El IMHPA prevé menos lluvias en el Pacífico y alerta sobre impactos en agricultura, agua potable, energía y Canal de Panamá
- 02/09/2012 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️La bailarina semidesnuda aprovecha una pausa del desfile para apretarse una cerveza de medio litro entre el pecho y las alas. Una mujer de tendencias bisexuales y lentillas fosforescentes, liga con las chicas que pasan a su lado ante la volátil mirada de su novio. Me pregunta que si llevo lo que anda buscando, pero ella necesita una tronera de escape y yo solo tengo un rifle de agua cargado de ron jamaicano. Dos señoras besuquean a una pareja de policías que sonríen bajo una nube de mariguana. Y, como cada agosto desde 1964, una lluvia de risas termina por inundar uno de los barrios más pudientes de Londres, transformándolo en un salvaje oeste con modernos detectores de armas a la entrada de algunas de sus calles.
Aunque la naturalidad trate de esconderse en las formas, siempre emerge del fondo. Esta máxima que me acabo de inventar se aplica perfectamente a la población londinense, cuyos ceñidos modales dan rienda suelta a las más primarias muestras de desahogo desde del primer sorbo. Lo veo en cada una de estas postales del Carnaval de Notting Hill. El mayor festival callejero de Europa, con más de un millón de visitantes, celebró en esta edición los cincuenta años de independencia de Trinidad y Tobago, una de las comunidades afro caribeñas más arraigadas en la capital inglesa.
Ingleses y turistas venidos de todas partes del mundo cambiaron por un día el habitual menú de comida basura tras una noche de pintas de cerveza, por zumos de caña de azúcar, cabra al curry, pollo condimentado al estilo caribeño y arroz con judías. Todo ello salpicado con muchísima pimienta, regado con abundante ron y aromatizado con ingentes cantidades de yerba de los dioses.
Tras años de asesinatos y violencia en el carnaval más salvaje de Europa, la fiesta ha vuelto proyectar una imagen apacible alejada de los altercados que han ido decreciendo respecto a citas anteriores. El barrio que fue famoso por marcar tendencia en el lenguaje callejero de los londinenses, con nuevas expresiones surgidas a partir de la convivencia de comunidades de orígenes diversos, ha recibido este año los carnavales como un broche de oro a las Olimpiadas, ensalzando su cariz multicultural. Incluso los seres que andan más perdidos en la vida, terminan encontrándose a sí mismos en Carnaval, tal vez la mayor manifestación del espíritu humano. En este caso menos santo y más terrenal.