Defiendete del sol negro

La figura del “Sol Negro” describe cómo un miembro con rasgos psicopáticos puede absorber la vitalidad de su entorno familiar, distorsionar valores y generar dinámicas tóxicas que afectan el desarrollo emocional de todos sus integrantes

¿Sol negro?, ¿A qué le sonó amigo lector? En psicología, cuando se estudia a los psicópatas se habla del “Sol Negro”, la cual es una metáfora que describe la dinámica familiar donde un miembro con rasgos psicopáticos, ejerce un efecto negativo y destructivo sobre los demás es, de hecho, muy similar al concepto del agujero negro que absorbe la luz y toda energía que esté a su alrededor en la astrofísica.

Esta metáfora se popularizó en España por el Dr. Hugo Marietán, cuando una persona con rasgos psicopático dentro de la familia, genera un ambiente opresivo, desvitalizante y que impide el desarrollo saludable de los demás miembros.

¿Qué sistema familiar puede dar pie a un psicópata? No existe un solo modelo que describa con exactitud cómo se hace un psicópata, porque ellos no se hacen, sino que nacen y, aun estando en familias sanas, pueden ejercer sus rasgos letales, claro está que si una familia centra su vida en valores positivos, en la integridad, verdad, justicia, ética y moral, una persona con psicopatía podrá en gran medida controlar sus impulsos destructivos, es aquí, donde otra autoridad en el tema como el Dr. Vicente Garrido utiliza el término “psicópata integrado”.

El “psicópata integrado” es aquél que usa sus rasgos para tomar decisiones y ejercer carreras con menos problemas en comparación a otros, carreras como abogacía, finanzas, medicina, policías, bomberos, paramédicos o cuyo riesgo es alto pero que al final pueden integrarse socialmente.

En cuanto a los “soles negros” son los psicópatas que se han encargado de manipular, permear o dividir a la familia y, esta, crece con conceptos torcidos sobre lealtad, honestidad, solidaridad, equidad, etc. etc. etc.

Ser padre o ser madre va más allá de lo biológico. La parentalidad como función no puede pensarse sin la expresión del afecto, el cuidado y la protección antes mencionados, ya más allá de dar dinero para que la pareja se ocupe del niño, va más allá de la interacción misma con los hijos y, aquí, es donde falla el psicópata.

Partamos de la base de que el psicópata es un ser de poder. Tiene necesidades especiales y una forma atípica de satisfacer dichas necesidades. Para la satisfacción de ellas hace un uso distorsionado de la libertad. A diferencia de todos nosotros para quienes nuestra libertad interior está acotada por nuestros miedos, temores, ansiedad, y dudas, en estos seres, esa libertad interior no tiene barreras y consideran que “todo es posible”.

Decimos que estas necesidades son especiales porque están fuera de lo común, porque no están consensuadas socialmente y, para satisfacerlas, va a hacer uso de un patrón conductual atípico. Va a manipular hasta lograr lo que quiera, va a atacar psicológica, verbal y físicamente, va a devaluar, invadir, acosar, engañar hasta lograr su objetivo.

Recordemos que el psicópata carece del mundo emocional y afectivo con todos sus matices, su mundo emocional es plano... más bien muerto, y están habitados por un hueco emocional, que es diferente al vacío emocional del neurótico.

A todos nos ronda el miedo, la ansiedad, el temor, la duda, entre tantas otras emociones. Nada de esto le pasa a los psicópatas que solo conocen la manipulación, el narcisismo, la ira, y la frustración como armas para ejercer su poder; esta última, es su talón de Aquiles y se activa cuando algo no sale como ellos quieren y es entonces cuando se descompensan y pueden cometer errores, o torpezas que los dejen en evidencia, sin embargo; cuando esto sucede para la familia ya es tarde, ya se transformó en tóxica y su ambiente hace difícil la integración de cada uno de sus miembros en la sociedad o con otras personas para crear nuevos lazos afectivos. Para ello, ya se requiere urgentemente la asistencia de un terapeuta.

Cuando el ambiente gira al rededor del “Sol Negro”, la cosificación es una característica evidente, mecanismo por el cual le quitan al otro la entidad de persona, por consiguiente, el otro, al sentirse “cosa” es moldeable, manipulable, baja su autoestima, se transforma en un ser sumiso y siente que no es útil a menos que sea comandada por otra persona y, cada actividad que haga, lo hará con terror o duda.

Para cosificar a alguien los psicópatas manipulan por medio de la seducción, las mentiras, la actuación, la fascinación y la coerción. Esto hace que, crecer en una cultura psicopática es sinónimo de convivir a diario con tensión, con conflictos permanentemente a raíz de cosas banales, con incertidumbres de no saber con qué se va a salir el “sol negro” al momento siguiente, en fin, con toxicidad.

¿Le pongo un ejemplo? Un psicópata no va a impulsar el estudio de sus hijos por el bienestar de ellos, sino para que en un futuro saque algún beneficio del mismo a costa de lo que sea. El psicópata siempre trabaja para sí mismo. Es ahí donde los antivalores hacen que lo distorsionado sea “normal”, frase muy usada por las generaciones de estos tiempos.

Los hijos de psicópatas son víctimas. Crecer en una cultura psicopática deja heridas en el alma, y a veces, también en el cuerpo, pero una vez cicatrizada la herida la persona se puede reconstruir y vivir una vida plena a pesar de la cicatriz de la herida.

La psicopatía es un hecho social, no se puede tapar con un dedo y, muchos medios creen que, al no hablar de ello, no existe. Agradezco a este medio por permitirme hablar de ello en el espacio “positivo” pues le cuento amigo lector, nos atraviesa a todos directa o indirectamente y es por ello que divulgar, aprender y seguir investigando sobre esta temática es fundamental para poder detectarlos y neutralizarlos, porque sí, se pueden neutralizar... ahí lo positivo.

Preguntémonos ¿por qué tanto antivalor está ganando terreno en el mundo?, preguntémonos también, no qué mundo le dejaremos a nuestros hijos sino, que hijos le dejaremos al mundo porque lo que hagamos en vida, resonará en la eternidad.

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