La basura que la ciudad de Panamá no logra recoger

La acumulación de residuos en calles, aceras y contenedores evidencia las fallas de un sistema que todavía se concentra en recoger y trasladar la basura. Panamá enfrenta el reto de mejorar la infraestructura, impulsar el reciclaje y establecer una gestión integral de los residuos

¿Por qué la recolección de basura continúa siendo uno de los problemas más visibles y persistentes de la ciudad de Panamá? Basta recorrer sus calles para encontrar contenedores desbordados, bolsas acumuladas en las esquinas y desperdicios dispersos sobre aceras, cunetas y espacios públicos.

No se trata de un fenómeno nuevo ni de una situación excepcional. La basura se ha incorporado de tal manera al paisaje urbano que, por momentos, pareciera haberse normalizado. La ciudad todavía está lejos de contar con un sistema integral y eficiente de gestión de residuos que abarque desde la separación en los hogares y comercios hasta la recolección, el reciclaje, el aprovechamiento de los residuos orgánicos y su disposición final.

El resultado es una ciudad que no logra recoger la basura eficientemente y mucho menos gestionarla.

Un ciclo que se repite todos los días

Una de las imágenes más frecuentes son las bolsas de la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD) con basura depositadas directamente sobre las aceras o alrededor de improvisados puntos de recolección, luego que las cuadrillas han barrido y recogido la basura. Allí permanecen durante horas, expuestas a animales, lluvia y personas que las abren en busca de alimentos o materiales reciclables.

Cuando finalmente pasa el camión recolector de la institución, parte de los residuos ya se ha dispersado por la calle. El propio sistema obliga a colocar las bolsas de basura en la calle sin contar con contenedores adecuados, cerrados y suficientes.

La infraestructura necesaria para el ejercicio de esta actividad simplemente no existe. En numerosos puntos de la ciudad, los lugares destinados a la recolección parecen improvisados: tanques colocados en cualquier esquina, bolsas acumuladas alrededor de ellos y desperdicios que terminan esparcidos por el espacio público.

La recolección de basura requiere infraestructura adecuada para evitar que los residuos permanezcan expuestos en el espacio público.
Cuando la tarea la realiza un volquete y retroexcavadora junto al camión de basura

La AAUD informó en julio de 2026 que entre julio de 2025 y junio de 2026 gestionó más de un millón de toneladas de residuos procedentes de los distritos de Panamá y San Miguelito en Cerro Patacón. Una de las imágenes más desconcertantes de esta crisis aparece cuando volquetes y retroexcavadoras alquiladas a compañías privadas recogen montañas de desperdicios acumulados alrededor de contenedores de basura a cielo abierto.

Resulta difícil considerar normal que maquinaria concebida principalmente para trabajos de construcción, movimiento de tierra y manejo de materiales pesados termine formando parte habitual del paisaje de la recolección de residuos urbanos en la ciudad de Panamá.

Una retroexcavadora puede ser útil para atender una acumulación extraordinaria o remover residuos voluminosos, pero su utilización recurrente para recoger basura doméstica evidencia algo distinto.

El reciclaje informal

Según datos del Ministerio de Ambiente, menos del 10% de los residuos sólidos generados en Panamá se reciclan. Esta labor ha quedado en manos de recolectores informales y personas que revisan las bolsas en busca de botellas, latas, cartón, metales y otros productos con algún valor comercial. Su trabajo permite recuperar una fracción de materiales que, de otra manera, probablemente terminarían entre los residuos destinados a disposición final.

Pero este sistema tiene enormes limitaciones: los materiales con mayor valor comercial son seleccionados, mientras que aquellos difíciles de vender o reciclar permanecen en las bolsas. Además, muchas personas realizan esta actividad sin equipos de protección y en contacto directo con residuos potencialmente peligrosos.

Todo termina en la misma bolsa

Residuos orgánicos, plásticos, vidrio, cartón, latas y desperdicios no aprovechables terminan dentro de una misma bolsa. Incluso quienes tienen la intención de separar sus residuos pueden preguntarse para qué hacerlo si posteriormente todo será mezclado durante la recolección.

Lo mismo ocurre con los residuos orgánicos que podrían aprovecharse mediante compostaje, pero que terminan mezclados con plásticos, metales y otros materiales. La separación en origen —desde hogares, comercios, oficinas y restaurantes— debería constituir el primer eslabón de una nueva política de residuos.

Pero para exigirla se necesita crear previamente un sistema capaz de mantener esa separación durante la recolección, clasificación y tratamiento. De lo contrario, pedirle al ciudadano que clasifique sus residuos para mezclarlos después en un mismo camión carece de sentido.

Una mala carta de presentación

La basura no constituye únicamente un problema ambiental o sanitario. También afecta directamente la percepción de la ciudad.

Panamá dedica importantes recursos a promocionarse como destino turístico, centro de negocios y eventos. Sin embargo, esa imagen entra en contradicción cuando un visitante sale de un hotel, recorre un barrio histórico o transita por una avenida y encuentra bolsas de basura amontonadas en las esquinas.

Antes de pensar exclusivamente en nuevos incentivos para atraer visitantes e inversiones, existe una tarea urbana mucho más elemental: ofrecer una ciudad limpia, capaz de administrar correctamente sus servicios básicos.

La limpieza del espacio público también forma parte de la competitividad de una ciudad. No importa cuántos edificios nuevos y hoteles se construyan si la gestión cotidiana de las calles continúa mostrando deficiencias tan elementales.

La separación de residuos desde hogares y comercios constituye uno de los primeros pasos para mejorar su aprovechamiento.
¿Quién es responsable de la basura?

La crisis también pone sobre la mesa un problema institucional. La recolección de residuos y la limpieza urbana son servicios esencialmente locales.

El barrido de las calles, la recolección de los residuos, el mantenimiento del espacio público y la disposición final forman parte de una cadena que necesita coordinación permanente.

Cuando estas responsabilidades se encuentran fragmentadas entre distintas entidades y niveles de gobierno, resulta más difícil establecer quién responde por el sistema en su conjunto. Por ello, cualquier proceso serio de descentralización debería preguntarse qué capacidades administrativas, técnicas y financieras necesitan los municipios para asumir progresivamente una cartera más amplia de servicios urbanos.

Cuando demasiadas instituciones participan, pero ninguna parece controlar integralmente el proceso, la responsabilidad termina diluyéndose.

De recoger basura a gestionar residuos

Una política moderna tendría que comenzar por reducir la cantidad de residuos generados y establecer progresivamente la separación en origen. Después vendrían sistemas diferenciados de recolección, centros de clasificación, recuperación de materiales reciclables, compostaje de residuos orgánicos y una disposición final técnicamente adecuada para aquello que realmente no pueda aprovecharse. Existen iniciativas valiosas, entre ellas los dispositivos instalados para interceptar residuos que llegan a algunos ríos.

Pero estas soluciones actúan cuando el desperdicio ya escapó del sistema y se encuentra camino al mar. Son necesarias, pero no pueden sustituir una política que evite que la basura llegue allí en primer lugar.

Panamá no necesita únicamente más operativos extraordinarios de recolección de basura. Necesita transformar la manera en que produce, deposita, recoge, clasifica, aprovecha y finalmente dispone sus residuos. Esto requiere infraestructura y recursos, pero también una reforma institucional, normas claras, fiscalización, educación ciudadana y responsabilidades definidas para hogares, comercios, empresas y autoridades.

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