componentes europeos que te llevan a Bretaña.

De acuerdo al ánimo de cada quien se puede elegir entre sentarse en la parte interna de la crepería o hacer como en las avenidas francesas y plantarse en una mesa al aire libre y sentirse cual mademoiselle o galán francés.

Cabe mencionar que la música de fondo se mezcla con los elementos y otorgan una velada amena ya sea que se haga una visita a la luz del sol o se prefiera ir guiado por el reflejo de las estrellas y la luna.

Lo Nuevo