La exposición 'La puerta de no retorno', se presenta en la Bóveda del MAC

Actualizado
  • 08/05/2022 00:00
Creado
  • 08/05/2022 00:00
Un recorrido por el arte de cinco integrantes del Taller Portobelo nos lleva al proceso de formación del colectivo artístico y a reconocer un pasado histórico que ha establecido un grupo humano con características únicas
Obra de Gustavo Esquina

En la isla de Gorée, en Senegal, se encuentra un lugar cargado de historia: la puerta del no retorno. En la casa de los esclavos, quienes regentaban el negocio de la venta de africanos para trabajar en las colonias del nuevo mundo vivían en la planta alta, mientras que abajo, se agolpaban hombres y mujeres que a la llegada de un bote que les llevaría a la embarcación con la que cruzarían el Atlántico, atravesarían una puerta estrecha que abierta, no dejaba ver más que el mar. Ya fuera, no tendrían la oportunidad de volver a la tierra que les vio nacer.

La figura de esta puerta, un punto de partida hacia un futuro desconocido y cargado de dolor y de nostalgia, ha dado nombre a la muestra que a partir del 12 de mayo el Taller Portobelo presentará en La Bóveda del Museo de Arte Conteporáneo en la ciudad de Panamá.

A Portobelo llegaron muchos de esos africanos desarraigados. Pasaron por esa población como una mercancía, así como se transportaba el oro, la plata, telas, especias y animales. Algunos escaparon y formaron los palenques, comunidades de resistencia en los que de a poco, sus raíces africanas, mezcladas con lo español y lo indígena conformarían lo que hoy se conoce como la cultura Congo.

Muestra de esta cultura que involucra elementos tales como música, rituales y comidas, queda plasmada en la obra de los artistas del Taller Portobelo, un espacio que desde hace 40 años ha estado generando una diversidad de piezas de arte Congo, que “con sus colores y figuras materializa un registro visual de esta cultura, sus valores y sus tradiciones, convirtiéndose en un patrimonio invaluable de la historia de Panamá que es la historia de toda América”, establece un comunicado sobre la exposición.

Obra de Virgilio Esquina De la Espada

El taller surgió de la mano de la artista panameña Sandra Eleta, el artista colonense Arturo Lindsay y el artista portobeleño Virgilio Esquina 'Yaneca'. Con el pasar del tiempo, una nueva generación de artistas ha ofrecido continuidad a este colectivo que sigue registrando la cultura Congo a través de imágenes llenas de la vida y del color de Portobelo.

“La puerta del no retorno es para mí todo el sacrificio que se hizo, pero a la vez, una luz que al cruzar el Atlántico es recibida por Kianda, - diosa de las aguas de la mitología africana- que es un personaje simbólico, es la fuerza creativa que hay del otro lado del mar; es algo trascendente, transformativo. Es un símbolo de la fuerza que existe en todo ser humano de transformar su historia. De la posibilidad de transformar su adn histórico. Es la metáfora de un punto de luz, de trascendencia, de redención ante un pasado tan dramático como ese”, explica Sandra Eleta, una de las fundadora del Taller Portobelo. “En esta oscuridad total Kianda —antecesora de Yemayá— es quien rescata la esencia de la puerta de no retorno. Es la que le da la luz al tener la memoria histórica que Portobelo ofrece a la diáspora africana, algo positivo que surge después de la tragedia de la esclavitud”, agrega.

“Lo que el grupo de artistas que se va a presentar ha hecho por todos estos años, es un viaje que les hace regresar por esa puerta”, comenta Lindsay, quien ayudó con el establecimiento del Taller Portobelo, la identidad del arte congo, a través de la enseñanza de técnicas artísticas y el intercambio de ideas con artistas de otras latitudes.

Obra de Euribiel Sánchez

“Las raíces del arte congo vienen de su cultura, tradiciones en las que ellos han participado desde niños. Al ponerse a trabajar juntos, ellos veían lo que el otro estaba haciendo y eso los motivaba más. Lo que yo vi en eso fue un movimiento que está creciendo, así como el cubismo, que empezó con Braque y Picasso y si ves algunos cuadros de Braque, se parecen a los de Picasso en su etapa temprana”, indica Lindsay. “Podríamos hablar de expresionismo, abstracto… es gente que se visitaba y tenían los mismos intereses. Así, tenemos nosotros algo igual, cada uno se alimenta de las ideas de los demás. Y ahora con internet, aunque vivan en un pueblito al lado de la costa tiene una ventana abierta al resto del mundo”, agrega Lindsay.

Formaron parte de estas ideas nuevas, los intercambios que promovió Lindsay desde Atlanta con el Spelman College y otras instituciones. A Portobelo llegaron unos 10 estudiantes de arte por año, en un lapso de 15, mientras que los portobeleños viajaron en repetidas ocasiones. El intercambio hizo que tanto panameños como extranjeros se dieran cuenta de los elementos que en común tenían su trabajo, así como su herencia histórica.

La primera intención de Lindsay había sido establecer un centro que interesara a los portobeleños por el arte, así tendrían una ocupación que les podía rendir ingresos económicos, en un momento post invasión (década de 1990), en el que muchos jóvenes se veían tentados a participar en el trasiego o venta de drogas.

Ariel Jiménez 'Pajarito'

Para ese entonces Sandra Eleta, junto con otras personas, a través del llamado Grupo Portobelo habían estado usando el arte para dar empleo a la gente del pueblo, bastones, prendas de ropa, pero era necesario ofrecer instrucción, que ellos pudiesen crecer como artistas. “Diferentes caminos nos llevaron a ese punto donde empezamos, yo pienso en esto como las raíces de un árbol que plantamos”, asegura Lindsay.

El tercer pilar fue Virgilio Esquina, 'Yaneca', quien empezó decorando bastones congo y posteriormente pasaría a un formato mixto de lienzo y talla en madera.

Para ello iniciaron plasmando lo que ellos veían, por solicitud de Arturo Lindsay, registrar colores texturas y formas. El proceso se completaría cuando Eleta les indicó “ahora pinta lo que tienes adentro, lo que no ves”, refiriéndose a su imaginación, reforzada con sus elementos culturales.

Gustavo Esquina De la Espada

Doce artistas se formaron inicialmente. Algunos de ellos abandonaron el oficio por diferentes razones. No es sencillo vivir del arte. Cinco se han mantenido y participan en la exhibición La puerta de no retorno: Virgilio Esquina de la Espada “Titto”, Tatu Golden, Ariel Jiménez “Pajarito”, Euribiel Sánchez y Gustavo Esquina De la Espada. También se presentará arte de Virgilio Esquina, “Yaneca”.

Nuevas generaciones
Tatu Golden

La fundación Bahía de Portobelo ha venido impartiendo clases de música para los niños del pueblo y de las poblaciones vecinas, desde hace unos 10 años. En términos de artes plásticas, se habían realizado algunas actividades pero la intención era establecer un programa continuo en educación en el arte. “La primera clase fue el 19 de abril, tenemos dos secciones, seis niños en la mañana y 13 en la tarde, en un rango de edad de 7 a 13 años, por el momento”, explica Ana Alicia González, directora del Taller Portobelo / Escuela de Arte de la Fundación Bahía de Portobelo. La idea es abarcar hasta jóvenes de 18 años para formar una generación de relevo para el taller. Pero, más allá de eso, se busca impactar a la juventud porque “la educación en arte a esa edad te va a desarrollar la creatividad, el trabajo en equipo, la tolerancia, el ejercicio de toma de decisiones, fortalecer la seguridad en sí mismos”, sostiene González. “No todos los niños que participan van a ser artistas. Y realmente no necesitamos que todos lo sean. Portobelo necesita buenos profesionales en todas las áreas”, dice.

Virgilio Esquina De la Espada 'Titto' con su obra dedicada a Kianda

La fundación cuenta con un taller completamente equipado con todo el mobiliario y las herramientas para que puedan pasar una jornada completa trabajando. Adicionalmente se está ofreciendo un taller de talla en madera. Casa Congo es el nombre del espacio que sirve para comercializar las obras de los participantes.

“Es un sistema muy simbiótico en el que la fundación presta el apoyo a los artistas, se les brinda un espacio en el que pueden vender sus obras y mientras se le retribuye a los artistas también se financia la fundación”, explica la directora.

Virgilio Esquina 'Yaneca'

“El futuro está en eso, en reconocer lo que somos, reconocernos en nuestra historia. La importancia de este movimiento, porque muchos han surgido y han tenido que redactar tratados para justificarse, es que aquí la justificación histórica es latente, existe y está viva. Si vas a Portobelo y la puedes ver.

Y esto es parte de lo que se verá reflejado en la exposición que se extenderá hasta el 4 de junio. “Cada ser humano tiene su puerta de no retorno. Todos hemos tenido un proceso y llegamos a un punto en que ya no somos los mismos. Allí debemos llevar al público”, concluye González.

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