Una visita a la Casa Blanca

  • 07/03/2015 01:00
Ya estrenó la tercera temporada de ‘House of cards’

Si la primera temporada nos mostró un mundo de mentiras e intereses manipulados desde el Congreso estadounidense y la segunda nos hizo parte de las amenazas y extorsiones de un inescrupuloso político en busca del cargo más importante del país, esta tercera temporada de ‘House of Cards’ nos presentará el mundo político desde el sillón más importante de la Casa Blanca.

La nueva temporada de la serie que se dedicó a mostrar como ninguna las cloacas de la política y que está disponible en forma completa a través de Netflix desde la semana pasada, es, por decirlo de alguna manera, mucho más ‘política’ que las anteriores. Esto le quita, sin duda, cierto glamour, ya que no habrá más negociados ni amenazas o muertes, pero nos coloca también en lugar más terrenal e igual de interesante.

Ahora Frank Underwood (Kevin Spacey), ese político seco y despiadado que conocimos como congresista, está literalmente atrapado en la situación de incertidumbre que él mismo creó y manipuló para convertirse en presidente de los Estados Unidos sin pasar por la instancia electoral.

Por eso, en uno de esos diálogos shakespereanos a los que nos acostumbró, en uno de esos en los que solía mirar a la cámara y hablarnos como si fuéramos sus únicos confidentes, Frank revela: ‘A veces creo que la presidencia es la ilusión del poder de elección’.

Es, sin embargo, la única vez en la que le habla al público sin mirar directo a cámara. Y eso es porque su situación es muy distinta a la que él esperaba y a la que nos había prometido como espectadores.

Frank ya no cuenta casi con capacidad de negociar ni tampoco de enmendar errores. La rosca del Congreso fue reemplazada por políticas concretas y decisiones de las que no puede volver atrás ni anticipar los resultados. Y por si eso no fuera suficiente, además el Congreso le hace la vida imposible para aprobar nuevas leyes.

El hombre más poderoso del mundo, como les gusta llamar a los estadounidenses a su presidente, no tiene en esta serie la libertad ni el poder que parecería tener. Por el contrario, quizás sea la persona con menos capacidad de elección sobre su vida y sus acciones. Frank esta vez deberá –como se dice popularmente- beber de su propia medicina.

LA AMBICIÓN DE LOS UNDERWOOD

Frank Underwood es ahora presidente de la gran potencia mundial, pero no haber sido elegido por el voto popular y haber llegado con un juego de estrategias políticas más complicado de lo que uno podría imaginar tiene su precio. Si no es fácil llegar, todavía más difícil es mantenerse en el puesto.

Ganarse el apoyo de la gente y demostrar que su gobierno es eficaz no es nada fácil. Y mucho menos si además debe lidiar con sus propias ambiciones y con las de su mujer, socia y confidente de la vida y del juego político, Claire Underwood (Robin Wright). Claire, como se probablemente se imaginen, no se conformará sólo con su papel de Primera Dama: ahora también pretenderá convertirse en la embajadora ante la ONU, y eso le traerá a Frank más de un problema.

Si su próximo objetivo, reconocido o no, es conseguir apoyo y ganar las elecciones de 2016 como candidato del Partido Demócrata, deberá ponerse en acción y volver a lo suyo para revertir su bajísima imagen positiva entre la gente, para hacer que las cámaras legislativas vuelvan a apoyarlo y para estabilizar la política exterior de su país.

Como Frank mismo aseguró mirando a cámara en el primer capítulo de la serie, mientras observaba la asunción de un presidente que no era él: ‘Cualquier político que logra una cierta cantidad de votos está necesariamente metido en algo más grande que él mismo’. Y eso es a lo que ahora deberá enfrentarse, aún sin haber tenido esos votos: a algo mucho grande y complicado de lo que pensaba.

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