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- 04/01/2026 00:00
A nivel mundial Japón ostenta la posición número dos, con catorce tipos diferentes en cuanto a cantidad de artes marciales. Algunos años atrás escribimos sobre el Aikido en «Las tardes en el Dojo», hoy lo hacemos sobre Karate, o como bien lo define el título, el Karate-do.
El arte marcial conocido como karate llegó de China al Reino de Ryukyu —ahora prefectura de Okinawa— probablemente a inicios del siglo XIV. Desafortunadamente para el reino, durante el período edo (1600-1868) el Shogunato de Tokugawa inició la Ryukyu Shinko —Invasión de Ryukyu—, convirtiéndolo en un estado vasallo del feudo de Satsuma, y luego en 1879 se anexó también la prefectura de Okinawa.
Durante su vida como vasallos los habitantes tenían prohibido el uso de espadas, así que el estilo de karate —mano china— comenzó a desarrollarse para proteger a la realeza, pero sobre todo como forma de rebelión contra la dominación japonesa. Veinticinco años después, durante la Era Taisho (1912-1926) el karate entró en los colegios de Okinawa. Su migración al resto de Japón llegó de la mano de los maestros Anko Itosu, el «padre del karate moderno» quien instruyó a Gichin Funakoshi —desarrollador del estilo karate-shotokan— y a Motubo Chiko, descendiente de la familia real de Ryukyu.
Durante el imperialismo y militarismo rampantes de la era showa (1926-1989) Funakoshi revaloró el arte marcial incorporando los rangos, colores de cinturones y uniformes del Judo, y en esta misma época se cambiaron los kanji —ideogramas— de forma que el significado de karate cambiase a «mano vacía» lo que se asociaba con el impedimento de usar armas después de la invasión de Ryukyu. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial el Comando Supremo de las Potencias Aliadas —SCAP— emitió una orden al Ministerio de Educación japonés en la que prohibía «el judo, el kendo y otras artes marciales». Por desconocimiento o quizás a propósito, el Ministerio concluyó que el karate no había sido prohibido, por lo que fue de las primeras en reactivarse en el archipiélago. Con la introducción de bases militares en la prefectura, el Karate se popularizó entre los soldados, quienes a su vez iniciaron la fundación de escuelas en el extranjero.
Do —camino, senda, vía— se le anexó a la palabra karate para indicar que dicho arte marcial no enseña solo técnicas de defensa y pelea sino que es un «camino» a la superación moral y espiritual del individuo. El mismo kanji se le aplicó a diversas artes marciales como el aikido, judo o kendo, entre otras. Como escribió Sneha Nagesh en su artículo Las 8 artes marciales más famosas en Japón hoy en día, refiriéndose al karate: «...Utiliza una combinación de golpes, puñetazos y patadas. Además de ser un deporte físico, también tiene profundas raíces filosóficas. Un karateka es evaluado por sus movimientos, la velocidad, el equilibrio y el ritmo de sus movimientos, así como por la claridad técnica con la que se expresa.»
Poco a poco el karate comenzó a ser guiado por maestros quienes impartieron nuevas y diversas técnicas, entre los cuatro ryu —estilo— más populares están el Goju-ryu —estilo suave-duro— que surgió en Okinawa gracias al maestro Chojun Miyagi; el Shito-ryu —combinación del Shuri-te y Naha-te okinawense— fundado por Kenwa Mabuni; el Shotokan-ryu —Salón de las olas de pino— de Gichin Funakoshi y el Wado-ryu —Camino de la armonía— de Hironori Otsuka. Durante el siglo XX el karate pasó a practicarse como Budo —camino de las artes marciales— una filosofía de crecimiento y defensa, o como lo explica la Federación Internacional de Karate Tradicional: «El propósito es desarrollar cuerpo y mente equilibrados mediante el entrenamiento de técnicas de combate. También compartir el objetivo final del Budo, cultivar un carácter humano de alto nivel que evite cualquier ataque violento antes de que se produzca una pelea real».
A Panamá el karate llegó en la década de los sesenta a Colón, vino de la mano de militares norteamericanos acantonados en nuestro territorio y continuó creciendo en seguidores y estilos. No nos aventuramos a mencionar las diferentes escuelas que existen actualmente en el Panamá. Sí puedo decir con propiedad que mi recuerdo de infancia sobre artes marciales, es la Academia de Karate Worrell que se encontraba en vía España. En la pre adolescencia lo practiqué por buen tiempo, por desgracia los estudios pesaban más y al bajar mis notas, pues tomaron la decisión por mí.
Nuestro país cuenta con una gran cantidad de practicantes de artes marciales y por supuesto entre ellos, los karatekas en diversas denominaciones. Hemos amasado una ingente cantidad de medallas en diferentes eventos en el extranjero y competencias internacionales en nuestro país. Ahora que mis hijas practican un arte marcial no competitivo, he reavivado los recuerdos de mis días de karateka, tal vez por eso me alegró tanto saber saber que en febrero tendremos la visita de Sandra Sánchez, la Campeona Olímpica de Karate en la Olimpíadas de Verano 2020, quien además cuenta con medallas en muchas otras competencias.
Este 2026 inicia con buen pie, ya que la Okinawa Goju Ryu Karatedo Kyokai de Panamá, contará no solo con la presencia de Sandra, sino también del entrenador internacional Jesús del Moral, experto y especialista en preparación de Kata deportivo, quienes impartirán un seminario técnico de Kata. Informo a los interesados que en la página ogkkpa.com o escribiendo al correo info@ogkkpa.com, se enterarán de todo. El mismo se llevará a cabo los días 4 y 5 de febrero y los cupos son limitados.
Rolando José Rodríguez De León es Doctor en Comunicación Audiovisual y Vicedecano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Panamá.