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- 26/07/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Nada más tedioso que una asamblea de vecinos, ¿verdad? Decisiones que pueden ser muy simples terminan complicándose enormemente como en esta ocasión en que el tema a tratar es la compra de un nuevo elevador. Nadie se opone, todos están a favor. Charo, presidenta de la junta (Nilena Zisopulos), ha presentado las cotizaciones correspondientes. Es algo que le conviene mucho a Maite (Mónica Lauri), quien espera un bebé. Lucas (Eric Rodríguez) un despreocupado millennial no opone resistencia, lo mismo que Fernando (Hugo Víctor Rodríguez), a pesar de su poca popularidad en el edificio. Ricardo (Julio Chamorro), por su parte, revisa que todo el proceso se dé de forma transparente y de acuerdo con los estatutos. Nuria (Kathleen Moreno) llega un poco tarde, pero a tiempo de votar. La reunión se hace en el apartamento de Alberto, que permanece desocupado.
La votación se realiza sin contratiempos, y unánimemente se decide hacer la compra del elevador. El único punto por discutir se resuelve, por lo que la reunión finaliza hasta que Alberto comenta que alquiló el espacio y que el nuevo vecino llegará pronto a reunirse con él.
La noticia sorprende a todos, quienes solicitan información sobre el nuevo inquilino. Quién es, qué hace, a qué se dedica... por qué alguien estaría tan interesado en un apartamento que no está en las mejores condiciones... Alberto trata de responder a las interrogantes una a una hasta que hace un comentario que detona las alarmas. Se trata de un joven compañero de trabajo que forma parte de un programa de reinserción laboral. Padece de un problema de salud mental, pero que no afecta sus capacidades ni su personalidad.
Esa respuesta no hace desaparecer la desconfianza de la asamblea que incluso considera suprimir la votación sobre el elevador para destinar los fondos a alquilar el apartamento con tal de que el nuevo vecino no lo ocupe. ¿Pueden los vecinos decidir a quién alquila tu propiedad?, Se desata una discusión en la que saldrán a relucir personalidades, egos e incluso alguna información clasificada porque, ¿quién es más cercano que un vecino?
La obra ‘Votemos, asamblea de vecinos’ es una versión del cortometraje español Votamos de Santiago Requejo que, en 2022, fue nominado a los premios Goya y que luego dio el salto al teatro en Argentina con la adaptación de Javier Lorenzo y Raúl Barranco, bajo la producción general de Adrián Suar.
En Panamá, la puesta en escena está a cargo de Arturo Wong Sagel, con Stella Lauri como asistente de dirección.
La propuesta de este montaje surgió de Stella Lauri, cuenta Arturo Wong Sagel. “Ella me habló de este texto desde hace un año. Cuando lo leí dije, ‘es poderoso y tiene una gran premisa’ pero como director lo que más me llamó la atención fue cómo iba a poner en escena a siete actores que estén en constante tensión. Más allá del mensaje o el tema, me interesó ese reto”.
Y es que, la tensión es una constante en una junta de condominio en la que la complejidad de cada persona trata de imponerse. “Cada persona es un mundo, y cada mundo tiene sus egos. Eso es lo que hace al ser humano contradictorio y apasionante. Un condominio es el lugar en donde uno vive, y por eso, allí chocan todos los egos con frustraciones, porque es el límite de lo íntimo”, reconoce Wong Sagel. Para el director, este es “el condimento perfecto para una obra de teatro”.
A lo largo de la obra surge una serie de desencuentros que van desenmascarando una cordialidad superficial con la que todos se tratan. Se juzga, se señala y se recrimina y cada vecino le recuerda a otro que ninguno allí está libre de pecado.
“Ahí radica todo. No somos capaces de ser empáticos. Estamos programados para velar por mi supervivencia y la de mi grupo. Es el instinto. Por eso el teatro funciona muy bien, como un mecanismo de transgresión... porque de alguna manera nos hace ponernos en el lugar del otro o ver perspectivas distintas a la nuestra”.
Para Arturo Wong la palabra clave para la convivencia es justamente la empatía. “Para convivir con el otro, con el extraño, incluso con las personas que amamos, si no hay empatía no hay forma”, afirma.
Lamentablemente la forma como vivimos el día de hoy, más guiada al individualismo afecta la forma en que nos comportamos en comunidad. “Sin lugar a dudas. Y honestamente, no le veo solución. El individualismo es una vorágine que nos hará extinguir como especie. No sé si pronto, pero lo hará”, sentencia.
Esperemos que no sea pronto y mientras tanto, una dosis de risa y reflexión pueden hacer mucho bien. La comedia, en este caso, es una herramienta infalible para reflejar verdades y hacernos mirar en un espejo.
Joaquín llega al edificio, ninguno allí lo conoce, sin embargo, ya tomaron una decisión.
Se tiene el derecho al voto, pero la voluntad de la mayoría puede dejar de ser democrática. “La democracia es un sistema de paradojas porque actualmente es el único sistema que se resiste a los totalitarismos. Sin embargo, es engañosa, porque lo que la mayoría vota o pide no es lo más conveniente, ni lo mejor. Al final, se trata de cómo un poder logra la mayoría para imponerse”, analiza.
“Un país como Estados Unidos, que se jacta de ser el más democrático, basta con mirarlo con atención para entender que quienes gobiernan no representan a la mayoría y que se trata de un grupo aislado que quiere el poder con tal de imponer sus decisiones sin que se vean impuestas. Esto, a nivel macro. Si bajamos a otras escalas, veremos lo mismo desde ministerios, consorcios de edificios, profesores de un colegio o el club de padre de familia. Y eso, insisto, es un buen caldo para una obra de teatro”, agrega.
Si usted tuviese que votar a favor o en contra de este nuevo vecino, ¿cómo votaría usted?