La guerra, la culpa y la muerte atraviesan esta conversación con Héctor Abad Faciolince. El escritor colombiano recuerda el ataque del que sobrevivió en...
- 16/08/2015 02:00
Esta es la historia de una guapísima joven española que, como en los cuentos de hadas, superó una infancia difícil y se abrió camino hasta alcanzar fama y fortuna. Su recorrido fue largo y hubo más de un ‘principe azul'. Uno de ellos, Omar Torrijos, coronel cuando se conocieron, quien -como recuerda con cariño- le enseñó el gusto por el típico sancocho panameño. El relato completo lo escribe ella misma en el libro La Condesa se confiesa (Argueso&Grzón, 2014), que se presenta en la XI Feria Internacional del Libro de Panamá. Mayté Maldonado, de nombre artístico Mayte del Mar, llegó a Panamá para bailar en ‘El Sombrero', la mejor sala de espectáculos de la ciudad en los incipientes años 60, con la promesa hecha a sí misma de sacar provecho al único patrimonio que le llegó de familia: su cautivadora belleza. Con veinte años cumplidos y la experiencia ganada en locales de variedades madrileños, la entonces María Teresa Hernández Ballesteros llegó al Panamá pre-revolucionario y se instaló en ‘el Hilton', donde la empezaron a tratar como a una reina.
¿PUEDE DECIRSE QUE PANAMÁ TE DIO SUERTE?
Panamá me dio suerte para el resto de mi vida... Me hice rica, inmensamente rica. Acumulé riqueza y dinero y preciosas e importantes joyas que aún me acompañan. Los joyeros que estaban cerca del Panamá Hilton ya me conocían y me guardaban las piezas que sabían que podían gustarme. Esmeraldas de 40 quilates, un anillo de diamante con corte de pera que todavía hoy lamento que me hayan robado, y me relacioné con los más influyentes personajes políticos y militares, pero sobretodo recibí mucho cariño y gané grandes amigos. Me rodeé de gente inteligente con la que aprendí mucho y que me ayudó a entender el mundo, cuando yo era muy joven e inexperta. Panamá me enseñó a ser la persona que soy hoy y le estaré eternamente agradecida.
¿POR QUÉ HAS ESPERADO TANTO TIEMPO PARA VOLVER?
Las cosas empezaron a complicarse en Panamá políticamente y para entonces yo ya tenía responsabilidades familiares. Aunque me he casado cuatro veces y cuatro veces me he divorciado, el único hombre verdaderamente importante de mi vida ha sido mi hijo y temí por él. En algún momento llegué e pensar que viviría siempre en Panamá; así de bien me trató el país, pero cuando me sentí en peligro no lo pensé y me marché para siempre.
¿QUÉ RECUERDOS TIENES DE ESA ÉPOCA?
En El Sombrero, adonde llegué contratada por un agente argentino, causé furor. Todos querían ir a ver mi espectáculo de canto y baile. Yo era muy sofisticada y glamurosa. Rubia, de ojos turquesa, muy diferente a las demás. Repetí varios viajes y pronto me hice socia de Yolanda y su esposo, los dueños del club, a quienes los clientes frecuentes reclamaban mis visitas. Uno de ellos era Omar Torrijos. Yo le ayudé a armar su revolución. Un golpe de Estado perfecto. Sin problemas. Lo ejecutó como recuerdo se lo dije, casi en broma, y como lo cuento en el libro.
¿CÓMO CONOCISTE A TORRIJOS?
A él lo levó a El Sombrero, su hermano Monchi, que era periodista de farándula y así se me presentó. Luego le avisaban cada vez que yo iba y siempre estaban los dos en primera fila y tomando mucha champán. En El Sombreo se descorchaba mucha champán y yo me llevaba un porcentaje de todo. Empezamos a charlar con frecuencia, Omar bebía menos que su hermano, pero era gran conversador. Escuchaba atento y cuando hablaba, decía cosas muy bonitas, con una voz muy dulce. Se notaba que le preocupaba el país y que quería hacer cosas buenas para su gente. Era de estrato humilde y tenía gran sensibilidad social. También iba a El Sombrero el entonces presidente, Arnulfo Arias Madrid, más sofisticado y elegante y también muy amable, pero él no me hablaba del pueblo panameño, él tenía otros intereses.
¿Y SOBRE EL GOLPE DE ESTADO, CÓMO SURGIÓ ESA RECOMENDACIÓN?
Torrijos estaba siempre dándole vueltas a las cosas que quería cambiar en el país. Nuestras conversaciones eran siempre muy íntimas. Me tenía mucha confianza y yo le desarrollé verdadero afecto. Cuándo ganó la revolución yo estaba en Madrid y enseguida me mandó llamar. Estaba agradecido. Me dijo que yo le di la fortaleza para dar el paso. Siempre fue un gran amigo y me dio mucha pena su muerte. No quise volver sin él aquí.
¿PERO SÍ VOLVISTE DESPUÉS DEL GOLPE DE ESTADO?
Si. Regresé con un billete de primera clase que él me mandó a Madrid. Y retomamos nuestra amistad. Yo le ayudé a forjar el Panamá moderno y cosmopolita de hoy. Yo no tenía educación formal, pero ya había conocido a mucha gente y le hablaba de las cosas diferentes que podían hacerse en el país. En Panamá conocí también a un hombre muy rico, educado e inteligente, Gilberto Arias. Políticamente eran antagonistas, pero se toleraban por mí. Yo era el enlace entre lo que Torrjos quería hacer y Gilberto sabía cómo hacer. Entre los tres sentamos las bases de las leyes que permitieron que en Panamá se creara un gran centro bancario, que hubiera una zona libre de impuestos, ventajas para los inversionistas de todo el mundo, la regulación tributaria favorable y excensiones fiscales para impulsar el comercio. Ellos sabían que hablaban a través de mi. Aunque había mucho recelo al principio, a todos les gustaba lo que Omar Torrijos estaba haciendo para el país. Y yo me encandilé con Gilberto, que se quiso casar conmigo, a pesar de nuestra diferencia de edad. Fue uno de los hombres más inteligentes que he conocido. Era un galán.
¿CONSIDERAS QUE ENTONCES TENÍAS PODER EN PANAMÁ?
Ser amiga del general era ya un rango. Él era el verdadero presidente, aunque nunca tuvo el cargo y hacía lo que quería en el país. Me relacioné con mucha gente influyente y mucha gente influyente quería relacionarse conmigo, pero ya he olvidado los nombre. Nunca quise guardarlos en mi memoria, para no comprometer a nadie sin querer. Yo sabía muchos secretos, cosas que todavía no he contado. Cuando yo vivía en Panamá, Omar le concedió asilo al Sha de Irán, pero lo que pocos sabían es que nunca llegó al país y quien se trasladó con su esposa, Farah Diba, a la residencia preparada para él en la isla Contadora, fue un doble. El sha estaba en EE.UU. recibiendo tratamiento médico. Eso sólo lo sabíamos Omar, Monchi, Farah y yo. Ella era una mujer muy elegante, pero muy triste.
¿Y DE LA MUERTE DE TORIJOS, SUS AMIGOS TE DIJERON ALGO?
Hay cosas que se saben pero que nadie quiere decir. Omar era popular y campechano, pero también tenía enemigos. Yo no quiero volver a Panamá acusando a nadie, pero había gente cercana a él que a mi no me gustaba y que yo sé que él toleraba por rango militar, pero no eran sus amigos.
¿Y QUÉ PASÓ CON GILBERTO ARIAS?
Estuve a punto de decirle que sí. Incluso conocí a sus hijos y llevé a mi hijo a su hermosa Hacienda Santa Mónica, donde parecía un rajá, aunque a Omar no le gustaba, se ponía verde, y me reclamaba que no iba a verle a él a Río Hato. Gilberto me llevó a sitios espectaculares. También me orientó legal y financieramente e hice buenas inversiones con su asesoramiento. Se codeaba con el jet set de la época y tenía amigos en todo el mundo. Con él viví a lo grande. Me da mucha pena saber que la Hacienda Santa Mónica se ha perdido.
¿QUÉ PLANES TIENES A TU VUELTA?
El país que yo recuerdo es un Panamá del pasado. Mis grandes amigos ya han muerto. Quiero conocer el nuevo Panamá, estoy entusiasmada. Todo será muy nuevo para mí, pero sí me gustaría volver a tomar sancocho, el plato típico que tanto le gustaba a Omar y él me enseñó a disfrutar. La Condesa se confiesa es el primer y único libro de Mayté Maldonado, alegada hija bastarda del conde de Villalbí. El producto de la venta de sus memorias se destinará a La Fundación Jesús de Nazaret, en quién, confiesa, ha encontrado el verdadero amor que le negó el placer mundano.