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- 02/01/2024 10:17
La Reserva Natural Privada San Bartolo, una propiedad de 105 hectáreas ubicada dentro de los bosques de El Chorogo, en la provincia de Chiriquí, es la reserva más reciente adquirida por la Asociación Adopta Bosque Panamá (Adopta).
La iniciativa es impulsada porque se trata de uno de los últimos bosques húmedos de tierras bajas que quedan en el occidente del país. Son pocos los bosques maduros, que tienen especies en peligro de extinción, algunas son endémicas, solamente se encuentran en esta área. Por ello era importante estudiarlo y conservarlo, explicó Guido Berguido, director de Adopta.
Esta reserva está ubicada en un lugar muy importante para la conservación, según Adopta, ya que es parte de: Área Clave de Biodiversidad Punta Burica, Área de Aves Endémicas de la Vertiente del Pacífico Centroamericano Sur, Área Importante de Aves El Chorogo-Palo Blanco. La reserva contiene una variedad de especies restringidas (endémicas) al sureste de Costa Rica, incluidas varias especies en peligro de extinción, como el mono ardilla centroamericano.
La Reserva Natural Privada San Bartolo, junto con la adyacente Reserva Natural Privada El Chorogo —propiedad y bajo administración de Audubon Panamá—, son actualmente las únicas porciones protegidas formalmente de las selvas tropicales de El Chorogo. El resto del bosque es propiedad privada, no tiene protección formal y está en constante peligro de ser talado para la ganadería y otras actividades agrícolas. Esto, a su vez, representa una grave amenaza para los ecosistemas dentro de la reserva de San Bartolo, ya que la tala ilegal y la pérdida del hábitat circundante ejercen una fuerte presión sobre los parches de bosque restantes, detalla el portal digital de la reserva.
“Algunas especies son más difíciles de proteger que otras. Los animales que viajan regularmente son particularmente difíciles [de proteger], ya que requieren muchas áreas diferentes para sobrevivir. Es posible que podamos proteger el hábitat de reproducción de un ave, por ejemplo, pero si pasan el resto del año en un paisaje desprotegido, es posible que no sobrevivan para regresar al área protegida”.
Esto es exactamente lo que ha estado atravesando el pájaro ‘campana de tres barbas’. “Conocidas y nombradas por sus llamadas fuertes y resonantes, estas aves se reproducen en las tierras altas del oeste de Panamá de marzo a junio. Fuera de esta temporada, los pájaros campana migran a las selvas tropicales de tierras bajas más cercanas a la costa. Sin embargo, estos bosques de tierras bajas, especialmente en la costa del Pacífico, están experimentando altas tasas de deforestación. La pérdida de hábitat resultante ha llevado a que esta especie sea declarada vulnerable. Las reservas de tierras bajas, como San Bartolo son vitales para garantizar que esta especie sobreviva en el futuro”, sostiene Adopta.
De acuerdo con Berguido, en el lugar se están preparando las instalaciones mínimas para poder recibir visitantes. La zona es prácticamente inaccesible. “Establecimos un pequeño refugio para que los científicos puedan ir a investigar”.
Para Berguido, si bien es cierto, que en los últimos años, los ciudadanos han tenido un despertar hacia el valor de la naturaleza, queda mucho trabajo para lograr que toda la población sea consciente de que, como dice la consigna: ‘el oro de Panamá es verde’.
No solamente sirve la biodiversidad para convertirse en posibles áreas de cultivo, sino, por todos los servicios ecosistémicos que ofrece; entiéndase oxígeno, captura de carbono, ecoturismo, paisajes naturales, plantas medicinales, el agua, que es tangible, pero no se contabiliza ni se valora lo suficiente. “La naturaleza y los bosques tienen un gran valor incalculable”, destacó Berguido a La Estrella de Panamá.
Para fomentar la protección hacia el medio ambiente se necesita más educación, se han dado algunos pasos para que la gente esté más consciente de la importancia de conservar a la naturaleza. Pero todavía existen personas que piensan que los bosques son un monte que hay que ‘tumbar’. “Casi toda la deforestación que se hace [en Panamá] es ilegal, porque nadie solicita un permiso con las autoridades competentes”
Adopta, lo primero que hace, luego de comprar la tierra e investigar, “se procura que tenga presencia permanente en nuestras reservas naturales. Ahora tenemos una sola persona que es lo que se puede pagar, cuida los senderos para asegurarse de que nadie vaya a cazar y tumbarla. Se trabaja con las autoridades para hacer patrullajes para verificar que el sitio se está conservando”.
Otra iniciativa es La Rama Project, una organización sin fines de lucro centrada en la protección y el desarrollo de ecosistemas biodiversos. Las instalaciones están situadas en un pasto de ganado de 60 acres recientemente deforestado en la punta de Punta Burica, una península en la frontera de Costa Rica y Panamá.
La zona estaba invadida de potreros y altamente perjudicada su biodiversidad. Ante esta situación, luego de viajar constantemente 17 años hacia la zona, fue que se ideó La Rama Project, puntualizó Channing Miller, gestor de la actividad.
Desde 1990, Punta Burica ha perdido alrededor del 90% de su selva original. El 10% restante es el último hábitat salvaje de la región y está en peligro. La ganadería y la agricultura industrial se están apoderando rápidamente de la zona, comentó Miller a este medio.
“Los ecosistemas enteros están en peligro de colapso. Los animales nativos están siendo empujados a áreas cada vez más pequeñas. La deforestación se está cobrando más de 50.000 hectáreas/año de selva tropical (más del 1%/año) (...) Este fenómeno global está causado principalmente por las prácticas de tala y quema a gran escala, la agricultura insostenible, además de la destrucción diaria de los bosques de la comunidad. Con pocas opciones para mantener a sus familias, los miembros de las comunidades rurales se ven a menudo obligados a destruir su entorno local para sobrevivir. Aunque esto resuelve un problema a corto plazo, las consecuencias a largo plazo surgen cuando se talan los bosques y no se restauran”, denuncia el portal digital de La Rama Project.
Actualmente se posee un vivero pionero que es capaz de sembrar 50 mil árboles autóctonos al año, destacó Miller. “Esta instalación servirá de modelo para ser reproducida en otras zonas fuertemente deforestadas del mundo”.
También se plantea desarrollar un plan de rehabilitación de los hábitats dañados en las zonas deforestadas. Y esto que pueda trabajarse en sinergia con las comunidades aledañas.