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- 18/11/2012 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️PANAMÁ. P aul Auster es uno de los escritores más prolíficos, premiados y leídos de la actualidad. Sus novelas y narraciones, como La trilogía de Nueva York, El libro de las ilusiones, Leviatán, La noche del oráculo, Un hombre en la oscuridad y Diario de invierno, entre muchas otras, son referentes obligados de la literatura contemporánea.
Auster también es un exitoso guionista y director de cine: en 1998 dirigió Lulú en el puente y en 2007 La vida interior de Martin Frost.
Lo que pocos saben es que empezó su carrera como poeta en 1970 con su libro Radios. Durante los diez años siguientes se dedicó casi exclusivamente a este oficio y publicó varias obras: Exhumación, Escritura mural, Desapariciones, Efigies, Fragmentos del frío, Aceptando las consecuencias, Espacios blancos y Cimientos. Este mes se publica por primera vez en Colombia una antología de sus poemas traducidos al español por Jordi Doce. Desde su casa en Brooklyn, Auster habló con SEMANA sobre Poesía completa.
¿RECUERDA CÓMO SE CONVIRTIÓ EN POETA?
La verdad es que no me acu erdo con exactitud. Empecé a leer muy joven y me marcaron los libros de Robert Louis Stevenson. En ese momento sentí el deseo de imitar sus historias. No recuerdo cómo escribía yo de niño, pero sí me acuerdo de que me hacía sentir mejor sobre mí mismo y sobre mi lugar en el mundo. Desde entonces ninguna actividad me ha dado tanta satisfacción.
¿EN QUÉ MOMENTO EMPEZÓ A TOMAR EN SERIO SU ESCRITURA?
Probablemente a los 17 o 18 años. Pero es complicado, porque a esa edad quería ser novelista. Antes de cumplir los 20 años escribí cientos de páginas de ficción, con unas ambiciones muy altas. Pero era frustrante porque el resultado nunca me gustaba. Empecé a darle la espalda a la prosa y me enfoqué en la poesía. Ahora, tantos años después, siento que en esas páginas de ficción que escribí está el germen de mis primeras novelas. El fundamento de esas historias estaba ahí, solo que a esa edad no sabía cómo escribirlas. El caso es que a los 20 años me dediqué a ser poeta de tiempo completo.
SUS PRIMEROS POEMAS HABLAN SOBRE LOS PROBLEMAS DEL LENGUAJE, SOBRE LA DIFICULTAD DE EXPRESAR EL MUNDO A TRAVÉS DE LAS PALABRAS…
Pa ra mí esa es la cuestión principal no solo de mi escritura, sino de mi vida en general. Siento que las palabras nos fallan, que no nos permiten describir el mundo en su totalidad de matices. Y de ahí nace otro problema esencial para mí: la dificultad de la comunicación. Busco entender la barrera que el lenguaje crea entre las personas.
ESO RECUERDA A LAS ÚLTIMAS CARTAS DE ARTHUR RIMBAUD, DONDE DICE QUE EL LENGUAJE POÉTICO ES INSUFICIENTE Y POR ESO ABANDONA LA ESCRITURA…
E s un tema que siempre me ha atormentado. En Diario de invierno, uno de mis libros más recientes, reflexiono sobre esa distancia entre el mundo y la palabra. En inglés, curiosamente, se escriben de manera muy similar: ‘word’ y ‘world’. Cuando uno las mira se ven casi iguales, solo las separa una letra, pero en realidad hay un abismo entre las dos.
EN ESE SENTIDO, ¿CUÁL DE LAS DOS ES MEJOR PARA REPRESENTAR EL MUNDO: LA PROSA O EL VERSO?
S e puede hacer de las dos maneras y no hay una mejor que la otra. Pero para mí, al final, la prosa resultó ser mucho más efectiva. Por eso a los 30 años, después de haber publicado varios libros de poesía, decidí dedicarme a las novelas. Como dije, mi primer impulso fue el de ser novelista y resultó acertado. La ficción está más cerca a mi sensibilidad y me permite expresar mejor mis contradicciones.
SU LIBRO ‘POESÍA COMPLETA’ ACABA DE SER PUBLICADO EN UNA EDICIÓN BILINGÜE, ¿CÓMO SE SIENTE FRENTE A LA TRADUCCIÓN?
Sé que mis poemas son difíciles de traducir porque son bastante crípticos y muchas palabras tienen dos o tres significados al mismo tiempo. Así que es casi imposible llevarlos a otro idioma. Pero creo que Jordi Doce, mi traductor al español, hizo un fantástico trabajo: encontró el significado y logró traducir la musicalidad. Él no podía reproducir la cadencia de los versos en ingl és pero encontró la equivalencia en español. Ahora, la traducción de poesía es un ejercicio en el que es muy fácil fracasar. Yo he sido traductor y sé de lo que hablo. Sin embargo, los poemas que más me han gustado en mi vida fueron escritos en idiomas que no hablo. Mi vida como lector sería mucho más pobre si no hubiera podido leer grandes traducciones.