La jefa de gabinete del MEF defiende la urgencia del proyecto de ley de sustancia económica. Explica cómo esta normativa busca modernizar el sistema fiscal...
- 16/05/2026 00:00
Desde esta época hasta el golpe de Estado de Acción Comunal, en 1931, transcurrirían 20 años de gobierno liberal que someterían a prueba la vigencia de los compromisos axiológicos que formuló en el discurso de homenaje a don Pablo Arosemena, Eusebio A. Morales, el intelectual liberal más destacado de su época, patricio liberal ampliamente reconocido en el país, quien en 1916 presidió el directorio de ese su partido.
Y aunque no podemos poner en duda la buena fe de ambos, no se puede descartar la idea de que la presidencia de De Obaldía Gallegos, cuyo primer designado fue don José Agustín Arango, conservador reconocido como él, tenía el apoyo del alto mando liberal, entre los que se contaban Morales y Mendoza.
Este soporte político sería parte de una estrategia para llegar a la presidencia por vía de la división de los conservadores y de una transacción con algunos de ellos, después de haber fallado el intento que hizo el general Esteban Huertas –aupado por los liberales– para forzarle la mano a Manuel Amador Guerrero con respecto a sus dos ministros conservadores de fondo: Tomás Arias Ávila y Nicolás Victoria Jaén.
Los liberales estarían ahora buscando el poder por métodos políticos, legales y civilizados y no por golpes de Estado encubiertos. Esta vez, conscientes de ser mayoría, se condujeron con más astucia política al llegar a un entendimiento con De Obaldía.
Por su parte, en su discurso inaugural, Arosemena se declaró “escudo de los derechos individuales de los habitantes en el Istmo” y anunció: “La honradez es la mejor política y a ella ajustaré mi proceder con religioso celo”.
Destacó la necesidad de obras, especialmente la construcción de vías de comunicación, pero advirtió que “esas obras se ejecuten juiciosamente, de modo económico, después de cuidadosos estudios y para satisfacer las necesidades reales y manifiestas”.
Reconoció que: “No sentía entusiasmo por la construcción del ferrocarril central, camino costoso que será sometido a la concurrencia de la ruta marítima, que no hallará en nuestra agricultura incipiente el necesario aliento... Pero la nación quiere que se haga y se hará”.
Anunció que las relaciones con Estados Unidos se mantendrían con “firme probidad”.
En cuanto a la situación económica afirmó que era el resultado de “causas accidentales” pues las importaciones excedían a las exportaciones y que deseaba que al término de la construcción del Canal, el país se halle con “vida propia, labor a la cual hemos de contribuir todos, con especial atención a la agricultura, de manera que podamos conservar los bienes de la independencia en la paz, en la ley y en la honra”.
Integró su gabinete con las siguientes personas: Ramón Felipe Acevedo, secretario de Gobierno y Justicia; Federico Boyd, secretario de Relaciones Exteriores; Aurelio Guardia, secretario de Hacienda y Tesoro; Heliodoro Patiño, secretario de Instrucción Pública y Luis E. Alfaro, secretario de Obras Públicas.
Este gabinete prontamente fue variado y al Gobierno ingresaron otras personalidades: Carlos L. López, Salvador Jurado, Arístides Arjona, Eduardo Chiari, Alfonso Preciado y Carlos Arosemena.
Si tabulamos la presidencia de Pablo Arosemena en 11 meses, sin contar el mes en que de ella se ocupó Chiari, podemos decir que un cambio de secretarios en tan poco tiempo demuestra una incertidumbre respecto a los objetivos que el Gobierno quiere lograr para el país y la inseguridad con respecto al propio liderazgo político en el momento.
Esta incertidumbre y la preferencia de las masas por Porras fue lo que le llevó a lanzar la candidatura de Pedro Díaz De Obaldía, hermano del general Domingo Díaz De Obaldía, en una actitud casi desesperada, referente a lo que veía venir de negativo para él y los suyos si Porras accedía a la presidencia.
Sin ser tan dramático, entre el clásico Pablo Arosemena y el caudillesco Belisario Porras, no podía hacerse fácil el entendimiento, pero eso era debido a, como lo hemos dicho antes, un choque de personalidades y como un factor secundario, un choque ideológico. Al llegar de Chile para asumir la presidencia, a título de recién electo como primer designado del segundo bienio del periodo del presidente José Domingo De Obaldía, en sus primeras palabras Arosemena se comprometió a no aspirar al segundo término y a no tener un candidato oficial.
No cumplió este compromiso porque la realidad de la política concreta panameña lo fue absorbiendo paulatinamente. De hecho, trató de sucederse a sí mismo y sí tuvo un candidato oficialista.
Durante su administración se realizó el primero Censo de Población de la República, que arrojó la cifra de 386,742 habitantes. Cumpliendo con la promesa hecha en el primer discurso como presidente, realizado en el Teatro Nacional, el 5 de octubre de 1910, puso especial atención en asuntos educativos y culturales, así como a la organización de la Escuela Industrial Nacional, los reglamentos del Conservatorio Nacional de Música y Declamación del Teatro Nacional, la separación de la Sección Normal de los estudios secundarios en el Instituto Nacional, que en su nueva grandiosa sede sirvió tanto mejor de base para los ensayos de educación post secundaria.
Corresponde a su administración el restablecimiento del Museo Nacional y el aumento de por lo menos 70 escuelas, para responder al crecimiento de la población escolar.
No era partidario de construir el ferrocarril de Chiriquí a Panamá, por considerar que la vía marítima ofrecía mejores ventajas y más bajo costo, pero aceptaba la voluntad nacional de construirlo, siempre y cuando, se hiciera dentro de los cánones de la más estricta honradez y eficiencia.
Desconfiaba de los estadounidenses y su doctrina Monroe, por cuanto veía el peligro que ello representaba para Panamá y a la luz de los hechos históricos, que confirmaban su intención de expandirse por América Latina; recordemos la anexión de Texas a costa de México, los grandes intereses económicos que tenían en Nicaragua, por donde pretendieron construir el Canal; en Costa Rica, en donde sus plantaciones bananeras ya tenían extensiones considerables; y en República Dominicana y Cuba, en donde sus intereses económicos dictaban el rumbo político de esos países.
Inconvenientes
Cuando el 1 de febrero de 1912, apenas cuatro meses después de haber asumido la presidencia, pidió licencia con el propósito de poder correr como candidato por el periodo constitucional siguiente de cuatro años, Federico Boyd declinó asumir nuevamente la presidencia por los seis meses que duraría la licencia de Arosemena y debió encargarse al tercer designado, don Rodolfo Chiari Remón (1870-1937).
Las razones explícitas de Boyd para negarse fueron el alto grado de violencia política existente por cuenta del fraude electoral que se preveía, el evidente fraccionamiento que se presagiaba en el Partido Liberal por la actitud del presidente Arosemena y, probablemente, su deseo de no romper sus vínculos con el doctor Porras, quien él intuía, como muchas otras personas, sería el siguiente presidente.
Por eso no le convenía tomar los seis meses durante los cuales poco podría hacer, ya que el Gobierno estaba sobre todo en manos de liberales pro Arosemena; además, de que ello empañaría sus buenas relaciones con el probable futuro presidente.
Es interesante considerar si Boyd habría, desde ese entonces, tenido expectativa en cuanto a jugar un papel importante en el equipo del líder tableño. De lo que si podemos estar seguros es que su cauto proceder y agudeza política rindieron frutos, pues en el primer gobierno porrista fue nombrado secretario de Relaciones Exteriores.
Mientras tanto, al presidente William H. Taft le visitaron varias misiones de panameños de distintas corrientes liberales y hasta conservadores, para solicitarle que interviniera, tanto en las finanzas del gobierno (solicitud de Ricardo Arias Feraud) como en las próximas elecciones. Finalmente, la solicitud fue hecha formalmente por el Ejecutivo y las elecciones fueron supervisadas por observadores estadounidenses.
Hagamos memoria y recordemos que ya en 1906 los liberales, invocando el artículo 136 de la Constitución, habían acudido a los Departamentos de Defensa y de Estado de Estados Unidos para solicitar la intervención en las elecciones para presidente y las de diputados, las que estaban próximas a celebrarse.
Sorprende, del presidente Arosemena, que a pesar de su destacada trayectoria pública previa, su actuación en relación con las finanzas del Estado haya sido tan desordenada, tanto que: “la oposición acusó al Gobierno de nepotismo, de emitir notas bancarias, de aumentar los impuestos y de adquirir préstamos por medio millón de balboas a intereses exorbitantes”. Incluso el 18 de mayo de 1911, Posignon escribió: “... el empuje considerable dado al país por las administraciones de De Obaldía y Mendoza, parece paralizado por la actual gestión de gobierno’. La situación se hizo tan crítica que, en septiembre, los diputados votaron una ley que prohibía al Ejecutivo contratar cualquier préstamo, así como hacer uso de los 6 millones depositados en Nueva York para construir el ferrocarril”.
Pablo Arosemena, el hombre probo, honesto, el jurista padre de la Constitución de 1904, liberal clásico y hombre honesto hasta su encumbramiento al más alto cargo ciudadano, a quien, sin quitarle los méritos que tuvo su presidencia, realizó una gestión de gobierno censurable, principalmente en los ámbitos hacendario y financiero, ya que aumentó considerablemente los impuestos y realizó empréstitos con tasas de intereses muy onerosos para la nación.
En consecuencia de estos y otros abusos, la Asamblea promulgó una ley que le prohibía al Ejecutivo hacer uso de los seis millones de dólares depositados en Nueva York (los millones de la posteridad) para construir el ferrocarril de Chiriquí y, además, solicitar préstamos a nombre del Estado.
Esta actitud solo se entiende si la enfocamos a su deseo de cumplir el objetivo que se había propuesto, el cual era el ejercicio del poder en el siguiente periodo constitucional, por ello, deja hacer a quienes están a su derredor y él hace por su parte, todo lo posible para que su sueño sea una realidad.
“El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, decía Lord Acton, en este caso su ansia de ocupar el solio presidencial más allá de un simple periodo como designado, fue lo que desarticuló la proba moral de nuestro personaje, de quien estamos seguros tenía toda la capacidad para pasar por encima de las nimiedades políticas del momento, elevarse sobre la mediocridad imperante y hacer una presidencia que se destacara por sus logros y rectitud. No en vano decía Eusebio A. Morales de él que era “el único representante que podemos llamar nuestro de aquella pléyade gobernantes, estadistas y sabios liberales que honró a Colombia durante más de medio siglo”.
Datos del autor
Algunas de las obras escritas por Ricardo Arias Calderón son: Sobre la continuación de las bases norteamericanas en Panamá: 15 artículos de actualidad, 1995-1996 (1996); Con libertad: reflexiones de actualidad, 1996-1997 (1998); No a la reelección presidencial inmediata (1998), destacan entre sus obras publicadas.
Nombre completo: Ricardo Arias Calderón
Nacimiento: 4 de mayo de 1933, Ciudad de Panamá
Fallecimiento: 13 de febrero de 2017, Ciudad de Panamá
Ocupación: Profesor universitario, filósofo y político panameño
Resumen de su carrera: Es considerado uno de los principales ideólogos y pensadores de la política de Panamá de los últimos 30 años. Este fue un proyecto de “La Estrella de Panamá” publicado en diciembre de 2011. Con el título “Letras de la patria”, cada uno de los ensayos, de corte filosófico, histórico y político, fue escrito por Ricardo Arias Calderón, y en las dos primeras entregas explica motivos y consecuencias de acontecimientos y personajes nacionales en los primeros 100 años de vida republicana. “La política refleja la realidad propia de la sociedad”.