Los familiares de los presos políticos en Venezuela cumplen este lunes, entre la fe y la impaciencia, la quinta noche de espera de nuevas excarcelaciones...
- 17/01/2026 00:00
No es secreto para el mundo que muchos políticos (en especial los dictadores) recurren a santeros, astrólogos, brujos, ritos, símbolos y chamanes como guía o protección para sus actividades y, aunque le puedan sonar a teorías conspirativas amigo lector, hay múltiples casos que se alimentan de testimonios, reportes investigativos serios y hechos que se resisten a considerarlos “cuentos populares”.
Desde tiempos inmemoriales estos sincretismos religiosos, para hablar de América, han estado muy vinculados con los territorios de ultramar colonizados por los portugueses y españoles durante los siglos XV y XVI.
La introducción de esclavos africanos por parte de los colonizadores en nuestro continente, deriva en la siembra de una semilla que, a la postre, conduce al nacimiento de múltiples deidades y creencias en las américas.
Los primeros africanos esclavizados llegaron a Cuba en 1511; aunque el mayor número llegó en el siglo XIX, Cuba siguió recibiendo nuevos esclavos hasta 1860. La emancipación total se produjo en 1886, en total unos 850,000 africanos esclavizados fueron llevados a Cuba. La mayoría procedentes de África occidental, concretamente de Guinea, Nigeria, Benin y Angola. De ahí, pasaron al sur de los Estados Unidos, a otras islas caribeñas y claro, a todas las américas.
Ahora, ¿esto es nuevo? La verdad no, desde que el hombre puso un pie en la tierra ha estado en la búsqueda de un ser superior, una fuerza que los guíe, les otorgue poder, vida eterna, genere temor o respeto antes sus adversarios. Siglos atrás se adoraba al fuego, serpiente, águila, jaguar; siglos atrás, personalidades como los césares, reyes de Egipto o monarcas europeos usaban a los adivinadores, oráculos, sabios, sueños, animales de cualquier especie o, brujos, para intentar predecir el futuro.
La lista de políticos actuales o pasados que buscan estos recursos es larga y en ella, no solo están los líderes latinos, esto, es un tema mundial.
François Duvalier, presidente de Haití entre 1957 y 1971 combinó política, superstición y miedo. Se rodeó de sacerdotes vudú y se le atribuían rituales para adivinación, clavar alfileres en muñecos. Inspiró su imagen en Barón Samedi, deidad vudú asociada a la muerte y el exceso, reforzando la idea de que su poder no solo se sostenía en las armas.
Fidel Castro, a pesar de promover el ateísmo, fue vinculado a la santería como protección ante los múltiples intentos de asesinato que sufrió. Se decía que contaba con babalaos de confianza e, incluso, introdujo a Hugo Chávez en estas prácticas. Sus supuestas protecciones espirituales, especialmente con Shangó, alimentaron su imagen de líder invencible.
Chávez, presidente de Venezuela entre 1999 y 2013, fue señalado por su cercanía con santeros y babalaos. Hoy, al dictador Maduro se le relaciona con el uso de símbolos como el anillo verde y la cinta roja que usa en sus manos. Fuentes noticiosas europeas, han investigado que el líder chavista, es seguidor del guía espiritual hindú Sai Baba.
Francisco Franco, dictador de España de 1939 a 1975, fue asociado a una misteriosa consejera marroquí llamada Mersida. Los rumores aseguran que participaban en sesiones espiritistas para proteger su poder, combinando tradición mágica marroquí y esoterismo europeo.
Adolf Hitler contó con el astrólogo Erik Hanussen y se inspiró en sociedades secretas como la Thule. Se le atribuía obsesión por reliquias como el Santo Grial o la Lanza de Longinos, enviando expediciones al Tíbet y los Andes en busca de artefactos místicos. Heinrich Himmler moldeó las SS con influencias templarias y rituales, convirtiéndolas en un culto ideológico.
La esposa del dictador Daniel Ortega, a quienes algunos califican directamente como bruja profesional, ha acusado a sacerdotes católicos de “terroristas espirituales”, generando una persecución sin precedentes. Toda esa profusión de anillos, collares y pulseras de lapislázuli, turquesa y otras gemas con que se reviste de pies a cabeza son sus amuletos contra la mala suerte y garantía para alcanzar sus ambiciones.
En Panamá, el caso más documentado hasta la fecha es el del general Noriega, antes de la invasión era un secreto a voces, sin embargo, pasada la tormenta criminal del 20 de diciembre, salió a la luz el hecho de que tenía varias “brujas” expertas en santería y candomblé, una religión brasileña que mezcla el catolicismo con creencias de África occidental similares al vudú.
Los líderes de Norteamérica y europeos no se escapan, se ha especulado que usan adivinadores, lectores de manos, tarot y otros objetos para predecir el futuro.
La lista podría seguir y seguir, sin duda alguna, el sincretismo religioso sigue siendo una de las fuerzas más poderosas en muchas sociedades y grupos políticos y, para aquellos que no pueden justificar su poder, dictadores en la gran mayoría, recurren a la construcción de una narrativa “sagrada” para justificar su liderazgo o decisiones. El sincretismo religioso les permite crear una visión del mundo que presenta al político como una figura “elegida” o “destinada” a cumplir una misión histórica, apelando a la fe como base de su legitimidad.
Es claro que, muchas de estas historias, algunas imposibles de verificar en su totalidad, revelan algo en común: la fascinación de muchos líderes por lo invisible. Desde rituales ancestrales hasta consultas astrológicas, lo esotérico y el sincretismo religioso sigue colándose en los pasillos del poder, recordándonos que la política no siempre se mueve solo por estrategias visibles sino también por fuerzas que, para algunos, no se pueden ver, pero sí sentir.