Pensando en mayo los abriles colombianos

  • 19/05/2026 00:00
El escritor Jorge Iván Mora analiza cómo el mes de abril concentra algunos de los episodios más simbólicos y violentos de la historia de Colombia, vinculando hechos como el Bogotazo, el surgimiento del M-19 y las protestas de 2021 con el actual clima político y electoral del país. Además, sostiene que el respaldo popular al progresismo y a Iván Cepeda está estrechamente ligado al protagonismo de las víctimas del conflicto armado y a las demandas de memoria, inclusión y justicia social

El mes de abril es la época central de la primavera en Estados Unidos y Europa, y el humor de la gente cambia, porque la naturaleza es asociada al aumento de la vida, el color y el buen tiempo.

En Colombia, los abriles no han sido tan pródigos, pero sí cargados de simbolismos profundos y grandes expresiones emocionales.

La desmesura, que distingue a los colombianos en todas las esferas de la vida, esa manera de ser, esa singularidad, según algunos sociólogos, a veces parece preferir la vía de los contrasentidos, incluido el desprecio por la vida y la consagración de las violencias.

Los abriles colombianos están sembrados de hitos transformadores de la estructura social del país y de diversos festejos culturales, que se repiten con mayores ímpetus año tras año.

A la luz de hechos puntuales, por los días de abril reciente pasado aparecieron documentales dedicados a celebrar los 52 de años del Movimiento M-19, desde donde intentan desenterrar sus historias, hacer precisiones y mea culpas, y expresar conclusiones acerca de este movimiento guerrillero que surgió de la rebelión y que con el tiempo se transformó en una fuerza poderosa que contribuyó con gran éxito a la formulación de la nueva constitución colombiana promulgada en julio de 1991. Por su vocación de paz y de cambio dentro del cauce democrático, ese movimiento, junto a varios sectores de izquierda, eligió mediante el voto popular limpio, en el 2022, a Gustavo Petro Urrego, como presidente de los colombianos.

También, son sucesos inolvidables: el 9 de abril de 1948, conocido como el Bogotazo, cuando es asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Es la inauguración de La Violencia, una guerra civil entre liberales y conservadores. El colofón de esta barbarie fueron 300.000 muertos mal contados. Otro hecho: el 19 de abril de 1970, se celebraron las elecciones presidenciales entre el general Gustavo Rojas Pinilla, que representaba la Alianza Nacional Popular, ANAPO, y el conservador Misael Pastrana Borrero. Las acusaciones de fraude y la indignación de los sectores populares con una inmensa simpatía y presencia en la Anapo, desembocaron, pocos años después, en abril de 1973, en la conformación de lo que se llamó el Movimiento 19 de abril, M-19.

Cada 9 de abril, hoy, en Colombia, se celebra como el Día de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado.

Abril también es el mes de “Gabo”. El 17 de abril de 2014 falleció en Ciudad de México el Premio Nobel colombiano. Su muerte se convirtió en un evento de luto nacional que cada año genera muchos homenajes, y lecturas de su obra y reflexiones sobre el Realismo Mágico como espejo de la realidad colombiana y latinoamericana.

La Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), generalmente inaugurada en la segunda quincena de abril, la FILBO, es el evento cultural más importante del país y uno de los más destacados de Latinoamérica. Por otra parte, hacia finales de abril, la ciudad de Valledupar se convierte en el epicentro cultural del país con la celebración del festival Vallenato, cuya realización es fundamental para la preservación de la música vallenata, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

En otro extremo, el 28 de abril de 2021 comenzó el paro civil más largo de la historia republicana en Colombia. El resultado: entre ese 28 de abril y el 31 de julio se registraron 63 muertes, 79 lesiones oculares, que en realidad es un eufemismo: fueron 79 jóvenes a los que les sacaron los ojos con perdigones. Hubo 60 hechos de violencia sexual, 16 de ellos atribuibles a la fuerza pública, 300 desparecidos, de los cuales se ubicaron luego a la mayoría, y 1.248 capturados.

Y un 26 de abril de 1990, fue asesinado el dirigente de la Alianza Alternativa – M-19, y candidato presidencial, Carlos Pizarro León Gómez, apenas despegó el vuelo del aeropuerto El Dorado de Bogotá en el que viajaba a cumplir compromisos electorales. Se convirtió en un símbolo de lucha por la paz de Colombia.

Más cerca, el 21 de abril de este 2026, se produjo una fuerte polémica en Medellín, debido a la cancelación ordenada por el alcalde Federico Gutiérrez de la presentación del libro “El M-19, de la guerra a la política”, escrito por el investigador Jaime Rafael Nieto López, evento programado en la Biblioteca Pública Piloto (BPP) de Medellín, un espacio de la administración municipal. Pocos minutos antes del inicio, el alcalde Gutiérrez anunció la suspensión, argumentando que este hecho constituía una apología al terrorismo” y defendió la medida recordando el “holocausto del Palacio de Justicia” y asegurando que en Medellín no se daría espacio para la “propaganda de grupos armados”. Sectores de la academia, el autor, y la editorial criticaron la decisión, denunciando censura y un ataque a la libertad de pensamiento. Incluso, la Biblioteca Nacional de Colombia y la Red Nacional de Bibliotecas Públicas rechazaron el intento de cancelar el evento.

A pesar de la orden de la Alcaldía, el lanzamiento se realizó con la presencia de decenas de personas en el hall de la biblioteca. El autor calificó la acción como un intento de limitar la memoria histórica y el incidente reflejó la tensión existente entre la narrativa válida de la historia del M-19 y la postura de la administración local de Medellín sobre el conflicto armado y las víctimas.

Hace poco, aquí en Panamá, ocurrió algo curioso. Una distribuidora de libros, inadmitió una obra de carácter académico e histórico sobre la presencia política de la Anapo y el M-19 en el pensamiento del presidente Petro, otro valioso ejercicio de memoria histórica. Pudo ser un acto de ignorancia suprema o de miedo al presidente Donald Trump. O ambos. No importa. Es solo un hecho curioso.

En el mes de mayo se esfuman las primaveras. Aparecen las lluvias. Y habrá elecciones presidenciales en Colombia. El ambiente está al rojo vivo La disputa es feroz y peligrosa, y la barbarie hace presencia. Alguien me hizo entender que los actos de violencia últimos en Colombia no son amenazas, son hechos fácticos, de verdad. Quieren boicotear las elecciones.

Aparte, creo que la oposición no ha logrado entender por qué hay fervor en las calles por el candidato Cepeda: fue lanzado y apoyado desde un principio por organizaciones de víctimas del conflicto armado colombiano, amén de que el propio senador Cepeda, es una víctima también. Y por si poco, su candidata a la vicepresidencia, la líder social indígena, Aida Quilcué, representa al movimiento indígena colombiano, víctima directa de todas las violencias. Ella también lo es en carne propia. No es el único factor, pero es muy significativo.

Como los colombianos tienden a vivir en los extremos, combinando una gran alegría y creatividad con pasiones intensas, lo que puede explicar el fervor por Cepeda Castro, no son posverdades: En Colombia a fecha de abril de 2026, el conflicto armado y la violencia han dejado más de 10 millones de víctimas registradas en el Registro Único de Víctimas (RUV). Esta cifra oficial, gestionada por la Unidad para las Víctimas, representa a casi el 20% de la población del país y abarca eventos ocurridos históricamente con un incremento continuo. Tanto el gobierno Petro como su movimiento, el Pacto Histórico, y obviamente, Iván Cepeda, son defensores a ultranza de las víctimas, son incluyentes; luchan por la diversidad étnica y cultural y miran a los territorios. Pienso que sus mensajes y decisiones tienen alma popular.

Por tanto, en armonía con los contrasentidos, de forma romántica, ingenua, hiperbólica y metafórica, creo que las víctimas ahora quieren gobernar de manera contundente. Rechazan los discursos violentos y las alegorías patrioteras para promover la muerte.

No votarán solo las víctimas enmarcadas en estos sectores sociales. Hay artistas, escritores, trabajadoras sexuales, comunidades gais, sindicatos y obreros, campesinos, y una obra social del presente gobierno que empieza a afectar positivamente la vida de los colombianos, lo cual, por otra parte, dejó sin discurso a la derecha. Y al centro, que ya no existe. Se lo devoraron de parte y parte.

Así, pues, para el fin de este mes de mayo, en Colombia, no se anuncian flores. Viene una fuerte lluvia de votos en las elecciones. Votos de carne y hueso, que ojalá se contabilicen sin vientos de guerra.

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